Vive para disfrutar. No para posturear

Con la llega de los influencer y más concretamente con los youtubers apareció un nuevo debate ético: se puede publicar cualquier cosa o… ¿deberían haber líneas rojas? Esta cuestión se planteó cuando algunos empezaron a ser padres y mostrar el día a día de sus hijos menores. Y viendo el uso que algunos usuarios hacen por ejemplo en sus perfiles personales de Facebook, la incertidumbre creció aún más.

En ese entonces me manifesté e incluso realizando esa reflexión vi mis puntos incorrectos. Así que quise ponerles solución. No tengo hijos y sí he cuidado siempre de no incluir en mi actividad en la red a amigos o familiares que no me hayan dado permiso. Incluso no soy de pregonar cuando realizo actividades privadas.

Pero sí que fallaba con mis aves. Las expuse de una manera que me ponía a la misma altura de esos padres que muestran cada dos minutos una foto o vídeo de sus hijos. Me di cuenta cuando realicé ese escrito y es por eso que hice un cambio radical a mi actividad. Y por eso con la nueva oleada de canales de YouTube que exponen a menores para fines económicos, ya puedo manifestarme abiertamente sin contradicciones.

Cansar a tu círculo

El primer factor negativo es que ser un influencer de los que no deja el móvil en ningún momento hace que quemes a tu círculo cercano. Incluso aunque sean también del gremio, es algo que nadie aguanta. Porque todos necesitamos descansar y disfrutar de la vida. No estar pensando en todo momento que estás en un reality.

Es por eso que no me extraña que los youtubers pioneros muchos han terminado peleados. O que no quieran ver al más activo porque saben que se presentará con la cámara y va a estar agobiando. También no me extraña que esos perfiles sentimentalmente hayan tenido problemas. Me pongo en la piel de la pareja en un día malo tener que aguantar al compañero con la camarita detrás… y ozú.

Creo que olvidamos que los que hemos permitido tener una presencia pública hemos sido nosotros. Pero no nuestro círculo. Así que es importante hablar, delimitar y consensuar. En mi caso por ejemplo grabo en momentos que estoy sola porque no tengo que cortar la actividad del resto de habitantes de mi hogar. Y en los eventos si voy acompañada grabo poco. Pidiendo puntualmente alguna foto o fragmento de vídeo si me apetece salir. Aunque suelo intentar ser yo la cámara y plasmar lo que veo más que posturear. Porque creo que es lo que de verdad os interesa a los que me seguís. Que para verme pues tenéis mis fotos de perfil de las redes sociales.

Vivir la vida

Es lo que más me preocupa: estamos tan obsesionados en conseguir fotos para subirlas a las redes sociales, que nos olvidamos de disfrutar. Porque aunque me digáis que ese vídeo o foto os permite recuperar el momento, no es verdad. Mientras estáis pendiente del dispositivo de grabar, perdéis muchísimos detalles. Lo veo mucho en los conciertos que por grabar no ves la animación del momento, el gesto de alguno de los músicos, que en el cielo pasa una nube curiosa…

Recuerdo que en un concierto que fui con amigas tomé conciencia. Todas con el teléfono y les comentaba detalles que había visto y me miraban raro porque por retransmitirlo en Instagram, se les había pasado desapercibido. Me niego a que me ocurra. De ahí que suelo hacer una o dos fotos para el recurso de recordar o compartirlo posteriormente si me apetece. Pero no voy a ser una esclava de difundir en el mismo minuto que suceden las cosas. Estoy en la actividad porque quiero disfrutar de la experiencia, no dar envidia.

Exponer al que no entiende

Como veis mi visión es general del problema. Pero me centraré en la cuestión de menores o incluso animales: no son consciente del riesgo de exposición. Primero que si queremos cierta escena, el repetir la secuencia puede provocar un estrés difícil de gestionar. No entendemos que es un capricho exclusivamente nuestro, que ellos no nos han pedido que les grabemos. Luego aparecerán comportamientos no queridos y serán ellos los malos. Cuando realmente somos nosotros los más despreciables por haberlos sometido y creado esas emociones.

Mientras que si hablamos de más mayores que sí empiezan a mostrar interés y poder manifestar el ser grabados, entramos en el terreno delicado de la exposición mediática en la red. Van a ser carne de cañón de haters, acosadores o perfiles más oscuros. Y es algo que nuestros jóvenes no están preparados para gestionar. Si los adultos nos duele y rompe, no podemos pedir a nuestros pequeños que no sientan lo mismo.

También algo que a nosotros nos hace gracia, puede ser vergonzoso cuando madure y le toque estar en la red. Ser el niño del meme o vídeo viral tampoco tiene que ser plato de buen gusto. Y es algo que ellos nuevamente no han pedido y que los responsables de velar su integridad, no deberíamos de haber contribuido a generar esa frustración.

Compartir: sí. No exponer

¿Estoy diciendo que nunca deberíamos de compartir nuestra vivencias en redes sociales / blogs / YouTube / podcast? Para nada. Pero sí pido cabeza y sentido común.

