Diferentes formas de publicar un libro en España

El mes pasado tuve una conversa en Twitter que me dejó claro que aún existe mucha confusión y que no sabemos distinguir los diferentes modos que tenemos para que nuestra obra vea la luz. No hay ninguno que sea perfecto y por ello es importante que tengamos claro nuestros objetivos a la hora de presentar en sociedad nuestra criatura literaria.

Publicar

Es la fórmula más antigua y la que aún nos viene como primera opción a la cabeza. Consiste en enviar tu obra a una editorial y tener la fortuna que quieran apostar por ti. Es por tanto la opción más rentable porque la empresa asumirá todos los gastos de producción, distribución y promoción. ¿La pega? Que económicamente puede no salir rentable. Si eres un autor novel lo máximo que puedes obtener es a un 10% de las ventas de cada ejemplar de tu obra. Esto hace que si el libro se vende a 10€, lo que recibirás será 1€.

También puedes verte perjudicado en la liquidación, pues la media de tiempo es que las realicen anualmente. Y es importante leer la letra pequeña y las matizaciones, porque a veces el porcentaje de beneficios no se aplican al total del precio del ejemplar, si no a un porcentaje menor.

Para mi es una vía interesante a utilizar si se está buscando promoción (realmente son los espacios donde tendremos más opciones a entrevistas y presentaciones de la obra) o si no disponemos de liquidez suficiente y nos hace ilusión ver nuestra obra publicada en formato físico. Fuera de esos supuestos, es un circuito para escritores de renombre o celebridades del momento, ya que tienen otras ventajas como adelantos o conseguir una cantidad económica simplemente por ceder su nombre e imagen para una obra.

Autopublicar

Esta opción es la que últimamente más suena en los círculos literarios y por ello es la que más creación de empresas está teniendo. Si lo tengo que resumir en una frase: el autor paga la producción de su obra a una empresa que le realizará todos los servicios que contrate.

Puede ir desde la corrección, maquetación, gestión legal (ISBN, depósitos…), imprenta, promoción y distribución. Estas “editoriales” disponen de varios paquetes e incluso si esas categorías no se ajustan a tus necesidades, se puede hacer una autopublicación a la carta. Este fue el caso de Universo Agapornis, que opté por utilizar los servicios de corrección de un amigo y parte de la maquetación corrió por mi cuenta.

Considero que para un novel puede ser una buena opción ya que es ir de alguien de la mano. Tienes un editor al que puedes preguntar y aprender de él, te puede organizar fácilmente actos si te hace ilusión que tu obra tenga una presentación o que puede conseguirte entrevistas en medios de comunicación.

Económicamente si optas que la distribución la realicen ellos, funcionan como una editorial de publicación y no podemos hablar de beneficios. Simplemente puedes conseguir que sea rentable si decides descartar esa opción y buscarte la vida tu mismo llegando a acuerdos con librerías, venta directa….

Autoedición

La que más confusión crea, ya que muchos creen que es un sinónimo de autopublicación. Pero no es el caso. Cuando leáis que un autor ha autoeditado su obra, lo que os está diciendo es que ha realizado todos los procesos él mismo o los ha encargado a profesionales, pero no a una empresa literaria. Esa persona ha escrito, maquetado y realizado todos los trámites legales de su obra. Quedando exclusivamente la figura del corrector y de la imprenta como contratación externa.

Es por ello que se convierte en la fórmula de publicación más libre y rentable para el autor, pues realmente la gran inversión que realiza es la del tiempo. Es la opción que los nuevos creativos prefieren más y la que suelen animar, más porque con la llegada de Amazon las herramientas que disponemos actualmente para autoeditar obras son muy variadas.

No obstante debo deciros que con Amazon hay que mirar bien la letra pequeña si optamos por él. Da muchas facilidades, pero hay penalizaciones como no poder vender tu obra en otras plataformas. Y en caso de obras en formato físico no dispondremos de ejemplares de prueba / promoción, si no que tendremos que comprar nuestro propio libro para tenerlo en nuestras manos. Destaco que el precio es menor ya que sólo se paga la imprenta, pero son detalles que no ocurrirían si se realiza una autoedición 100% propia y que por ello, creo necesario destacarlo para que el análisis sea lo más acertado a vuestra situación.

