Tengo un nombre literario. Respétalo

La semana pasada tuve una conversación muy interesante con Katty del blog La Pluma Azul que me hizo reflexionar. Y por ello he decidido que la entrada de esta semana esté dedicada a ese tema. Hablamos del uso de los seudónimos y cómo muchos no respetan esta decisión.

No es un capricho

Como usuaria de un seudónimo durante muchos años, he podido ver que una gran parte de las personas que me seguían analizaban que era un capricho. Y también similar había otro grupo en que pensaban que era esconderme y un acto de cobardía al no dar la cara. Pero nada más lejos de la realidad.

En mi caso Hedwig Kudo es mi verdadero ser. Los nombres no los podemos escoger y a veces sucede que no podemos sentir que forman parte de nuestra persona. Y si como es mi caso que fue uno de los ataques cuando sufría bullying (las siglas podían utilizarse de forma muy perversa), se convierte en algo más.

Termina siendo nuestro verdadero yo. Nuestra identidad real porque es la que nosotros nos aplicamos. Y no la obligatoria por genética o que han decidido otorgarnos otras personas. Por eso considero que si de alguna manera se sabe el nombre real de esa persona que firma con un alias, es una canallada dirigirse con él y no el seudónimo.

Legalidad

Otro de los temas que salió y que dificulta a la persona que quiere tener seudónimo es el registro de sus textos. No estoy muy puesta en las plataformas digitales, pero por lo que me han ido comentando para poder registrar bajo un alias y sin el nombre verdadero, tenemos que pagar.

Algo que me parece injusto porque en la legislación española queda claro que el derecho de anónimos y seudónimos está vigente. Y que se debe dar opción. En esto por mi experiencia de autopublicar sí controlo y puedo confirmar que en el registro de la propiedad intelectual se acepta registrar con seudónimo.

Lo único que si haces el trámite presencialmente, el funcionario de turno te atosigará (y casi obligará) a que registres tanto con seudónimo como el verdadero. La excusa que me dieron a mí fue que si me olvidaba de cómo lo había registrado, podía perder el control de la obra. Cosa que con el nombre real no sucedería.

Mi caso

Y ceder a ello fue mi perdición. Porque a la hora de promoción y de buscar el libro, las diferentes plataformas han usado mi nombre verdadero. Dejándome expuesta y todo el que no quería dirigirse con mi seudónimo, darle una excusa.

Eso unido a un fallo de Facebook, hizo que al final en todas las redes sociales termine teniendo como nombre visible Vanessa Calonge. El usuario mantiene el alias para no tener que modificar absolutamente toda la estructura de enlaces.

Son ya unos años y tengo asumido este hecho. Pero… ¿me gusta? Pues no. No es algo que diga que es estupendo y que cómo no lo hice antes. Para nada. Asumo que por cómo es la gente es lo que me toca vivir y ya no lucho más ante esta circunstancia.

Conclusión

Si sois una persona que está publicando y tenéis miedo que no se os tome más en cuenta por tener un nick: quitarlo de vuestra mente. No son de segunda categoría los textos que se firmen con seudónimo. Son igual de válidos que el resto y se pueden tener opciones de publicar nuestras obras.

A los lectores de escritores con un perfil de este estilo: ni le preguntéis cómo se llama realmente ni alusiones del estilo. Si ha decidido que el mundo le conozca de una manera, hay que respetarlo. Porque saber su verdadero nombre o llamarle así no hará que seamos más cercanos y amigos de esa persona. Precisamente por ser una ofensa, la liga que perteneceréis será muy distinta.

Y finalizando unas palabras para los registradores: sed más flexibles. Dadnos más facilidades que aunque queráis el nombre real, a las empresas y canales de distribución les quede claro que queremos usar un seudónimo públicamente. Es nuestro derecho y queremos poder utilizarlo para que el mundo nos conozca con nuestro verdadero ser.

 

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Quita lastre

Antes de empezar con el tema, quiero disculparme por estar ausente. Las fiestas es lo que tienen. Dejan a una sin tiempo y desde que llevo el podcast de Marveliana Tecnóloga no puedo hacer parrilla por adelantado. Así que me temo que me irá pillando el toro en algunos momentos.

Pero he puesto todo mi empeño en ponerme al día y creo que a partir de la semana que viene volveré a ser la misma. También incluyo el pasar y comentar blogs, que es lo peor que llevo.

Hecho el mea culpa, hoy vengo a comentaros una tradición que realizo a principios de año. Es una tradición reciente y que ha pasado sus fases.

El caos

Muchos desconocéis mi pasado otaku. Pero lo tuve y fue muy fuerte. Los chicos de La Estantería de Cho o Sorasaku de Neverland pueden dar acto de fe. Nos conocemos de esos tiempos. Solo resumiré diciendo que en casa llegué a tener 1.500 tomos de mangas.

Y aunque era un número llamativo, en mi hogar no había conflictos. El problema vino cuando volvimos a tener mascotas en casa… y ocupan espacio. Porque aunque sean pequeñas, nace dentro de ti la obsesión de comprarles pijadas (que nunca utilizarán) y el tener que probar absolutamente todo. Viendo la comunidad de madres y padres de Twitter, creo que sois el sector que mejor me entenderéis.

Así que llegó el momento caótico y de malos rollos. Podíamos tener discusiones pero opté por la sensatez y decidí que tocaba priorizar y ordenar. Vamos, que me puse en un plan similar a la famosísima Marie Kondo. Esa persona que está causando furor y todo el mundo (menos yo) ve. Y con esto, la paz volvió a mis dominios.

Cuanto más vives, más espacio necesitas

Este es el lema de unos trasteros que se anuncian con asiduidad en el metro de mi ciudad. Hasta ese momento les daba la razón y practicaba esa filosofía. Pero… desde que tuve esa situación y pude tener en primera mano la filosofía minimalista de Steve Jobs, cambié radicalmente.