Podemos compartir todos los momentos que vivimos. Pero eso se puede hacer con una simple foto. No tienes que hacer un álbum infinito o retransmitir todo el evento. Incluso puedes ser sutil enseñando algún elemento: si es una boda los anillos, si es el nacimiento de un hijo una manita, pie, la cuna… y pueden ser días después de la celebración. No mientras está sucediendo.

Soy consciente que invito a publicar materiales que por no ser morbosos, tienen menos audiencia. Pero si queremos cambiar, proteger y que nuevamente las redes sean para disfrutar: tenemos que empezar dando ejemplo. Y dejar de consumir esos perfiles y apoyar los que hacen un uso responsable. Porque si algo no tiene éxito, se verán obligados a tener que cambiar si quieren mantenerse.

Además ten claro que… la vida son momentos. Y que si te pierdes uno, un vídeo no te lo va a poder sustituir. Lo bonito es experimentarlo al 100% en directo.

Creando marca y fidelizando a la audiencia. Mi experiencia

Esta semana me apetece tratar la cuestión de si realizar regalos a nivel de marca o proyectos es viable o por contra, es una mala praxis que al final solo nos traerá problemas. Es algo que como influencer lo tengo muy presente, pues sin lugar a dudas la filosofía de sorteos está muy arraigada en mi sector. Así que ahí viene mi humilde opinión.

Descuentos vs Regalo promocional

Como en todo en esta vida: dependerá de nuestro caso y objetivos que nos implementemos. Por ejemplo si somos una tienda o vendemos un producto concreto, puede ser que las estadísticas nos digan que realizar sorteos no sea positivo. Ya que solo atraemos a usuarios amantes de la palabra gratis y luego no consumen. No siendo por tanto una buena inversión a largo plazo.

Es por eso que en la gran mayoría de e-commerce huyen de estas iniciativas y lo que ofrecen son descuentos. Porque es la herramienta perfecta para atraer una venta y que al final esa persona se convierta en comprador habitual. En el papel se ve muy bonito, pero como en todo es una táctica que se debe estudiar bien. Y que a día de hoy con el abuso y engaño realizado por algunos, muchos usuarios ven con recelo.

Pero además de este hecho tenemos otro que es el que nos importa en esta ocasión: al comprador le cuesta confiar en un nuevo negocio. Con lo que aunque se ofrezca una fantástica oferta, puede frenarse ante el miedo a lo desconocido. Y es en este supuesto cuando una iniciativa de regalo promocional nos puede ir muy bien.

Una tarjeta de visita

Primero de todo estamos mostrando unos valores que el consumidor valorará muy positivamente. Porque dejaremos atrás la imagen de muchas tiendas donde solo quieren facturar y vender. Mostraremos que nos importan y que al igual que ellos nos dan su confianza, nosotros los valoramos con estos gestos. Haciendo por ejemplo que en el perfil que he mencionado de e-commerce si ofrecen regalos promocionales entre sus clientes, fidelices aún más a esos usuarios.

Y en el caso de usuarios que aún no han utilizado nuestros servicios: permite que nos conozcan y adquieran confianza. A todos nos gusta sentirnos queridos y nos agradan los detalles. Luego además este gesto sirve para que puedan conocer tiempos, servicios logísticos para que terminen de perder el miedo y demostrar que somos personas responsables.

Es algo que en mi libro de Universo Agapornis pude comprobar de primera mano. Esas personas que participan o ganaban algunos de los productos que utilizaba como promoción, quedaban muy contentas. Hace ya años de estos actos y aún mantengo a todos esos usuarios, a pesar del cambio de perfil que he tenido. Y además han sido de los mejores embajadores que he tenido para crecer y que se refleje en las ventas del libro.

Conexión de la marca

Pero no solo es una herramienta de cara a ventas, visibilidad o crecimiento social en redes como usan los influencer. Si incluimos el factor de personalización podemos hacer que el proyecto adquiera compromiso e implicación de todas las personas que participan en ellos.

Por ejemplo bolis personalizados, carpetas o camisetas pueden ser un reclamo para ampliar la simpatía de trabajadores. En mi último trabajo realizaron unas carpetas muy monas para llevar folios. Sirven para clasificar divinamente y el tamaño y forma hacen que sean perfectas para participar en reuniones. Nos las ofrecieron con una formación y aunque ya no estoy en ella, me sigue gustando utilizar la mía cuando voy a entrevistas de trabajo o alguna formación.

Y por este hecho también aparece una nueva faceta que ayuda: estos empleados se convierten en publicistas de la marca. En este caso cada vez que hago alguna actividad de las mencionadas, a los compañeros o quién coincida conmigo en el transporte público, puede ver el nombre de esa empresa. O si tuviera más al ser tan útiles y llamativas, podría darlas como regalo a amistades. Ampliando más el círculo. También con mi libro lo he vivido ya que tengo puntos de libros que en firmas lo he ofrecido a asistentes. Y es algo que siempre es agradable y que la gente no puede decir que no a llevárselo.