Wattpad

Es el nuevo espacio de lectura para los adolescentes. Wattpad es una comunidad literaria donde puedes encontrar escritores que publican sus obras ahí y lectores que las disfrutan, pueden ir comentando sus impresiones y tener una conversa con el creativo. De esta manera al estar en la creación de la obra pueden influenciar en las decisiones del autor. Para mi es la evolución de los “Fan fics” que antaño veíamos en foros o blogs.

Es una plataforma útil si lo único que esperas es compartir tu obra y que sea leída, pues el espacio es gratuito. Es por ello que lo veo como una primera toma de contacto y que el autor consiga renombre con el boca a boca y pueda optar a alguna de las tres opciones presentadas si de verdad quiere ser un domador de palabras. La otra vía sería conseguir donaciones o micromecenajes, pero es una realidad que al menos en el sector de habla hispana como ya he manifestado en otras ocasiones es inviable en la actualidad.

antes de publicar tu obra

Cuando llegue el momento de dar el paso para que nuestra obra sea pública para todo el mundo, es importantísimo haber realizado un paso previo: haberla inscrito en el registro de la propiedad intelectual.

De esta manera si una editorial nos dice que rechaza publicar nuestra obra y con el tiempo descubrimos que sí fue publicada con otro nombre, podremos denunciar y obtener los beneficios que ha generado nuestra obra.

Es un trámite muy fácil de realizar y económicamente es un gasto asequible. Cada comunidad autonómica tiene sus tarifas, pero oscilan entre 5 y 20 €. Para que conste en este registro tenemos que rellenar un formulario con los datos de nuestra obra y una copia de ella. Se puede presentar físicamente o telemáticamente.

Con este sencillo trámite estaremos protegidos y no es necesario ningún paso más, ya que las SGAE es una entidad privada y por lo tanto, es un registro optativo y no obligatorio.

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La magia de las cafeterías

Esta semana lo esperado como entrada para esta bitácora hubiera sido una relacionada con Sant Jordi. La fiesta de la cultura catalana y más concretamente de la ciudad condal. Pero no va a ser el caso. He vivido la fiesta como visitante, como acompañante de amigos escritores y como feriante dos ediciones por ser la autora de la obra Universo Agapornis. Conozco muy bien la magia de la fecha y por ello la decepción que tengo es inmensa.

El mes de abril se respira un nerviosismo, movimientos, información de las actividades… pero este año ha sido nulo. Con decir que lo único destacable es la celebración de un sorteo de la loteria autonómica creo que lo detallo todo. Y es que llevamos muchos meses que podemos hablar que la actividad y vida cotidiana de la ciudad de Barcelona está desaparecida.

No obstante como amante de los libros quiero honrar la memoria de los otros 23 de abril con un hecho literario: la creación de una novela. Es un momento íntimo, que se necesita tranquilad pero sobretodo: constancia. Más si nuestra decisión es realizarla en nuestro hogar.

Cuando escribí mi primer libro tardé un año en realizar todo el escrito. Fue eterno y me hizo tener sentimiento de culpabilidad porque en mi entorno tengo conocidos que han realizado el redactado de sus obras en un mes o tres meses. Sentí que era un fraude y por ello las siguientes historias empecé a realizar pruebas, en especial una que había experimentado accidentalmente con Universo Agapornis: escribir en cafeterías o viajando.

No sé si al ser algo desconocido o porque son momentos que realmente paras la inspiración llega más fluida. Siempre que tengo un bloqueo lo practico y el resultado es satisfactorio. Así que cuando visité la primera edición de la Book Con BCN fue un momento muy liberador. Descubrir en los coloquios que muchos escritores decidían realizar viajes y aislarse para el proceso de creación o que muchos habían creado sus obras literarias entre tazas de café (descubrí que existía el efecto Starbucks). Me fascinó y me quitó un sentimiento de culpa que me estaba atormentado demasiado tiempo.

Así que ya sabéis: si tenéis algo importante que escribir y tenéis un bloqueo, id a una cafetería con un cuaderno, tablet o portátil y dejaros llevar por la magia. Saldréis contentos con el resultado.

Cafés inspiradores

Harry Potter… me decepcionó

Aprovechando que este mes está de actualidad el universo potterhead por haberse lanzado el trailer de la nueva película de Animales Fantásticos. Los crímenes de Grindelwald (la cuál estará en nuestras salas de cine el próximo otoño), voy a sincerarme con todo el mundo, incluso conmigo misma ya que es un hecho que me ha costado interiorizar: Harry Potter es una saga que me ha decepcionado.