Cada año realizo una limpieza exhaustiva tanto de elementos físicos, como otros más tontos que son los archivos de pendrives y ordenador. Y es sorprendente que cada año le tienes menos apego a las cosas. Lo que hace 12 meses te era imposible de desprender, hoy te parece una tontería.

Si en dos años no lo has usado: tíralo

Uno de los apegos viene dado al “quizás en un futuro lo necesite”. Os puedo decir que todas las cosas que he guardado por este motivo, al final terminan a la basura. Ya sea un cable que con el avance tecnológico queda inservible. Que la batería del cachivache no reaccione. O ese libro que lleva siglos en la estantería porque ya lo leíste. Y como recuerdas la historia, pasas de volver a cogerlo y prefieres alguno nuevo.

Así que sigo la filosofía de un amigo de tener fechado los elementos. Y si durante un periodo (él propone dos años, pero si queréis podéis ampliar a cuatro) no lo usas e incluso lo olvidas (entrando en la categoría: ¿pero yo tenía esto?), no lo dudes: tíralo. Porque simplemente ocupa espacio. O es un elemento más que coge polvo.

Solo necesito…

Todo esto termina haciéndote ver el poco espacio que necesitas. No tengo pudor en reconocer que a día de hoy con un sillón y un ordenador, me sobra. Y que si antes veía necesario y vital tener una casa grande y con muchas habitaciones, ahora con una habitación, cocina y baño me siento feliz. No necesito absolutamente nada más.

Terminando

Aunque me he centrado en lo material, como he dicho una limpieza en muchos aspectos es positiva ir haciendo. Pensad que necesitamos mover y dejar espacio para que lleguen nuevas experiencias.

Hace unos días enseñé en las redes sociales una de las partes que he ordenado y clasificado: mi estantería. Lo correcto sería poner la foto por aquí, pero andan limitando los servicios de hospedaje de imágenes. Así que os invito a pasar por la publicación de Instagram si no visteis la instantánea en su momento. Y si no me seguís por ahí, me encantaría que conectáramos.

Dicho todo esto solo me queda decir: ¡todos a organizar!

Que la magia siga

Disculpad que llegue con un día de retraso. Aún estoy poniéndome al día después de estas fiestas que acaban de pasar y se me ha echado el tiempo encima. Pero como he sentido que lo que quería compartir perdía sentido si tardaba una semana más, aquí me tenéis.

¿Por qué solo puede ser especial un tiempo?

Es la pregunta que siempre me ha acompañado. Y que a día de hoy sigo sin poder contestar. El mundo del consumismo nos marca el calendario con lo que debemos de celebrar. Y obviamente lo que a él le interesa para su bolsillo.

Esto ha hecho que muchos sientan que el mundo ha cambiado a negativo. Nos hemos entregado al consumismo y perdido momentos de encuentro, emociones…. y esto no puede seguir así.

Cada día es estupendo para demostrar a una persona que la apreciamos. O si necesita nuestra ayuda, ofrecerle nuestra mano. De ahí que no deberíamos de esperar a que sean Navidades para hacer encuentros. O que sea el día del padre para tener un detalle (o pasar una jornada con él). Cada día debería ser el día de todos.

Guárdate un poquito de la magia navideña

Así que si eres de las personas que te cuesta realizar acciones o hechos y necesitas de estas excusas sociales / materialistas, te invito a seguir el ejemplo de una pequeña historia que circula desde hace unos años a modo de cadena. Consistía en guardar la magia y las emociones que sentimos en las fechas especiales en un tarro. Y revisarlas cada día.

Para que nuestra mente pueda recordar esos momentos y nos haga ser capaces de buscar en nuestro día esas conexiones. Así que te pregunto: ¿hoy dónde vas a trabajar para que esté visible esta magia?

Hedwig Kudo

2018

Este noviembre las chicas de La Cantimplora Aventurera anunciaron un concurso de realizar una carta a los Reyes Magos y me animaron a que realizara una por aquí. Hecho que descarté porque estoy en una etapa de mi vida que lo material me da absolutamente igual.  Por tanto las peticiones que les tengo que dar son imposibles que estas ilustres personalidades las pudieran realizar.

Casa más con esas listas de propósitos para el año nuevo que muchos realizan para empezar con buen pie. Reconozco que en otros años las he realizado y como me ha dado la sensación que lo he gafado porque el año ha ido totalmente distinto al escrito… es otra práctica que decidí no realizar.

Así que lo que hoy vais a encontrar es un pequeño resumen de lo que ha sido mi 2018. Que al haber pasado ya, se puede analizar.

Cerrando etapas

A finales de 2017 decidí finalizar mi etapa en YouTube y eso hizo que 2018 empezará con cambios. Lo recibí con optimismo y alegría, porque cuando se cierra una puerta, se abre una ventana.

Pero lo cierto es que el inicio fue complicado. Porque algunas consecuencias de cerrar una puerta no imaginas que vayan a suceder. En mi caso han sido partidas de personas que durante muchos años han sido importantes y que tras realizar el cambio descrito, han decidido apartarme de sus vidas.

Año pasivo

Pero no te hundes porque piensas en ver los resultados de las decisiones. Y aquí viene el otro gran error: pensamos que va a ser inmediato. Cuando realmente hay un periodo de inactividad que puede ahogarte. Esto ha hecho que en esta reflexión para el 2018, el calificativo que gana y que más se ha repetido es el de inmóvil.

Pero mientras otros los hubiera hundido, en mi caso he decidido utilizar este periodo para pensar e innovar. Hecho que me ha permitido conocer el mundo del podcast y empezar Marveliana Tecnóloga. O reconciliarme con una red social que me dio mucho pero en 2016 y 2017 llegó a asquearme: Twitter.