Así que escogiendo bien el supuesto y aplicándolo correctamente, los regalos promocionales pueden ser una herramienta muy útil que nos permita crecer y llegar a las metas establecidas. Y no solo es mi sensación. Empresas dedicadas al marketing como es IPMARK han realizado estudios que reafirman lo que la experiencia me ha demostrado en estos años.

Dar ejemplo

Y como si se cree algo hay que dar ejemplo, finalizo este artículo anunciando que voy a realizar un sorteo. El motivo es que este seis de marzo he llegado a la bonita cifra de 2.600 seguidores en Twitter, así que es el momento perfecto para celebrarlo y que 2.019 siga siendo tan increíble.

El premio será un reloj inteligente Daril de Tu regalo de empresa (www.turegalodeempresa.es). Unos compañeros que he conocido en esa magnífica red y que son unos expertos en el tema de regalos promocionales personalizados como podréis observar en su web. Si os ha gustado la idea, os invito a leer las bases del sorteo.

Celebrando los 2.600 Twitteros #SorteoHedFans

En el mundo de la cultura, no todo vale

Los ordenadores e internet nos han dado muchos avances y una evolución a nuestras vidas que no se puede negar. Ha servido para facilitar la edición de libros, audios e incluso programas audiovisuales de entretenimiento. Lo que antes costaba muchos medios y dinero, ahora se puede realizar con tiempo y ganas de compartir grandes momentos.

También nos ha hecho cambiar la forma de comprar al empezar a valorar el formato no físico. A la sociedad de habla hispana le cuesta y es recelosa, pero los números no engañan que se va consiguiendo cambiar la tendencia y que vamos a los números de los usuarios anglosajones.

Y el tercer cambio viene que con los influencers, los diferentes gremios de la cultura están evolucionando teniendo como salvadores este perfil de usuario. Pero… ¿es correcto?

La salvación de la industria musical

Si analizamos y evaluamos en función de la música: sí. Desde que empezaron a poderse comprar canciones sueltas y con un precio mucho menor que el formato físico, un sector que estaba herido de muerte pudo sanar y reflotar. Y en el audiovisual está ocurriendo lo mismo con la aparición de Netflix y HBO.

También esta industria nos enseñó que los creativos ganaban con las nuevas tecnologías porque les hace libres. No es obligatorio fichar por una discográfica para triunfar. O no tienes que ir picando puerta por puerta porque publicando tus creaciones en YouTube y otras plataformas de audio, puedes ganar influencia y ser atractivo para esas empresas.

El talento debe ir antes que la influencia

Pero la enseñanza que nos dio este fenómeno no la hemos analizado bien por los últimos conflictos. Ese éxito de apostar por lo nuevo que llegaba por la vía digital se sustentaba en que era talentoso. Personas que no tenían padrinos famosos para abrirles puertas y que la visibilidad de la red subsanó ese problema.

Pero ahora esto ya no sucede. Incluso en el sector de la música no importa que la persona cante bien. Se apuesta por el físico o lo que esa persona tenga a su alrededor. Aunque los sectores que más abusos se han realizado es en el literario y en el audiovisual.

Siempre ha sido una tradición que los libros más vendidos son de personajes de dudosos méritos. Incluso muchos asumimos que realmente no los han escrito ellos y solo prestan el nombre para atraer más ventas. Con esto no me extraña que las editoriales hayan apostado por el nuevo fenómeno del estilo que son los youtubers. U otro tipo de influencers.

Pero la guinda del pastel es que el mundo del cine esté cayendo en estos errores. Este fin de semana Twitter ardió con una polémica sucedida en el Sitges Film Festival, donde uno de estos nuevos gurús nos deja una situación para analizarla profundamente.

Aunque he visto insultos a su persona, aquí a quién debemos de acudir y pedirle explicaciones es a los responsables del festival. Todos sabemos de que pasta están hechos la mayoría de los youtubers que arrasan. Así que esperar una falta de respeto a la audiencia no debería de extrañarnos. ¿O aquí nadie recuerda la etapa donde se ponía un título o una captura falsa para que la gente pinchara? Es uno de los motivos por los que YouTube castigó y dejó de contar las visualizaciones, dando peso a los minutos de visualización de cada vídeo.

Esto queridos lectores nos pasa porque hemos dejado de valorar el talento y solo nos fijamos en tener a gente que arrastre el fenómeno fan. Y la táctica photocall lo siento pero: no vale para todos los sectores.

No perdamos el foco de lo importante

Si alguno de los que me leéis habéis caído en este engaño u otro similar entiendo el enfado y que lo manifestéis explicándolo en las redes. Pero calmaros y dejad de hacerlo porque estáis cayendo en su juego y ofreciéndoles lo que querían. Gracias a que los mencionáis, siguen acumulando influencia y manteniendo su valor.