Cuando tuve constancia de la existencia de esta saga literaria fue cuando en el mundo anglosajón acababan de publicar el cuarto volumen: el cáliz de fuego. Me sorprendió ver la fiebre que tenían otros niños con estos libros, pero lo pasé como una noticia más. En cambio mis padres no lo hicieron y esas navidades decidieron comprarme el libro. Encontraron una edición especial donde se incluían los tres volúmenes que habían disponibles en castellano y aunque dudaron un poco (¿y si no le gusta el primero? Mira que sería una tontería comprar el resto) al final fue la que llegó a casa.

Mi primera reacción fue de shock porque no me lo esperaba ni deseaba. Pero decidí llevarme el primer libro en las eternas reuniones familiares que se hacen para esas fechas… y fue un flechazo desde la primera línea de la piedra filosofal. Me los leí a una velocidad notable y se me hicieron eternos los meses que faltaban para que apareciera en castellano el cáliz de fuego.

Pero analizándolo todo con el paso del tiempo, no puedo considerarme fan acérrima de la saga. Después de esos tres primeros libros tuve un bajón que terminó mutando en decepción. No se si por estar ya las películas y que la autora se notó que empezó a escribir pensando en ellas más que la trama literaria, hecho que hizo que pasara de ser un libro de aventuras a novelas pastelosas y romanticonas. O que las lecciones que transmiten los últimos libros dando a entender que los héroes son olvidados o lo que admiramos quizás puede ser lo más oscuro y tenebroso que se nos podía haber cruzado, es algo que no me gustó y que reprocho a J.K.Rowling que tomara esa decisión.

Sea una cosa u otra, lo cierto es que Harry Potter lo recuerdo más como parte de mi infancia, pero no lo siento tanto mi esencia. Siendo por tanto fan de Star Wars o del universo Marvel más que del niño mago. No obstante, esos tres primeros volúmenes me impactaron mucho y ellos sí siguen teniendo un espacio especial en mi corazón. Siempre he lamentado que el cofre fuera de tres y no de los siete libros, pero tras analizar toda la saga lo que ha supuesto, quizás fue un aviso del destino en que debía centrarme en los mensajes de estos tres primeros libros. E incluso he llegado a interiorizar que para mi los libros de la saga Harry Potter son únicamente estos tres volúmenes.

Por eso el último libro no lo he comprado, no he ido a ver la obra de teatro a Londres o aún no he pisado ninguno de sus parques temáticos, pues he dado prioridad a otras sagas. Al que sí voy a darle una oportunidad es al videojuego para smartphones, ya que siento que sí tiene la magia originaria y que tanto aliento me dio en la piedra filosofal: puede existir otro mundo donde sí encaje.

Harry Potter, Albus Dumbledore, libros y varita.

El tren de la vida

A principios de año tenía en mente realizar esta entrada, pero como la publicación cebo que suelo hacer en Instagram fue mal interpretada por algunos decidí esperar. No quise dinamitar un posible acercamiento por seguir insistiendo en esta cuestión, pero visto que la respuesta del tiempo ha sido de cese final, voy a darle luz ha este pensamiento.

Hay muchas maneras de definir la vida, pero creo que todos estaremos de acuerdo en definirla en un conjunto de etapas. Pero a diferencia de algunas filosofías de pensamientos, planificarla es imposible. Cada segundo que experimento tengo más claro que la teoría de los puntos es la vigente, porque lo único que podemos analizar es el pasado y cada decisión que tomamos a qué nos ha llevado. Pero plantearse “voy a realizar esta acción para conseguir este fin” es una invitación al fracaso. Pasarán mil cosas en medio que te obstaculizaran, será un paso que pensabas que te llevaría al camino de la derecha cuando te verás en vuelto con el de la izquierda, o lo más divertido: descubrirás que era un capricho y tras madurar verás que realmente no querías eso.

Por eso me gusta definir más la vida como un tren. Sin un destino final, si no que la cabecera de destinación es nuestro nombre. En él irán subiendo y bajando gente y experiencias. Algunos nos acompañarán en muchas estaciones, otros serán temporales y otros serán intermitentes. Subiendo en alguna estación, bajando en otra y después de un tiempo, los volveremos a tener a bordo.