Quedarse con lo bueno

Y es por eso que aunque el grosso del año no es de los mejores, sí considero que es de los mejores de los últimos. Porque lo cierro con buen sabor de boca al haber conectado con muchísimos compañeros gracias a Bloguers.net. Y las colaboraciones del podcast me hacen sentirme de nuevo que formo parte de algo más grande y bonito.

No sé lo que 2019 me espera. Pero sí me gustaría que todos los lectores y oyentes de este último trimestre me acompañéis. Así podrá continuar este fantástico espíritu que he conocido con Las Chicas del Globo y el resto de personitas que este 2018 me ha acercado. Habéis sido lo mejor y lo único importante a destacar en esta última reflexión del año.

Cómo funciona el mundo literario

Como mi cuenta de Twitter se está llenando de actividad literaria, esta semana me apetece tratar una de las cuestiones que en este mundo más materialista importa: la parte económica. Me inspiró una charla que tuve con Chabi Angulo sobre el tema.

¿Cuánto cuesta publicar una obra?

La gran pregunta y como todas las dudas de este estilo: no hay una respuesta única. Podemos revisar miles de textos que nos darán cifras muy dispares. Y no tienen que ser incorrectas. Si no que será en función de la experiencia o de lo que se dedique la persona que estemos leyendo.

Hace ya unos meses os comenté los diferentes tipos de publicación que existen. Como ya está explicado no voy a volver a exponerlos, si no que os invito a revisar esa entrada si os la perdisteis. Pero lo rescato porque en función del que escojamos, nos costará más o menos.

Si nos publica una editorial, el coste de que salga a la venta esa obra será nulo para nuestra parte. ¿Pega? Que según el contrato, los beneficios serán muy pocos (la media para un autor que no sea best seller, es el 10% del PVP de cada ejemplar). Tampoco nos permitirán escoger y tomar decisiones en maquetación e imprenta. Con lo que podemos tener un resultado final que no nos guste. El otro gran factor y que está relacionado con este escrito es el tiempo que tardan en la liquidación. No sufráis que lo expondré más adelante.

Mientras que si autopublicamos o autoeditamos, los costes recaen en gran medida a nuestro bolsillo. La fórmula más costosa en economía es la autopublicación, ya que contratas a una empresa para que realice todo el proceso hasta que la obra llega al lector. Hay “editoriales” que trabajan con planes como las primeras descritas y que puede ocurrir que no tengas que desembolsar ningún euro. Pero lo normal y si queréis una publicación aceptable, es que todo el proceso se acerque a los 2.000 €. Si observáis algún crowdfunding que se acerca a los 3.000 € o se sobrepasa, puede que estemos hablando de ediciones más cuidadas como tapa dura, sobrecubiertas y que incluya ilustraciones. Los 2.000 € son para publicaciones en blanco y negro.

Autoeditar es que todo el proceso lo realiza el autor, con lo que es un gasto de tiempo y no material. Como mucho si se quiere publicar en papel, nos tocará contratar el servicio de la imprenta, que suelen ser 500 – 800 €.

Si además queremos el servicio de un corrector aumenta un poco más. Es un gasto que recomiendo incluso a la persona que mande manuscritos a editoriales, ya que puede ser la diferencia entre que lo rechacen o sean aceptados. Trabajan por palabras y caracteres con lo que no es algo fijo, pero el mínimo de un buen profesional de ese sector son 300 €. El que se ofrezca por 100 € o incluso menos, honestamente lo descartaría.

Liquidación

Aunque Universo Agapornis entra en la categoría de obra autopublicada, lo cierto es que es un híbrido de las tres opciones. De ahí que os pueda hablar del fascinante mundo de la liquidación.

Es otra de esas cuestiones que nadie os podrá dar una respuesta mágica. Depende de lo que firmáis y la filosofía de la editorial. Lo habitual es que los ejemplares que tengan distribución tradicional (empresa de logística que envía a las librerías las obras) las liquidaciones de estas empresas con la editorial se realicen cada tres meses. Con lo que hay opción que si sois un autor que interese tener contento, tengáis noticias en ese periodo. Pero estos casos son unicornios.

Lo habitual es que las liquidaciones se realicen anualmente y en las empresas de autopublicación si tenéis la opción de pedidos bajo demanda o que vendan tu obra directamente en la web de la empresa literaria, es que se acerquen a los dos años. En mi caso las realizan al año y medio.

Y otro punto: tienes que hacer acto de fe. No hay manera de poder comprobar que las ventas que te describen se hayan realizado. Tienes que confiar en los números que te da la empresa. Puedes hacer como yo que los envíos internacionales al llevarlos ellos o en Amazon, tengo una idea cuando alguien me escribe interesándose en mi obra. O los que finalmente me envían una foto con el ejemplar. Pero si han habido compradores silenciosos es un dato que no podemos saber ni exigir que se demuestre. Al menos en la legislación española.

Porcentajes del POD

Es la modalidad de imprimir bajo demanda (Print on Demand) y que como he comentado en el anterior apartado, la gran mayoría de empresas dedicadas a autopublicar nos ofrecen. Por ejemplo todos los ejemplares que compráis en las webs de estas “editoriales” se realizan con este sistema. Lo compras, envían la orden a su imprenta (o alguna de tu país si es extranjero) y te lo mandan.

Lo habitual es que el porcentaje sea del 40%. Pero si entra una distribuidora o es una venta que se realiza a través de Amazon, puede descender al 10%. Tiene también una liquidación y tiene las normativas ya descritas. Pero si tienes suerte de que la gente lo compre por la web de la empresa, puedes sacar más beneficio que en una editorial tradicional.