Como he dicho unos párrafos arriba: a quién tenemos que exigir que cambien y no entren más en estos juegos es a las compañías. Porque quién ha quedado mal ha sido este festival al demostrar que no revisan lo que va a ser proyectado en su certamen si no va a concurso. Han quitado la posibilidad de visibilizar a un verdadero creador de la industria del cine castigando más la imagen de este sector. Porque es innegable que ahora cuando se escuche que en Sitges se proyectará cierto material, la gente va a dudar y estar recelosa. No sea que vuelva a ser un engaño y pérdida económica.

Centro el ejemplo en el tema de la semana. Pero esto deben tomar buena nota tanto las grandes editoriales como las discográficas. Es un aviso importante para todos que la situación o la reconducimos, o la cultura va a hundirse aún más en el pozo que ya de por si suele estar.

Ko-fi y Patreon. ¿Me ayudas a seguir creando?

Esta semana me apetece hablar de dos plataformas para ayudar a los creativos: Ko-fi y Patreon. Nunca YouTube ha sido un espacio del cual pudiéramos vivir. Es una buena plataforma que a nivel SEO atrae al posicionar muy bien sus materiales en Google, pero fuera de ese supuesto incluirlo como medio de vida es incorrecto. Al menos si hablamos de YouTube España.

Las ganancias por visualizaciones de anuncio siempre han sido escasas y ha tocado pensar en vídeos patrocinados para conseguir subsistir de ese medio. De ahí que simplemente deberíamos de verlo como un espacio para promocionar nuestra marca personal o si tenemos algún producto que podamos vender, publicitarlo ahí.

Yo me dí cuenta y por eso cerré mis canales. El mes pasado decidí crear un nuevo canal para subir dos vídeos para desviar tráfico a mis redes sociales y por si cae alguna campaña en ellas. Pero ni pienso subir más materiales ni hacer lo que antiguamente realicé en mis otros proyectos.

Esta conclusión es con la visión de hasta 2017, cuando decidí dejarlo. Pero después al estar atenta a los compañeros que sí han querido seguir, descubrí que este 2018 iba a ser nefasto porque ahora mismo las normas para monetizar hace que la gran cantidad de creativos estén trabajando gratis. Así que… ¿cómo intentar solucionar esta situación?

Entrar en el circuitos de microinfluencers

El primer parche es intentar buscar realizar vídeos patrocinados. Como cuesta hablar directamente con las empresas, una buena herramienta son las webs con mercadillos de este estilo. Hace unos meses os hablé de Twync, Publisuites y Socialpubli, con lo que no me repetiré y os animo a revisar esa entrada.

crowdfunding para creadores

Es la opción que vengo a hablaros hoy. Se han hecho famosas e incluso son casi vitales para la creación de cultura los espacios de crowdfunding. O en castellano: buscar mecenas. Pero no grandes empresas o fortunas. Gente corriente aporta lo que puede y entre todos hacen que se sostengan los proyectos.

Suelen ser recogidas de dinero puntuales, pero la situación actual que tienen los creativos de YouTube y en general todos los digitales nos hace depender de un sistema más habitual. Y estas funciones son las que cumplen las dos plataformas que os voy a detallar: Ko-fi y Patreon.

Patreon

Es el pionero y por ello nos ofrece muchas herramientas interesantes. Podemos hacer que las donaciones sean mensuales o que cada publicación que realicemos tenga un precio. Si escogemos que las ganancias sean mensuales, podemos crear diferentes categorías de seguidores marcando un precio. En ellas se detallan los servicios que ofrecemos para cada una.

Es muy útil para gestionar otro de sus espacios: tienes un apartado comunidad que te permite interactuar con tu audiencia. Hay muchas opciones como incluir fotos, vídeos y las contestaciones son extensas y visibles. Lo vi muy útil a nivel de consultas en línea poder tener un espacio tranquilo para atender a tu clientela.

También podemos fijar objetivos y otras herramientas muy interesantes como agradecimientos y vídeos de presentación. Los cobros se realizan vía PayPal. Esta es la parte bonita.

La fea: es una plataforma norteamericana. Esto quiere decir que está todo en inglés, con lo que si no se sabe el idioma al principio puede agobiar bastante. La otra es que si no resides en USA, para retirar el dinero debes rellenar un formulario específico. Y también debemos tener claro que los ingresos se realizarán en dólares americanos. Con lo que el cambio al euro perderemos.

Plataformas crowdfunding de proyectos

Ko-fi

Es un espacio similar a Patreon pero con una filosofía diferente. Como indica su nombre, Ko-fi hace el juego fonético de que paguen los seguidores un café a los creativos que siguen. Aunque no hay límite para donar, es una plataforma que juega con las pequeñas cantidades, siendo la media unos 3 € (sí, aquí nos permite utilizar la moneda del euro).

Encontramos modo mensual, puntual o incluso donar a una publicación en concreto.

En su contra tiene que es más lioso el sistema para gestionarlo y tenemos menos opciones a nuestra disposición. Juega a que los creativos nos demos de alta en el sistema gold y no al modo gratuito. Y como Patreon, está todo en inglés.