Es una forma de ver la vida que ayuda a poder materializar algunas situaciones. Particularmente las que llegan de sopetón sin haberlas buscado. O cuando tu entorno desaparece sin ninguna explicación. Entiendes que para su camino deben estar en otro tren y te permite dejarlos ir. Una cuestión que al ser humano le cuesta horror porque nos educan para poseer y controlar.

Son trenes que en algunos vagones verás alegría, otros tristeza, ira o la soledad que en ocasiones es tan necesaria para calmar el ruino de la mente. Por la estructura social que tenemos suele verse mal y como un fracaso el estar solo, pero nada más lejos de la realidad. Poder viajar en soledad te permite no estar manipulado, poder tener tus espacios y obtener criterio propio. Algo a valorar en estos tiempos porque está casi extinto. Ya sea por el miedo que nos han inculcado de no pertenecer a colectivos o estar solos físicamente, terminamos arrastrando infelicidad.

Otras veces he podido observar que no disfrutamos del viaje. Inconscientemente mantenemos objetos que nos hacen daño porque nos recuerdan un periodo y no nos permiten disfrutar del camino que recorremos en la actualidad. Así que para poder seguir nos toca sacarlos de nuestras vidas. Lo curioso de esos casos es como se dan aludidas personas con las que no va el asunto. Estamos en una época que las redes sociales han convertido cualquier palabra en un asunto personal y las sensibilidades están a flor de piel.

Podemos luchar en intentar retenerlas, pero mi humilde experiencia es un trabajo estéril. Si la estación que hemos llegado es su destino para abandonar nuestro tren, lo mejor es dejarlos ir. Las veces que me arrastré para mantener esos contactos me han demostrado que vamos a tener sufrimiento y la relación que antes teníamos no volverá jamás. Incluso el tiempo termina haciendo que aunque siga en el tren, se aloje en un bajón aislado y que no puedas acceder a él.

También es un viaje del cual no sabemos el tiempo que disponemos, con lo que no olvidéis la premisa de vivir cada día y disfrutar todo. Desde una canción, un simple desayuno o un pensamiento.

Mujeres, mañana es nuestro día

Mañana es un día muy importante para trabajar en la igualdad. Este jueves es ocho de marzo, día de la mujer trabajadora y tras la nueva ola reivindicativa que estamos teniendo es un acontecimiento especial. Y como siempre ocurre con ellos, lamento que no consigamos tener unidad.

Es cierto que algunos manifiestos incluyen puntos que chocan con algunas ideologías, pero creo que la ocasión invitaba a dejar las diferencias a un lado y salir todas juntas por los que nos unen. Pues el género femenino tiene de por si unos límites marcados y que nos afecta a todas. Ya lo mencioné el mes pasado en otro escrito, pero esta semana he tenido una experiencia que me ha demostrado que aún sigue muy arraigado, incluso en sectores que no debería ser y que se llenan la boca por utilizar lenguaje no sexista. ¿De qué nos sirve ese gesto si luego a la hora de la contratación siguen teniendo puestos donde se les da prioridad a los hombres?

Son hechos que nos afecta tanto a las mujeres de derecha, izquierda. Las que son religiosas de las ateas y continuad la lista con otros factores de bandos. Sé que a veces la palabra feminismo da reparo porque algunos círculos sin querer han derivado a misandria y para las que creemos en la igualdad, hace que no estemos cómodas. Y sí, hablo en primera persona porque este hecho me ha invitado a buscar etiquetas diferentes o hablar directamente de igualdad. Pero a pesar de ello estoy en este ocho de marzo apoyando la huelga y los diferentes actos que se van a celebrar.

Mi postura es cómoda porque actualmente estoy en búsqueda de trabajo y como en casa ni hay peques ni hombres desde hace un tiempo, la parte de huelga cojeo. Así que he decidido hacer un paro de otra manera: durante 24 horas estaré ausente de las redes sociales. Como influencer van llegando campañas o trabajo en el posicionamiento de mi marca personal y durante este jueves mi granito de arena es no pasar por ahí. Tampoco responderé mensajería privada, correos electrónicos ni pasaré por el blog. Así que si comentáis ya sabéis que hasta el viernes no lo leeré ni pasaré a contestar. Y por ello os doy gracias por la comprensión.

Al resto de mujeres que os de algún reparo por ver una iniciativa de cierto color político, os quiero animar a sacar esa etiqueta y sumaros también. Necesitamos cada pequeño gesto para poder avanzar y no tener que esperar 100 años a ver una igualdad de género real. Si no poderlo vivir nosotras mismas en estos tiempos.