Juan Palomo

Para los ejemplares de autopublicación que distribuimos directamente los autores o los autoeditados: somos Juan Palomo. Nosotros lo cocinamos, nosotros nos lo comemos. Realmente en números económicos compensa porque es la opción que el autor realmente puede ver un beneficio económico.

Puedes pactar con las librerías (o tiendas del sector si no es una novela / cuento / poesía) los porcentajes. Además de poder poner a la venta tú mismo en los medios digitales. Este segundo punto no obstante debo decir que al menos el público hispanohablante no está preparado, con lo que si como fue mi caso debéis de centrar el esfuerzo en la venta online, os diría de realizar una única edición de como tope 100 ejemplares. Esto permite sufragar los gastos y que no sea una experiencia donde perdamos dinero.

Y aunque haya tentaciones de hacer una segunda: no lo hagáis. Es cierto que es cuando se empieza a ganar dinero, pero la avaricia puede romper el saco. Es lo que me ocurrió a mí y entre que las tiendas físicas ya no dan más y los españoles aún somos recelosos con la compra en línea (fuera de los gigantes), ha terminado siendo una segunda edición maldita. Deseando que salga en algún momento y mantener simplemente la obra en el terreno del POD.

Amazon

Finalizando el último bloque: el gigante Amazon. Todo lo que leáis son bondades y si hace unos años nos empujaban a autopublicar nuestras obras, la nueva moda es que nos lancemos a ser autores Amazon.

Aunque es cierto que tiene un tráfico interesante y que por ser un grande la gente no desconfía de comprar en él, creo que es justo hablar de los puntos negativos. El principal si estáis pensando en autoeditar en su plataforma es que debéis tener claro que os exigirán exclusividad.

Pero no solo bajo contrato de exclusividad, si no que no hay opción a otros medios porque esa obra carecerá de ISBN ni depósito legal. Dos figuras imprescindibles para poder vender en librerías y tiendas en España. Recibimos un código propio creado por la compañía, cayendo en su trampa de entrar en ellos y no poder escapar.

Haciendo que por ejemplo obras que empezaron en una editorial pequeña y posteriormente fueran vendidas a una mayor, no tengan esa opción. En la autopublicación y autoedición tenemos esa opción y podemos ver como un libro de un desconocido finalmente lo publica una gran editorial. En los primeros suele haber una exclusividad de dos años. En la autoedición al ser 100% tuyo, puede ocurrir en cualquier momento.

Es un hecho que aunque parezca una tontería, es una puerta que personalmente no me gusta cerrar. Primero porque como ya he manifestado, utilizar 100% un soporte digital nos cierra puertas.

En mi cuenta de Twitter veo muchos de estos autores de Amazon desesperados. Ofreciendo su obra con la coletilla de gratis pensando que todo el mundo utiliza el modo prime. U otros sistemas relacionados con el libro electrónico y que al ser obras para Amazon, los lectores tenemos a disposición en la cuota mensual. Y veo como los grupos SPAM que forman, tienen siempre el mismo resultado: el silencio. Incluso al interesarles que hayan reseñas y movimiento, no lo consiguen. Y ojo porque muchos son grandes libros.

También estos autores ofrecen los libro en digital y los blogs de reseñas vemos como muchas veces los rechazan. Porque aunque nos quieran vender lo contrario, aún leer en libro electrónico, ordenador o tableta digital nos cuesta. Incluso es llamativo observar que los sitios que no rechazan estas lecturas, tardan el doble de presentar esas obras que las que disponen en papel.

Y es por esto que quiero dejar claro: publicar en Amazon no es la solución ni la panacea de ser visible. Es una vía más que nos da la tecnología en la evolución, pero tal como ocurre en las redes sociales: la cercanía es el fuerte. Es por eso que da más resultados buscar círculos de escritura cerca nuestro, participar en actos, pasar y conocer a los dueños de las librerías… que apostarlo todo a la venta en línea.

Soy una persona. No una Barbie

Llevamos unos años que el activismo feminista es más visible. Y este hecho ha conseguido que muchos problemas / injusticias se empiecen a poner solución. Pero no nos podemos dormir o reducirlo a salir y hacer actos el ocho de marzo. Y por eso, me he sentado a escribir las líneas de la semana.

Como ya manifesté anteriormente, este mes de noviembre lo estoy dedicando a hacer entradas más personales para que me conozcáis mejor. Y si sirve para que nos replanteemos pero sobretodo cambiemos algunas dinámicas, mucho mejor.

Porque aunque hemos hecho avances, lo cierto es que las mujeres aún nos enfrentamos a un juicio moral (o etiquetado según se mire) que nuestros compañeros apenas reciben. Haciendo que estemos en desventaja como ya comenté en otra ocasión a la hora de conseguir oportunidades laborales, o el tema que hoy me gustaría tratar: nuestro físico.

Aparentemente, somos libres

Posiblemente muchas me digáis que sí tenemos libertad en escoger e ir como queramos. Y no os quitaré la razón que no hay nadie que entre en nuestras casas y que nos saque para tener que depilarnos, tener ciertos peinados o vestir cierto tipo de ropa. Pero es que esta obligación tiene un nivel social. Y rebelarte tiene unas consecuencias que no todas nos podemos permitir.

No os quiero aburrir, así que para el tema de depilación os animo a visitar el escrito que hizo Virginia Silence. Y para el de la ropa, mi confesión en el primer programa de Marveliana Tecnóloga de cuál fue la razón por la que decidí dejar de ser youtuber. Hoy me centraré en un elemento más simple, pero que me ha demostrado que es por el que más nos juzgan: nuestros peinados.