A pesar de ello me gusta más y lo poco que he trasteado creo que es más amigable para los habitantes europeos.

Plataformas crowdfunding de proyectos

Trabajar como influencer en España

Una de las figuras que apareció con las redes sociales para quedarse es la de los influencers. El marketing los ha acogido con mucha alegría y sigue contando con ellos para las campañas digitales, con lo que al menos durante una larga temporada seguirán siendo una figura importante en las campañas.

Pero como todo lo nuevo: aparece y no hay regulación. Y si el país es lento en ver este fenómeno y crearle unas reglas, el caos que se origina posteriormente es indescriptible. Lamentablemente España suele actuar de esta manera y los influencer no iban a ser la excepción.

Desde 2016 se ha implementado unas normas tributarias que en vez de dejar claro el asunto, ha sido un caos mayor al que teníamos. Principalmente porque estipula que los influencers deben ser de una manera cuando lo cierto es que los perfiles son diversos. Este hecho es tal que vemos como los bufetes de abogados que empiezan a trabajar para estas figuras ni se ponen de acuerdo entre si.

Así que si ya de por si es un sector complicado para abrirse paso y poderlo considerar como una actividad profesional, esta zancadilla administrativa es un nuevo obstáculo que da más inestabilidad si cabe.

No soy abogada y por ello no me voy a poner a hablar con contundencia de qué hacer y cuál es la fórmula correcta de actuar. Para eso os animo a revisar los expertos que están saliendo en esta materia y pedirles asesoramiento jurídico.

Pero sí quiero dejar claro y en especial a los que empiezan o se lo están pensando, que en España actualmente ser influencers sí te hace tener responsabilidades con el fisco y tenemos nuestros deberes. Y viendo las diferentes fuente y funcionamientos, tranquilizar y opinar sobre el modo que deberíamos de proceder.

Influencers con grandes ganancias

Estos son los que la norma actual regulan. Incluiría a los grandes youtubers que sus monetizaciones son jugosas y los influencers que trabajen directamente para las marcas. Al ser grandes cantidades pero sobretodo trabajar para empresas, serían considerados como autónomos, así que es la figura que debe darse de alta en la Seguridad Social y pagar su cuota cada mes. Como gastos de la actividad y por tanto pueden desgravarse se incluye la ropa y otros elementos que los expertos jurídicos pueden asesorar con todo detalle.

Influencers que reciben productos

La figura que está más en el limbo. Al no recibir compensación económica no se les puede exigir el alta en autónomos, pero la legislación de los influencers dicen que al ser especies sí deben de declararlo en Hacienda. Por tanto habría que rellenar un formulario para hacer constar que se ha recibido productos de una empresa para publicitar. Para que se entienda, es el mismo dilema de la cesta de productos en navidad que realizan algunas empresas.

De esta acción quiero destacar que la cultura quedaría fuera. Concretamente los libros es el sector más seguro en este aspecto. Así que si me está leyendo un booktuber o un bookstagramer, por el momento está a salvo.

Micro-Influencers

Si las cantidades que facturamos son menores a 3.000 €, perteneceríamos a esta categoría. Hacienda quiere saber exactamente nuestra actividad económica, con lo que el mínimo a realizar es inscribirnos en el registro destinado a este hecho. Pero no sería necesario ser autónomo.

Para hacer esta acción basta con rellenar el formulario 36 o 37. Para un influencer que es una persona física puede rellenar el simplificado que es el modelo 37. Con este paso en cuando reciba las facturas de las empresas (sean directamente marcas o agencias de marketing) estará protegido y no deberá hacer nada más. Porque las personas físicas trabajan con el IRPF (suele ser el 15%) y la empresa la retira automáticamente cuando realiza el pago. Es la empresa quién ingresa y rellena el resto de formularios necesarios a la Agencia Tributaria.

Si por contra la empresa os ofrece las ganancias en bruto (sería por ejemplo la monetización de vídeos en YouTube) sí debéis ser vosotros los encargados de pasar los meses estipulados los formularios e ingresar la parte correspondiente del IRPF.

Revisa cada pocos meses La situación

La administración está en movimiento y legislando a medida que va viendo nuevos movimientos, con lo que es importante que no des por hecho que cumples la normativa porque hace un tiempo te asesoraste. Así que es fundamental estar actualizado mientras realices está actividad y de haber modificaciones: ser rápido en adaptarte a ellas.

¿Quieres tener beneficios con tus publicaciones en redes sociales?

Esta semana os traigo una entrada que hacía ya muchos meses que quería publicar. Cuando me planteé dejar YouTube uno de los factores que analicé fue los ingresos que podía conseguir en el resto de mis redes sociales. Buceé por muchos escritos, por plataformas que descubría por mi misma… y observé cómo dedicando menos tiempo que a la red social de vídeo de Google conseguía la misma rentabilidad, si no más. Ese dato fue el definitivo para tirarme a la piscina y abandonar definitivamente la etiqueta de youtuber.