No necesitamos más chicos buenos armados

La semana pasada los Estados Unidos de América la cerró con una gran desgracia: un nuevo tiroteo en una de sus escuelas. Fue en Florida y además de haber sido asesinados 17 estudiantes, ha dejado dolor, rabia, secuelas en los supervivientes y ha abierto nuevamente el debate de la regulación de las armas, pues lo triste de la historia es que el tirador era un estudiante de ese centro.

Es un tema que muchos diréis que es lejano, que no me incumbe y aunque una parte de mi ser os da la razón, la otra tuvo mucho dolor con la noticia y tras algunos comentarios, necesita plasmar las líneas de esta semana a esta cuestión. Porque como ya dije hace unos meses, me he criado con elementos de su cultura y no dejo de pensar que quizás sin esta cuestión me animaría a visitarlo o incluso a plantearme irme a vivir a ese país.

Volviendo al tema de la semana: se han vertido muchos comentarios, algunos intentando que el foco de atención se ponga en otras cuestiones diferentes a la tenencia de armas como puede ser los problemas mentales. Otros sí se han metido en la cuestión pero planteando soluciones que para nada veo que sean correctas. Y son estas últimas opiniones las que mi escrito va destinado.

Porque la solución no es poner más armas en las calles. Los chicos buenos no deben ir armados para protegerse de los “malos”. Como dijo un filósofo que visitó mi escuela, el contacto con las armas (y particularmente las de fuego) despierta en el ser humano unos instintos insanos. En esa charla esta persona agradecía a su padre que nunca permitiera que tuviera acceso a estas, incluso aunque fueran de juguete. En ese momento no lo entendí y lo tildé de exagerado, pero desgracias como las que se vivieron en Florida te hacen analizar de nuevo todos los aspectos sobre la cuestión.

Aunque lo peor es comprobar que la gente ya sabe lo que de verdad funciona y cuál es el camino, pues en las zonas más sensibles de violencia los programas que logran sus frutos son los que ofrecen a los jóvenes una oportunidad de futuro. Ya sea por el deporte, el lado artístico o los estudios, son armas más efectivas en conseguir sociedades no bélicas, que poniéndoles una arma de fuego en sus manos y enseñarles a utilizarlas. Pero sabiéndolo, no movemos ni un dedo en la solución real y efectiva.

Este fin de semana en un programa de televisión se trató el odio en las redes, hecho que creo que está relacionado con este aspecto. Es sin duda el mismo germen, sólo que en las redes se queda en una amenaza y por tener nuestro país una legislación estricta con la tenencia de armas, el riesgo de la segunda fase no aparece. Pero en otros como USA, termina explotando con episodios tan tristes.

Y es por esto que la moraleja de la semana la quiero enfocar en que debemos de cambiar de una vez por todas la envidia y odio que nuestra sociedad está empezando a inyectar a todas las personas, pero especialmente a la juventud. Estamos teniendo personas cada vez más agresivas, menos tolerantes y lo que invita a pensar de cara al futuro es que terminemos siendo nuestra propia destrucción por las conductas que estamos desarrollando. Si ahora mismo muchos piensan que vivimos en el 1984 de George Orwell,  mi mente empieza a contemplar que escenarios como el que se cuentan en Divergente serán el siguiente capítulo si no empezamos a aplicar las verdaderas soluciones.

Las últimas líneas quiero dedicarlas a darles todo el calor posible a las víctimas de este terrible suceso ocurrido en Florida. Tanto a las familias y amigos que se están mentalizando de las pérdidas, como los supervivientes que están intentando recuperar el ritmo en su vida. Fuerza y ánimo para todos.

Mujer tenía que ser

Mi primer pensamiento consciente lo tengo grabado a fuego en mi memoria. No porque fuera revolucionario o porque el momento fuera exclusivo (por el contrario, es lo más simple que podemos encontrarnos), si no porque me sigue sorprendiendo que una niña de poco más de cuatro años tuviera ese análisis. Me maldije por ser una chica.

No fue un sentimiento como el que pueden experimentar las personas transgénero, si no que en alguna parte de mi mente ya sabía que tener el cuerpo de este género era un obstáculo y una vivencia más dura. Y a mis treinta años el colapso es inaguantable.