Foto mía

Corte de pelo corto

Desde que tengo uso de razón, he odiado llevar el pelo largo. Pide un mantenimiento y acarrea unas molestia de las cuales no me gusta tener que sufrir. Y si encima recibes por parte de tus compañeros acoso escolar y una de las actividades que disfrutan es engancharte chicles o cogerte del cabello y tirar de ellos, os aseguro que incrementa la tirria.

Así que imaginaréis la alegría que tuve la primera vez que pude convencer a mi peluquero que quitara centímetros de mi cuero cabelludo. Cada vez que iba y conseguía que fuera más corto (fue progresivo) me iba sintiendo más libre. Como que huía de la obsesión que tiene la sociedad en que todas seamos Barbies.

Y como empecé mi etapa youtuber en el momento que llevé peinados con el cabello muy corto, pude observar las primeras etiquetas y evidencias.

Eres un chico

Todo el mundo me trataba como si fuera un chico. Al principio ni dudaban y aunque en los vídeos me refería en femenino a mi persona, seguían. Hecho que me demostró lo que la gente presta atención a los vídeos y me desilusionara con la plataforma. Porque al final casi que era poner un título, un vídeo de segundos y que preguntaran directamente. Total, solo querían que sus dudas fueran resueltas y no escucharme.

Vale, me centro. Esas personas opté por no corregirlas y listo. Total todos somos personas y da igual el género que seamos (o la identidad que tengamos). Luego cuando cambié el plano y era más conocida, evolucioné a machirula. Y con ello…

Eres lesbiana

Así, sin más. Bueno realmente el término fue bollera. Pero lo dejo como más bonito como título de este bloque. Nunca me he manifestado ni pronunciado al respecto. Pero oye, por tener el cabello corto por fuerza tenía que ser eso.

Y es curioso que pensando y analizando la entrada, me he dado cuenta que este fue también el factor que mi último rollo se quedara en eso. Había conocido a un chico y llevaba media melena. Fue decidir dar mi primer corte importante y el interés por su parte desapareció. Incluso os digo que durante muchos años pasé desapercibida por la gran mayoría de la población masculina. Siendo una privilegiada de no tener que aguantar ciertas actitudes en privado de los sujetos que envían fotos desagradables. Porque para la sociedad era homosexual.

Vanessa Calonge es Hedwig Kudo

Vuelta al pelo largo

Tras la publicación de mi libro Universo Agapornis terminé de ver que YouTube no era mi espacio y por circunstancias de la vida, tenía que conseguir algún trabajo estable (con seis meses, para mí ya entra en esta categoría en los tiempos actuales). Y tras pasar por la garantía juvenil de la ciudad y que me dejaran caer que por el look capilar como no tuviera opción a dedazos, que me olvidara… empecé a volver a dejármelo largo.

¿Y sabéis cuál ha sido el resultado? Exactamente, lo opuesto a lo descrito. Ahora todo el mundo da por hecho que soy una chica. Para los tíos vuelvo a ser objetivo. Vamos, vuelvo a tener la etiqueta de hetero (sin nuevamente, haberme manifestado en que parcela de la identidad sexual me identifico). Y… ¡no paro de recibir mensajes desagradables en Instagram! Twitter no comparte este privilegio ya que tengo restringido la recepción de mensajería privada desde siempre.

En el tema laboral, me llaman y paso siempre hasta la entrevista final. E incluso en alguna ocasión he terminado contratada. ¿Qué cosas, no? Si sigo siendo la misma y el currículum que aporto solo ha cambiado una cosa: la foto.

Aunque lo que más me ha molestado ha sido a nivel amistad. Solo eran cuatro los que cuando actualizaba la foto del perfil en mis redes sociales, escribían algún piropo. La primera foto con peinado largo, quemó las notificaciones. Como imaginaréis, mi percepción cambio mucho. Casi todos pasaron a ser contactos / conocidos y los cuatro gatos que siempre me han valorado por lo que soy realmente, son los que mantengo en mi corazón con la palabra amistad.

Mi decisión

Lo reconozco sin rodeos: fui débil y me sometí a los valores de la sociedad. Más que por ser aceptada, porque aún no he conseguido emprender y dependo de trabajar para otros. En esto no soy ejemplo de nada. He fracasado.

Pero sí mantengo mi guerra particular de no querer ser una Barbie. Sigo teniendo carácter, digo lo que pienso y no me dejo doblegar en la parcela que me pertenece: la personal. Ahí la jefa soy yo y nadie me manda. Y si lo estabais pensando hacer, ya sabéis donde esta la puerta.

Bullying. Donde la víctima es la culpable

En el último escrito de octubre puse de ejemplo que una de mis causas es luchar contra el acoso escolar (bullying). Y como en la comunidad de Twitter de mamás y papás con la vuelta al cole he visto los primeros casos y la impotencia de quién lo sufre, creo que es el momento de hablar del tema. Aunque no haya tendencia del momento y pase desapercibido este escrito, siento que debemos de reflexionar y empezar a poner las cartas sobre la mesa.

En un mundo perfecto

Este problema que sufren nuestros niños y jóvenes no existiría. Tendríamos los valores suficientes para respetar y no realizar estas acciones tan mezquinas. Y en uno casi perfecto las autoridades o los responsables de los centros de educación tomarían medidas y la víctima sería protegida y cuidada. Pero no estamos en esa situación.

Mundo imperfecto

Nuestro mundo nos guste o no debemos asumir que es muy imperfecto. Si revisamos la historia hemos dado pequeños pasos y han mejorado algunos aspectos. Pero hay que seguir trabajando y no despistarnos.

Y en esta situación la víctima de acoso escolar tiene la tesitura de someterse, defenderse o los casos tristes que nos llegan de decisiones trágicas. Ninguna de las tres opciones son buenas y el camino que opten no va a ser respaldado. Incluso aunque tomen un camino intermedio los resultados van a ser secuelas y que van a verse como los malos de la película.