Si vosotros estáis en el mismo camino o aunque mantenéis YouTube querréis monetizar el resto de ciberespacios que disponéis, voy a destacaros los tres espacios que mayor movimiento y rentabilidad me han demostrado.

Twync

Es una de las plataformas pioneras en esta materia. Empezó como su nombre indica con la red social Twitter, pero a día de hoy puedes monetizar blogs, LinkedIn, Instagram, Facebook y alguna más que me dejo en el tintero. Este hecho hace que trabaje con empresas punteras y las ofertas que nos ofrece son muy suculentas.

La única pega que le veo a Twync como microinfluencer que soy, es que las ofertas que llegan para los gestores de cuentas pequeñas-medias son muy limitadas. Ocurre la paradoja que puedes estar un mes facturando muchísimo, pero pasarte otro trimestre sin ver ninguna actividad. Es por ello que no podemos pensar como única fuente de ingresos y por el funcionamiento que tiene obliga a complementar con otras plataformas.

Twync

Publisuites

Para entender el espíritu de esta plataforma, debemos tener claro que su origen es el mercadillo de entradas para blogs. Está preparada para esa función y por trabajar en ese sector, los clientes que tendremos serán un perfil muy diferente. Esto hace que las ofertas que llegan sean agradables y no creen dilemas como los que mencioné hace unos meses.

En Publisuites las ofertas que veremos son de blogs que quieren posicionarse en las redes sociales. Los requisitos que piden para las publicaciones son simples y realmente se pagan muy bien. El otro perfil que también demanda mucho por esta plataforma son las peticiones de firmas, así que deja muy buen sabor de boca pues ayudas a una causa justa.

¿El pero de la plataforma? Que las ofertas que gestiona para Twitter, Facebook e Instagram son muy minoritarias. Pero como plataforma soporte creo que es atractiva y a tener en cuenta pues si consigue crecer y potenciar estos sectores, será un espacio de marketing para influencers muy bueno.

Publisuites

Socialpubli

La web más joven pero la que más movimiento nos ofrece. Han sabido situarse muy bien porque mientras las dos primeras es para influencers, ellos desde un principio han enfocado su actividad para los microinfluencers. Tienen una cartera de marcas diversa y de gran renombre, con lo que es el espacio que más rentabilidad puedes sacar.

No lo he comentado, pero las otras plataformas que os he detallado los precios los fijas tú. Pero en Socialpubli no ocurre esto, si no que va en función del nivel de seguidores y actividad que tenga la cuenta que monetices, se te ofrecerá un precio u otro. También difiere en si tienes que ofrecer materiales propios o utilizas fotos / vídeos de la marca.

Puedes monetizar blogs, Twitter, Facebook, Instagram, YouTube y LinkedIn. Su pega es que si gestionas varias cuentas en una plataforma (por ejemplo tienes varias fan page en Facebook) no podrás incluirlas todas en su web. Sólo permiten que tengas una cuenta por red social. Mi recomendación es que os toméis un par de meses para analizar cuál os sale más a cuenta. Alguno puede que os diga que incluyáis el perfil que más seguidores tenga al dar más beneficio económico, pero puede ocurrir que la temática de la cuenta atraiga pocas ofertas. Mientras que una cuenta más pequeña pero que toque temas más diversos, obtenga más ofertas y el análisis del mes haga que sea más rentable.

Este espacio es el que más ofertas he visto y variadas en todos los espacios, así que si tenéis varias redes sociales sí puede ser una plataforma base y que os de para beneficios mensuales.

Socialpubli

YouTube ya no me quiere. ¿Y ahora qué?

El pasado año pude realizar bastante networking con otros creativos y pude constatar que en España la pregunta «¿se puede vivir con las ganancias que se consiguen por las visualizaciones de los vídeos en YouTube?«, su respuesta es clara y nítida en todos los niveles: NO.

Esta revelación hizo que cambiara mi chip sobre este asunto y empezara una crisis personal, porque llevaba desde 2012 con la meta de conseguir triunfar en este campo y dejar este objetivo era abandonar una parte de mi importante. Pero tras comprobar como ha empezado YouTube este 2018, es sin duda una decisión acertada y que me ha ahorrado tener que hacer cambios de un día para otro. Al ver los primeros indicios y tomar la decisión en una etapa temprana, he podido disfrutar de unos meses más que mis compañeros.

Quién se niegue a verlo tiene un problema a largo plazo: YouTube ha pasado de ser un canal amigo y que da la bienvenida a los nuevos creativos, ha ser un gueto para los que han pasado a tener una etiqueta de celebrities. En un primer ajuste muchos tuvimos el paraguas de las MCN para poder trabajar en la plataforma con garantías, pero en esta ocasión el papel que han optado es de ser más estrictos y censuradores que Google. Así que se nos abre un episodio de que si queremos publicar y tener opciones de remuneración económica, ¿qué nos toca hacer?