Estoy harta que en pleno siglo de supuestos avances los problemas siguen siendo los mismos. El género femenino sigue teniendo las mismas normas y tabús que en los pasados. Ver a una mujer sin depilar que se le considere sucia, con un tipo de estilismo considerarla marimacho y un sin fin de pensamientos sociales que se nos aplica a nosotras pero a nuestros compañeros masculinos, no. Hecho que debería ser inaceptable.

Y ya no hablamos del terreno laboral. ¿Cómo puede ser que en dirección de empresas o las figuras en primera línea sigamos siendo anécdotas? Me sorprende particularmente profesiones como las gastronómicas que a nivel familiar siempre recae en las féminas cuando se transforma a laboral no sean visibles. Si no que ellos siguen reinando.

En terrenos de autoaprendizaje o de emprender también tenemos patentes estas barreras. He podido participar en ciertos sectores que entrar y prosperar sin estudios superiores es posible si le dedicas tiempo. Son espacios que me encantan por su naturaleza, pero el pasado año llegué a mi límite de aguantar y empecé a estudiarlo con números y estadísticas. Y es sorprendente que nuevamente ser hombre facilita y abre más puertas, dejando a las mujeres en un segundo plano o si quieren destacar, deben dedicarse a ciertas actividades de la cultura “mujer objeto”.

Tampoco me parece justo que cuando sufrimos algún tipo de abuso, la culpa siempre recaiga en nosotras. Es triste tener que decir que ciertas zonas, horarios y vestimentas no podemos ir solas. Que la primera medida de defensa tenga que ser “perdona pero ya tengo pareja”. Que no sirva un simple “gracias, pero no me apetece ir contigo”.

He sido por ello una rebelde y me he negado a aceptar esta realidad. Ahora con la crisis y por situaciones personales me ha tocado bajarme de esa postura y ser más realista aceptando algunos clichés de esta sociedad tan injusta. Pero aprovechando que está resurgiendo fuertemente el movimiento feminista he querido confesar este pensamiento que me acompaña desde hace tanto tiempo y ojalá que si algún día pudiera ver a esa niña de nuevo, le pueda decir que está equivocada porque en este mundo sí ha terminado existiendo la igualdad.

Mi pesadilla se llama procés

Muchos se atreven a hablar de forma colectiva, hecho que no es cierto porque cada persona tiene su propia realidad. Es por eso que en el título he querido dejar claro que es mi proceso. Es lo que me ha tocado vivir, sufrir y experimentar con el monotema político. Pero no quiere decir que el procés que ha sufrido la comunidad catalana haya afectado a todos por igual o vean las mismas pegas. Hecha la aclaración, comentar que lo voy a estructurar en dos bloques: social y laboral.

Contexto social

Sí me ha afectado en mi círculo. Pero no porque haya perdido amistades (si revisáis mis contactos sigo teniendo gente independentista, no definidos o unionistas), si no porque siento que he perdido libertades. Soy esa parte que prefiere no opinar y cuando se toca el monotema, desaparece. Porque es triste tener que decir que no estamos en un fenómeno que se pueda hablar, si no que ambos lados sus militantes son extremistas.

Incluso llegó un momento que esta guerra de banderas me asqueó tanto que tuve que apagar el mundo digital. Era un acoso constante y un bombardeo de publicaciones, hilos de insultos y unido a que la ciudad de Barcelona se encontró secuestrada por manifestaciones y no podía salir a recoger instantáneas para mis redes sociales, necesité huir.

Me ha creado tal ansiedad que aunque ya he ido volviendo al espacio 2.0., sigo sin sentirme a gusto. Confieso que mi vuelta también viene dada a que he encontrado refugios para hablar de otros temas (libros y películas principalmente). Apenas reviso perfiles personales y los grupos de mensajería instantánea siguen en cuarentena hasta que de una vez no sea actualidad.

Contexto laboral

Es la parte que menos gracia me hace de esta situación política. Actualmente estoy en busca de empleo y por mucho que llame puertas, no se abre ninguna. Hay ofertas, pero son pocas y ciertos sectores que antes hubieran estado, es cierto que se nota un frenazo y han pasado estas empresas al estado “esperando a ver que ocurre”.

Una de las anécdotas que tengo es como desapareció una oferta de trabajo porque coincidió que el proceso de selección empezaba la semana más movida. La entrevista de selección para conocer la empresa y comenzar todo el engranaje (era una oferta donde se debía de realizar un proyecto de prueba) era justo uno de los días de huelga. Se canceló al instante.