El invisible

El papel que más nos muestran es la víctima que intenta pasar desapercibida y que en el momento que se cruza con los abusones tiene un papel sumiso. No se resiste porque prefiere que pase lo más rápido posible el mal trago. Y es lo que siempre veo que en el circuito de la educación se fomenta argumentando que defenderse está mal.

Para mí es algo incorrecto y que deberíamos de cambiar. No me parece justo que la única solución sea que esa víctima en el mejor de los casos mejore porque tenga que cambiar de centro y empezar de 0 en otro sitio. Estoy harta que siempre se deba de cambiar esa parte y no la otra. Todo esto termina dejando secuelas imperdonables.

No me cuesta reconocer que por sufrir bullying durante una larga temporada los corrillos cerca mío hacían que instintivamente pensara que me estaban criticando. O que muchos me pueden considerar fría porque confiar en tratar temas personales me cuesta mucho. Ya que esa etapa me enseñó que dar información puede ser peligroso porque te pueden manipular y hacer mucho más daño.

El rebelde

Pero hay otra figura que se ve cada vez más. No digo que sea nueva, pero sí que quizás se muestra más y nos permite analizar y sacar nuevas conclusiones. Y son las víctimas que hartas de ser agredidas, contestan.

Es una figura repudiada y vista como negativa, haciendo que tengan por ello más culpabilidad. Porque no solo tienen la angustia de ser agredidas con el bullying, si no que se les acusa de ser malas personas por responder.

Es cierto que hay casos que la violencia llega a ser física y que moralmente no es correcto que la adopten, pero también creo que si llegan a ese punto no podemos acusarlos. Porque hemos sido la sociedad quién les ha fallado y la culpable de que esas magníficas personas, hayan optado por esa vía.

Mi caso

Con la lejanía que da el tiempo y que permite analizar episodios sin dolor (o que sea menor) mi experiencia debo catalogarla en algo intermedio de los dos perfiles. En infantil y primaria recibí por parte de mis compañeros aislamiento y los cuchicheos de críticas por la espalda. Así que intentaba ser lo más invisible posible para pasar desapercibida.

En secundaria ya fue más fuerte. Incluso evolucionó en recibir alguna agresión física. En ese momento aprendí que pasar desapercibida no era suficiente y unido que las reuniones de cada trimestre con los diferentes tutores que tuve se me acusaba de ser la culpable de mis problemas, con 15 años exploté. No fui del perfil de agredir físicamente, pero ya no me callaba lo que pensaba y verbalmente sí que reconozco que no fui correcta.

Y sé que no evolucioné al perfil de otros compañeros porque por suerte en el último curso de educación obligatoria se cruzó en mi camino un gran profesor. Sabía escuchar y le agradezco que tras contarle las jugarretas de sus compañeros (en las asignaturas optativas nunca me dejaron hacer la clase de informática) ese año realicé en los tres trimestres esa asignatura.

Ese fue un soplo muy renovador y que en bachiller hizo que pudiera tomar otra actitud. Y que pudiera aprovechar los cambios que se realizaron positivamente. Mientras en la universidad terminé de sanar porque conseguí tener grandes amistades y trabajar en grupo desde el primer segundo. Demostrando que no era yo quién fallaba como siempre me habían querido hacer creer. Si no que era el centro y esa clase.

Conclusión

Aunque comente algunos aspectos que han cambiado o se han suavizado, sufrir cualquier tipo de acoso siempre deja una cicatriz que de vez en cuando duele. Así que es primordial que los sectores que pueden hacer algo empiecen a ponerse las pilas.

Y de mientras con las víctimas tenemos que hacerles ver que hablar sirve de algo. Que no es de ser chivato o empeorar su situación. Porque cuando hablan se hace un toque al agresor y este como venganza, dobla el acoso. Si no que actuamos positivamente.

Que una vez por todas verdaderamente sea protegida y tenga la mejor parte. Que no tenga que renunciar a todo de una vez por todas.

La audiencia es soberana

Con la vuelta a la rutina después del verano, llegan los programas de talentos y realitys. Esto puede hacer que nuestras redes se llenen de interacciones no deseadas y por eso os hablé de las listas de Twitter para limpiar nuestra TL. Pero con el tiempo a mí me encanta ver y leer las reacciones que se generan en ese terreno.

Me permite ver y analizar cómo vamos como sociedad. Y también pueden dar ideas para saber qué temas tratar por este rinconcito cibernético. Como es el caso de hoy.

El poder cambia de manos

Estamos acostumbrados que el creador lanza sus criaturas y que los espectadores se lo compran. Da igual sus ideas y deseos. Los que creamos, vamos a nuestra bola. Particularmente los grandes medios de entretenimiento es lo que han vivido y siguen queriendo imponer su criterio. Creen tener el poder absoluto. Pero no es así.

Los que publicamos en internet lo sabemos muy bien. Como ya manifesté la semana pasada, la clave no es ofrecer un material de calidad para triunfar. Si no que debemos crear una comunidad. Y uno de los requisitos es hacer caso a nuestros lectores / oyentes / espectadores. Y si no lo hacemos, debemos asumir el mantenernos en un segundo plano. E incluso perder parte del apoyo que tenemos si ignoramos constantemente las peticiones de nuestra audiencia.

Pero estos gigantes no lo han entendido. O creen que al jugar en otra liga, las normas del pasado se les puede seguir aplicando. No han aprendido del medio que siempre ha seguido esta filosofía: la radio. Tiene el mayor índice de fidelidad y buena fama porque al menos en algún momento de su franja de emisión ofrece espacios para que el oyente manifieste su opinión y la vea reflejada en antena. La televisión en cambio, no.