El primer paso si quieres seguir utilizando YouTube porque te sientes cómodo con el sistema de herramientas de publicación que ofrece esta plataforma sería trabajar en conseguir una base de mecenas. Es un sistema que en el ámbito anglosajón funciona muy bien y es realmente donde los creativos consiguen beneficios. La más conocida es Patreon. Pero como he destacado, es una vía para proyectos de habla inglesa. En el terreno castellano parlante es muy difícil conseguir atraer gente a que participe en esta estructura de crowdfunding.

Por ello mi recomendación es no centrarse exclusivamente en YouTube y apoyarte con otras redes social para participar en plataformas de patrocinio de entradas. Particularmente Twitter tiene un mercado muy amplio en ese terreno, haciendo que salga más rentable dedicarle horas a esta red social antes que realizar vídeos para ser publicados en la plataforma de vídeos de Google. Es un campo extenso y tras haber estado trabajando durante unos meses, próximamente realizaré un escrito detallando las tres empresas que se dedican a este ámbito que mejor resultados he obtenido y que por ello, os animo a participar.

De cara a futuro tenemos una tercera vía, que es centrar nuestros vídeos en Facebook. Anunciaron el año pasado que van a realizar su propio YouTube y habrá opción que los creativos consigan beneficios. Como es una opción que sigue en beta no hay mucha información, aunque lo poco que se ha filtrado al comprobar que buscan atraer a las televisiones creo que no va a ser una buena opción trabajar el posicionamiento en esta red social para cuando llegue el momento. Más porque actualmente esta red social está en una fase que los usuarios muestran su desencanto e invita a pensar que cuando llegue el lanzamiento de esta opción a todo el mundo, no tendremos tantos usuarios como nos gustaría.

Así que mi recomendación es ir asumiendo que YouTube va a dejar de ser el centro de toda la actividad y que estemos muy atentos de dónde se va el foco de atención. En el día que publico esta entrada sin duda creo que es interesante y una buena apuesta centrarse en monetizar la actividad en Instagram y Twitter.

YouTube se rompe

¿Hay límite para conseguir nuevos seguidores?

Desde que empecé a introducirme en el circuito para profesionalizar mi actividad como community manager he ido apoyándome en herramientas para controlar diferentes variantes, una de ellas está relacionada con los seguidores. En Twitter se practica el follow x follow (tu me sigues y yo te sigo) y por ello es la red social que tiene más juguetitos al respecto, porque aparecen épocas que las cuentas terminan siendo abandonas y… ¿para qué seguirlas si no te aportan nada nuevo?

Es tan útil que en otras redes sociales que no tienes estas opciones te desesperan y te hacen estar al tanto para cuando lleguen iniciativas de este estilo. Es el caso de Instagram, lugar donde participo más y cuando pierdo algún seguidor me interesa saber exactamente cual es su perfil al estar cambiando la dinámica de publicación. Y al fin han ido apareciendo las primeras apps para analizar este aspecto.

Me hablaron de una que siendo de pago tenía algún dato como cuenta gratuita y decidí darle una oportunidad. Pero cometí el error de leer las reseñas que los usuarios habían realizado. En esas opiniones destacaban que no era muy estable y los datos no eran tan precisos, así que me di una vuelta por el buscador de apps y encontré una gratuita que cumplía lo que andaba buscando: Followers.

Es una app estable y fiable con los datos que nos ofrece, pero como me olí con su título: tiene un sistema para conseguir me gustas y seguidores. Hecho que me hizo plantearme: ¿vale la pena invertir en esto? ¿O es entrar en lo ilícito? Desde luego es un debate ético notable.

Siempre he considerado que los datos deben ser reales y premiar las cuentas con interacciones más que el número de seguimientos. Pero tras haber podido constatar que los grandes influencers se nutren de sistemas como el que ofrece Followers y que realmente cuando quieres colaboraciones o campañas sólo se analiza el marcador, he decidido hacer pruebas y experimentos ya que tengo esta aplicación.

En el terreno de compra de seguidores como fuente única no sale rentable. Muchos deciden seguirte para conseguir monedas (la aplicación tiene su moneda propia y al interactuar en la app puedes conseguir monedas gratuitamente) y al instante realizan unfollow. Pero si es interesante si te encuentras en un momento con muchas cuentas inactivas e Instagram las borra. O como es mi caso: cambio de temáticas y muchas personas deciden quitarte de sus vidas. Esos pequeños desajustes puedes combatirlos fácilmente y aguantar hasta la llegada de la nueva audiencia.

Por contra, sí veo que es una buena inversión trabajar las interacciones de me gustas. Es una opción que la gente no va buscando para cancelar, con lo que siempre nos quedará. Además nos ayudará a posicionarnos en la sección de búsqueda y nos servirá de reclamo para conseguir más audiencia.

También me gustaría dejar claro que lo veo como un complemento y no debería ser la base de nuestras estadísticas. Es una ayuda para parchear cuando tenemos cambios. En mi caso además de lo descrito he tenido un cambio de horarios de audiencia y el algoritmo de esta red social me ha castigado en la visualización y se resentían las estadísticas. Así que teniendo esta aplicación he parcheado y tras haber calibrado de nuevo y conectado con mis seguidores, me nutro de una actividad y seguimiento reales. Y es que la clave es no abusar y aplicar las herramientas que tenemos a nuestra disposición en su justa medida.