Es una frustración indescriptible encontrarte en este supuesto y no conseguir ver la luz del túnel que anuncie que termina todo esto. Ha sido tal el malestar que reconozco que he llegado a empezar a tener en cuenta ofertas fuera de la comunidad como válvula de escape.

Conclusión final

Mojarte en esta cuestión política es perjudicarte. Entiendo que muchos no quieran o incluso como me ocurre a mí solo vea problemas, más porque nuestras prioridades e intereses son diferentes: queremos tranquilidad, economía para poder pagar nuestras facturas y vivir.

Otra cosa son los agentes políticos que se han mostrado ambiguos. No es una cuestión que en ese ámbito se pueda dar, pues las propuestas de legislación te obliga al menos a ser más partidario de una de las partes. El procés no es una cuestión de medias tintas, si no que tenemos una moneda donde hay una cara y una cruz y sólo puedes estar en uno de los lados.

A mí no me gusta ninguna de las posturas extremistas, pero he crecido en la Unión Europea. Esto me hace ser una persona que cree que el camino es destruir las fronteras e ir a un mundo unitario. No fraccionarlo más. Así que por ello políticamente me puedo encontrar más cercana a un bando constitucional e intentar trabajar en mejorar y modificar lo que nos ha quedado anticuado y ya no funciona, que poner una valla más.

Me despido de vosotros con el anhelo de poder venir muy pronto con las noticias que al fin mi pesadilla ha desaparecido. Que ya veo la luz del Sol.

Sota, caballo, rey

Hay una infinidad de cuestiones que no entiendo, pero quizás la que más tiempo me persigue y es un constante desafío son las tradiciones. ¿Por qué debemos aceptar o realizar ciertas cuestiones por obligación?

Desde que tengo uso de razón es algo que siempre me ronda por la cabeza. Y es que nunca he entendido porque por el simple hecho de haber nacido con el género femenino se me exigen ciertas actitudes, un físico concreto, tener que utilizar ciertas vestimentas o un camino establecido de pareja e hijos. Y ha llegado a un nivel de indignación indescriptible cuando he observado que el otro género ha sido más protegido. No veo lógico que si socialmente una mujer es “sucia” por no estar depilada al máximo, no se le aplique ese juicio de valores a un hombre con mucho bello. Es incluso insultante observar como algunas mujeres defienden y justifican al “macho” peludo y a otra fémina la crucifican si no se ha pasado la cera de turno.

 Es por ello que durante todos estos años he tenido una cruzada personal contra todos estos tabús alegando que debían desaparecer o en algunos aspectos equipararse y evaluar a todos con la misma barra de medir. Y por estos principios soy respetuosa y nunca juzgo ni señalo a nadie por sus creencias, forma de ser ni de vestir. Porque creo que todas las personas somos libres de ser como nos plazca.

El tiempo nos ha hecho evolucionar y cada vez se van viendo más avances, pero a pesar de estas noticias positivas las bases de nuestras sociedades son estructuras tradicionalistas. Se observan pocas sorpresas y al estudiar las vidas de tus allegados, observas que sus vidas son puros patrones.

Un ejemplo de este hecho es que acabamos de abandonar uno de los periodos más monótonos: la navidad. Hemos visto casas con motivos de esta festividad e instantáneas calcadas en cada uno de los perfiles de nuestros contactos. Y mi pregunta es: ¿por qué debemos hacerlo?

A mí me resulta más divertido regalar fuera de temporada, me transmite más. Un regalo de navidad es obligatorio, no lo deseas hacer y es puro compromiso. En cambio si por ejemplo en mayo paseando tropiezas con algo que te hace pensar en esa persona, decides comprarlo y regalárselo aunque no sea una fecha señalada… entonces es un verdadero regalo, porque realmente se ha puesto sentimiento. Es una práctica que la realizo bastante y por ello puedo decir que son momentos que llenan. Incluso alguna amistad tiene esta filosofía y al haberlo recibido de su parte, os puedo decir que son los regalos que más me han emocionado y he disfrutado.

Otro beneficio de ir a contracorriente son los viajes. Hace años que realizo las vacaciones a destiempo, hecho que me ha permitido disfrutar de menos condensación de turistas o poder encontrar ofertas interesantes para destinos que en temporada alta destrozan el bolsillo.