Observamos como muchos programas de concursos siguen siendo la emisión grabada y no en directo. Y que se siguen consumiendo masivamente. Pero ante este cambio la audiencia pide su sitio. Y lo mejor que ha pasado esta semana es que ha demostrado que está dispuesta a luchar por él.

El gran pulso

Hace justo una semana que ha empezado esta guerra en las redes sociales entre uno de los míticos realitys que se emiten en España contra sus seguidores. Tras estar numerosas semanas exigiendo cambios y que la organización hiciera oídos sordos a la petición, los fans han decidido hacer presión.

No me meto en si el total de peticiones es exagerado o no. Ya sabéis que por este espacio he manifestado que estamos en un periodo que la indignación quizás se nos vaya de las manos. Pero sí creo que la justificación de aceptar descalificaciones o proteger ciertos concursantes que en otras ediciones por menos ya estarían en la calle, como mínimo es una contradicción. Y más si algunas de las cosas que he visto las hiciéramos un anónimo en redes, puede que incluso ya estuviéramos en los tribunales acusados de cosas muy serias.

Y que si encima esa institución ha hecho campañas (o está de lleno) para luchar contra una injusticia, permita en uno de sus espacios que se realice dicha acción. Por ejemplo en mi caso que siempre que se me pide apoyar la lucha contra el bullying participo sin dudarlo. Descubrierais por aquí o si fuera docente que permito que se hiciera acoso a alguien. ¿Verdad que demostraría ser una falsa y no tener coherencia? Pues aquí ha pasado exactamente esto.

Ante esta situación antiguamente sería una pataleta en nuestros hogares y listo. El fuerte ganaría. Pero por suerte la situación ha cambiado. Ya hace unos años con una entrevista polémica se consiguió que las marcas dejaran de apoyar el programa que osó hacer esa acción. Haciendo que desapareciera en menos de una semana. Demostrando para los escépticos que si se hace bien, las redes tienen suficiente fuerza para ganar los pulsos.

En el caso actual el pulso sigue presente y no se ve aún el vencedor. Se han visto varias batallas que ambos bandos han ganado. Pero aún es pronto para hacer balance y terminar de analizar si las nuevas tecnologías consiguen un cambio histórico. Aunque lo que sí está claro que si el formato quiere seguir sobreviviendo y teniendo más ediciones, debe hacer un análisis profundo. Porque la sociedad ha cambiado y lo que antes no era consciente que era dañino, ya sabe que lo es. Y lo que se agradece: no lo tolera.

Unidad

No quiero dejar esta reflexión sin manifestar otro de los avances que la audiencia de las redes ha manifestado y que me siento muy orgullosa: está cambiando a ser más respetuosa. Anteriormente recuerdo que cuando dos programas potentes coincidían en el tiempo de emisión, la gente se atacaba y faltaba al respeto. Y aunque aún hay sectores de este estilo, he visto otro que me ha encantado y que espero que siga expandiéndose.

Se trata de ver cómo fans de dos programas totalmente diferentes, pueden unirse por una misma causa: salvar a sus concursantes favoritos. Ver que crean retos conjuntos para beneficiar a ambas aficiones gracias a que tienen sistemas diferentes de votación, es algo que me ha maravillado.

Y junto a observar que la gente es capaz de unirse con un grado de respeto bastante alto (siempre tendremos el sector polemista por desgracia) también en la otra cuestión que he tratado, me da una esperanza en que sí podemos ver grandes cambios. Pero recordad: para ello tenemos que estar unidos. Ahí reside nuestra fuerza.

En el mundo de la cultura, no todo vale

Los ordenadores e internet nos han dado muchos avances y una evolución a nuestras vidas que no se puede negar. Ha servido para facilitar la edición de libros, audios e incluso programas audiovisuales de entretenimiento. Lo que antes costaba muchos medios y dinero, ahora se puede realizar con tiempo y ganas de compartir grandes momentos.

También nos ha hecho cambiar la forma de comprar al empezar a valorar el formato no físico. A la sociedad de habla hispana le cuesta y es recelosa, pero los números no engañan que se va consiguiendo cambiar la tendencia y que vamos a los números de los usuarios anglosajones.

Y el tercer cambio viene que con los influencers, los diferentes gremios de la cultura están evolucionando teniendo como salvadores este perfil de usuario. Pero… ¿es correcto?

La salvación de la industria musical

Si analizamos y evaluamos en función de la música: sí. Desde que empezaron a poderse comprar canciones sueltas y con un precio mucho menor que el formato físico, un sector que estaba herido de muerte pudo sanar y reflotar. Y en el audiovisual está ocurriendo lo mismo con la aparición de Netflix y HBO.

También esta industria nos enseñó que los creativos ganaban con las nuevas tecnologías porque les hace libres. No es obligatorio fichar por una discográfica para triunfar. O no tienes que ir picando puerta por puerta porque publicando tus creaciones en YouTube y otras plataformas de audio, puedes ganar influencia y ser atractivo para esas empresas.

El talento debe ir antes que la influencia

Pero la enseñanza que nos dio este fenómeno no la hemos analizado bien por los últimos conflictos. Ese éxito de apostar por lo nuevo que llegaba por la vía digital se sustentaba en que era talentoso. Personas que no tenían padrinos famosos para abrirles puertas y que la visibilidad de la red subsanó ese problema.

Pero ahora esto ya no sucede. Incluso en el sector de la música no importa que la persona cante bien. Se apuesta por el físico o lo que esa persona tenga a su alrededor. Aunque los sectores que más abusos se han realizado es en el literario y en el audiovisual.