El dilema cuando empiezas como influencer

Cuando empecé en YouTube aunque habían voces que decían que sí se podía vivir y tener como medio de vida las reproducciones con publicidad, rápidamente me di cuenta que no era el caso. Con el paso del tiempo puedo decir que lo que da dinero realmente es tener la suerte que las marcas quieran trabajar contigo y te contraten vídeos para promocionar sus productos. Y si no tienes esa suerte, el refugio son las plataformas donde se realizan mercadillos para que realices publicaciones patrocinadas en otras redes sociales. Pero estos dos campos tienen un peaje bastante caro: ¿cuánta dignidad estás dispuesto a abandonar?

Cuando me apunté al primer espacio de este estilo recuerdo que me daba bastante apuro porque no se podía saber las campañas de que estilo iban a ser. Pero como quería como medio de vida ser influencer, decidí dar el salto. Pues bien, la primera en la frente: me llegó una campaña de un banco.

Era la época de la crisis económica fuerte y que no paraban de llegar recortes para rescatar algunas entidades. Aunque lo sangrante del caso era que la entidad financiera que había iniciado esa campaña con influencers tenía la peor fama. Así que la cuestión era aceptar esa campaña como parte del trabajo y tragarme el orgullo (había realizado bastantes reflexiones y opiniones con el proceder de esa entidad) o no trabajar y estar mal posicionada en esa plataforma de publicaciones patrocinadas (no contestar o rechazar muchas campañas penaliza). Fue difícil, pero decidí en esa ocasión pasar aunque me costó no recibir ninguna oferta durante meses.

Ahí aprendí la esclavitud de las palabras y viendo los perfiles de las campañas para no ser descartada, había que medir bien las opiniones. Por ejemplo donde vi rápidamente que había que tener una posición neutral y que rechazar campañas es contraproducente es con el mundo del fútbol. Mueve una cantidad de campañas increíble. Me atrevo a decir que supone como mínimo el 50% de los pedidos que se pueden recibir en un año.

Otro debate es si el tiempo invertido compensa económicamente. Hay campañas que los requisitos que piden son desproporcionados para lo que se va a cobrar, pero de nuevo se tiene el miedo que quizás rechazar perjudica y se termina aceptando. Tras ver como algunas plataformas haces el trabajazo y encima se rechaza, mi recomendación para este aspecto es no acceder. Perder una marca / empresa que no valora realmente el trabajo realizado no se merece nuestra referencia y ya llegará algo mejor.

La conclusión final es que para estar en este circuito la moralidad se debe dejar a un lado. Está bien tener líneas rojas (en mi caso siguen estando), pero tened claro que no es un terreno alegre ni que todos los pedidos que lleguen sean magníficos. La clave por tanto está en adaptarte a la empresa pero intentando mantener tu esencia. Es difícil, pero si no se sucumbe al principio se aprende y te manejas bien en este mar publicitario.

¿Qué es ser un influencer?

Es un misterio difícil de catalogar porque con el tiempo se ha ido modificando su significado. Pero como hace unos días hubo por Twitter una discusión que terminó derivando a esta pregunta, me animo a dejar mi opinión al respecto por mi rinconcito.

La definición que todos relacionamos con influencer sin lugar a dudas es la persona que tiene la capacidad de influir en las decisiones de los demás. Así que a las empresas y más concretamente las marcas es un perfil que les gusta mucho y demandan en sus campañas de publicidad. Pero la influencia es muy diversa, así que… ¿sólo debemos valorar a un tipo de personas? ¿O todos podemos llegar a ser influencers?

Con la llegada de las redes sociales mi punto de vista va más con la segunda cuestión: todos podríamos tener esa categoría. ¿O no tenemos un campo en el que vemos que la gente acude para nuestro consejo? ¿Nunca habéis vivido la experiencia que alguien tras vuestra opinión ha leído un libro o visto una película? O descartarlo. Esa es la prueba que en los tiempos actuales todos somos sin querer influencers.

No es necesario por tanto tener miles de seguidores, incluso como reflexioné hace unas semanas contratar a alguien con millones de seguidores no es garantía que tu producto se venda más. La prueba fehaciente es la proliferación de las plataformas que evalúan comentarios y reacciones a la hora de contratar publicaciones patrocinadas.

Alguno puede rebatirme con que este segundo perfil realmente son microinfluencers, pero para mí esta etiqueta es equivocada y una nueva prueba de la obsesión que tenemos por infravalorar a las personas.

Así que si te gusta reseñar, recomendar y te apetece utilizar la etiqueta de influencer: hazlo sin tapujos aunque las recomendaciones no consigas nada (productos gratuitos o compensación económica). Y si por contra no la sientes porque la ves muy superficial y prefieres decir que eres blogger, pues estará bien también.