Así que como primera entrada del año, me gustaría invitaros a ir dejando un perfil previsible como sería que en la baraja primero viene la sota, después el caballo y cierre el rey, para transformaros en personas libres y que deciden celebrar cada día como una fiesta o si se quiere, que la navidad no sea de blanca nieve, si no que se puede celebrar un agosto con arena de playa.

Árbol mágico

Cuando quieres cambiar y no te dejan

Los más observadores habréis podido comprobar que llevo unos meses sin apenas publicar. Y tras encender el ordenador por ser plena campaña de navidad y estar preparando envíos de mi libro Universo Agapornis, he decidido hacer un hueco y explicar el porque de este hecho. Os aviso que no es difícil de entender, así que prometo que no se hará pesado leer las siguientes líneas.

En 2010 empecé a tener una presencia cibernética notable al tomar la decisión de formar parte de la bloggosfera y hacer carrera en ese ámbito que ha evolucionado a la figura del influencer. En el escalafón de micro tuve claro que se necesitaba tener interacción con compañeros y con los fans, así que tomé el rol de persona cercana y participar en todo lo que se me pedía. Pero desde septiembre este hecho ha sufrido un giro de 180º al bajarme de ese carro.

Nunca he sido una persona de compartir detalles de mi vida personal, sino que he enfocado mi actividad en asistir a eventos y la divulgación de los cuidados y manejo de los agapornis. Así que cuando decidí colgar las botas en lo referente a los animales, se me planteaba un enigma difícil de plantear: ¿qué publicar en las redes sociales que aún me gusta utilizar e interactuar?

Estuve haciendo pruebas durante unos meses, pero llegó una semana que fue necesario frenar en seco. Llevaba un par de días que me costaba encontrar publicaciones para compartir e incluso en algunos espacios resultaba demasiado monótono. Odio los perfiles que repiten una y otra vez exactamente las mismas publicaciones y al empezar a convertirme en uno de ellos, decidí cambiar de una vez la estrategia y asumir definitivamente que al estar actualmente por hobby en esos espacios, no tengo la obligación de realizar una publicación diaria y notoria en los espacios virtuales.

En lo referente a interactuar con otras personas me he encontrado con un problema: muchos no asumen el cambio de rumbo y me exigen ser la misma persona que cuando empezó en las comunidades de foros en 2006, hecho que no puedo ofrecerles porque el paso del tiempo me ha cambiado y como llevo repitiendo desde septiembre: he iniciado una nueva etapa. Resulta desesperante observar que no se entiende (o se respeta) las decisiones de una y por más que te esfuerzas en que sea aceptado, no culminan.

Crea un sentimiento de frustración e impotencia mezclado con la culpa, que te atrapa en un bucle del cual cuesta salir. En estos años he sido testigo de compañeros que han querido dar un golpe de timón a su actividad (sea creativa o laboral) y siempre ha terminado de una forma brusca: borrando toda su trayectoria y empezando desde cero. Es un hecho que no me ha gustado porque nuestro pasado está bien que siga disponible para que entiendan nuestra evolución. Incluso para una misma es útil poder observar el camino recorrido hasta la fecha. Pero tristemente debo decir que es la única vía que veo factible si quieres tranquilidad y avanzar.

El primer aviso fue en 2014. Tras mi formación y mis años de experiencias con psitácidas modifiqué mi visión de los animales y de la cautividad, hecho que no me permitía continuar con los materiales que había realizado hasta ese momento. Así que empecé un nuevo trabajo y una nueva disciplina que no fue aceptada. Y con esto no quiero decir que perdiera audiencia, si no que me encontré con la situación que se me exigía publicar y contestar ciertas cuestiones que a día de hoy repudio y no comparto. ¿Qué solución tuve que aplicar? Borrar mis trabajos antiguos.

El segundo ha sido ahora con este nuevo cambio de rumbo. Como no quiero borrar nada ha tocado otra solución drástica e impopular: utilizar el silencio. Apartarme de ciertos sectores, e ignorar ciertos comentarios / usuarios. De esta manera mi trabajo sigue disponible para el que desea revisarlo, pero me aparto y lo excluyo de mi vida.

Me encantaría poder mantenerlo y que no fuera una losa, pero a día de hoy es inviable porque muchos no lo permiten. Así que si queréis que vaya volviendo a estos rincones cibernéticos: respetar mi nueva etapa y haced que me sienta cómoda y no condicionada, por favor.