Siempre ha sido una tradición que los libros más vendidos son de personajes de dudosos méritos. Incluso muchos asumimos que realmente no los han escrito ellos y solo prestan el nombre para atraer más ventas. Con esto no me extraña que las editoriales hayan apostado por el nuevo fenómeno del estilo que son los youtubers. U otro tipo de influencers.

Pero la guinda del pastel es que el mundo del cine esté cayendo en estos errores. Este fin de semana Twitter ardió con una polémica sucedida en el Sitges Film Festival, donde uno de estos nuevos gurús nos deja una situación para analizarla profundamente.

Aunque he visto insultos a su persona, aquí a quién debemos de acudir y pedirle explicaciones es a los responsables del festival. Todos sabemos de que pasta están hechos la mayoría de los youtubers que arrasan. Así que esperar una falta de respeto a la audiencia no debería de extrañarnos. ¿O aquí nadie recuerda la etapa donde se ponía un título o una captura falsa para que la gente pinchara? Es uno de los motivos por los que YouTube castigó y dejó de contar las visualizaciones, dando peso a los minutos de visualización de cada vídeo.

Esto queridos lectores nos pasa porque hemos dejado de valorar el talento y solo nos fijamos en tener a gente que arrastre el fenómeno fan. Y la táctica photocall lo siento pero: no vale para todos los sectores.

No perdamos el foco de lo importante

Si alguno de los que me leéis habéis caído en este engaño u otro similar entiendo el enfado y que lo manifestéis explicándolo en las redes. Pero calmaros y dejad de hacerlo porque estáis cayendo en su juego y ofreciéndoles lo que querían. Gracias a que los mencionáis, siguen acumulando influencia y manteniendo su valor.

Como he dicho unos párrafos arriba: a quién tenemos que exigir que cambien y no entren más en estos juegos es a las compañías. Porque quién ha quedado mal ha sido este festival al demostrar que no revisan lo que va a ser proyectado en su certamen si no va a concurso. Han quitado la posibilidad de visibilizar a un verdadero creador de la industria del cine castigando más la imagen de este sector. Porque es innegable que ahora cuando se escuche que en Sitges se proyectará cierto material, la gente va a dudar y estar recelosa. No sea que vuelva a ser un engaño y pérdida económica.

Centro el ejemplo en el tema de la semana. Pero esto deben tomar buena nota tanto las grandes editoriales como las discográficas. Es un aviso importante para todos que la situación o la reconducimos, o la cultura va a hundirse aún más en el pozo que ya de por si suele estar.

Es mi espacio. No el tuyo

Es curioso como las redes sociales han modificado su uso. Aunque siguen siendo espacios de compartir, cada vez es más publicitario e impersonal. Recuerdo como antaño la gente no tenía pudor en mostrarnos su opinión sobre cualquier tema e incluso había un desnudo de sentimientos / emociones sano.

Estas cuestiones hicieron tan grande espacios como los blogs o YouTube. Pero ahora hemos vuelto a tener que ponernos una coraza. No sea que nos ocurra como el protagonista del mes en Marveliana Tecnóloga: James Gunn.

Siempre encontraremos alguien que esté peor

Aunque en mi caso prima otra cuestión de no utilizar las redes sociales con fines quejiles. Porque aunque podemos compartir alegrías, no me negaréis que el desnudo de sentimientos en los medios digitales suele ir enfocado a desahogo de la rabia y frustración.

Y es una cuestión que recordó una persona que admiro mucho: Anna. En su Twitter la semana pasada publicó un tweet donde decía que cuando piensas que eres la persona más desgraciada, al poco descubres que no es así.

Es un hecho que se me repite desde hace unos cuantos años. Parece como si la vida me quisiera canear y mostrar que aunque esté afrontando un bache, otras personas lo tienen peor. Y que incluso son pozos y no un pequeño obstáculo como es mi caso.

Por eso nunca en un formato digital e incluso me atrevería a decir que en una conversación presencial, he dicho que soy desafortunada o he lloriqueado a otra persona mis desgracias. Porque no sé la situación que está viviendo y quizás es peor que la mía. Así que prefiero centrarme en lo positivo y lo bonito.

Tu muro. Tus reglas

Pero esos son mis espacios y por tanto: mi decisión. Si otra persona necesita y le es terapéutico expresar de una forma “pública” (entre comillas por si tiene permisos que limitan la lectura al pasar unos filtros) su frustración, debemos respetarlo.

No vale quejarnos de que siempre es negativo. O que es un quejica porque son frivolidades por lo que está ofuscado. Le duele, le hace sentir mal o es importante para esa persona. Así que para ella es su prioridad. Y no hay nada más que decir.

Además es su cuenta, su muro / línea de tiempo / o canal. Tiene todo su derecho a expresar lo que en cada momento sienta. Al igual que tú tienes la libertad de leerlo o ignorarlo. Así que todos podemos convivir sin insultar ni hacer faltas de respeto.

Mi tiempo. Mi mensajería privada

Pero si eres de los que tienes que expresarte en las redes, también piensa en el resto. Porque aunque es cierto que tu muro es tuyo y el uso que le hagas solo te pertenece a ti, tampoco es justo ni ético que agobies a la comunidad en las respuestas de las publicaciones de otras personas. O peor aún: en sus mensajerías privadas.

Son el espacio de los otros y si tú estas mal, recuerda lo dicho al principio de este escrito: quizás a quién te dirijas esté peor. Y aunque no lo manifieste en público, puede que necesita más cariño y cosas bonitas para estar bien. No que le agobien y hundan con los problemas del resto.

Así que mi humilde consejo es que esperes a que alguien te eche la mano y te deje claro que está bien (o le apetece en ese momento) ser un hombro en quién apoyarse. Prometo que llegan e incluso a veces no tienes que decir ni siquiera en abierto que los necesitas. Llegan sin más porque son ángeles que nos conocen a la perfección.