Flores Sant Jordi

La experiencia es para valorarla

Muy buenas a todas y todos. Esta semana he decidido reflexionar sobre la experiencia. Un elemento que laboralmente se valora y puede ser un elemento peliagudo. Porque en muchos puestos piden tener experiencia para acceder, pero pocas empresas permiten adquirirla. Pero que en los terrenos de conocimiento o de la vida, se menosprecia. En esta ocasión el foco lo vamos a tener en este segundo supuesto.

Aprende de los errores ajenos

Donde más he visto menospreciar la experiencia es en el sector animalista. Es muy frecuente considerar a una persona no apta por su pasado. Situación que veo errónea porque precisamente ese bagaje hace que pueda ser una voz autorizada. Y es que llegar a ser experto o líder de una materia, lo conseguimos a base de cometer errores.

Así que entiendo perfectamente que un profesional que ha trabajado en zoológicos, sea la mejor persona para gestionar el cuidado de la fauna en su hábitat. En especial donde siempre veo que se intenta desacreditar son los responsables que han trabajado con cetáceos en cautividad.

Muchos no paran de recordar el pasado de esa persona. Y diciendo que por ello no es creíble que ahora defienda totalmente lo contrario. Para mi en cambio, creo que es el más cualificado. ¿Por qué?

Pues por un hecho muy sencillo: ha estado en primera línea y sabe los problemas reales que existen en ese ámbito. Y demuestran ser personas abiertas, capaces de aprender y subsanar los errores que han cometido. Tener esa capacidad es muy sana y aunque puede que tengan malestar emocional por algunas situaciones, son de los mejores maestros que podemos tener. Y aprender escuchando estas experiencias, nos permite que por nuestra parte se realicen menos errores. E incluso me atrevería a decir que son errores más ligeros.

Vivencia como arma

Pero como siempre: no solemos utilizar los elementos para progresar. En el caso de la experiencia me preocupa que frecuentemente usamos estos conocimiento como un arma para arrojarlos a la persona que decide compartir este recurso cuando nos interese.

Esto lo descubrí en mis propias carnes cuando me dediqué a la consultoría de animales exóticos. Al ser un sector no desarrollado y nuevo, había poca información. Así que las dudas y problemas eran muy frecuentes. Y sí, yo no fui la excepción y realicé muchos errores. Al haber como afectados seres vivos, es algo que duele el triple y por ello abrí la consultoría. Buscando que si compartiendo mi experiencia podía hacer que otros animales no sufrieran lo que los míos, valdría la pena.

Pero lo que conseguí fue algo muy diferente. Por un lado quién quería seguir la corriente del momento, justificaba que no podía hablar porque había seguido ese camino. Otros sí escuchaban, pero de nuevo cuando llegaba un momento que la asesoría iba por otro camino del que esperaban, utilizaban esos conocimientos para atacar. Los peores por detrás, ya que lo utilizaban como pretexto para empezar con otra persona del sector.

Este fue el motivo por el cuál huí de ese ambiente y tomé la firme decisión de no abrir esa puerta nunca más. Sé que muchos no lo entendieron y consideran que es una actitud cobarde. Argumentando que al faltar esa voz alternativa, hace que las malas praxis sigan. Sin embargo yo no siento esto.

Perdemos todos

Estuve cinco años sin que mi experiencia fuera valorada, y tengo muy claro que de seguir la situación sería la misma. Cerrar ese ciclo fue un respiro necesario porque encima en el terreno de las asesorías (no solo animalistas, en las tecnológicas o de empresa veo los mismos problemas) ocurre que tienes que dar mucho. Porque no solo es resolver la duda u orientar, si no que muchas personas toman esa figura como confidente.

Y quizás otras personas pueden cortar, pero a mí sin conocer el perfil de la persona que decide preguntar me da mucho apuro poner límites. Ya que no me gustaría saber que por esa gestión, aparezcan situaciones que se podrían haber evitado con más tacto.

Pero sí les doy la razón en una cosa a los que no me entendieron: esta tendencia que las personas con experiencia sean apartadas, hace que perdamos todos. Muchos conocimientos se están perdiendo y en especial, estoy pensando en los que transmitían las personas más mayores.

Ahora mismo en según que situación de faltar la tecnología, tendríamos muchos problemas. Ya que técnicas o costumbres que la humanidad ha realizado anteriormente y se han pasado oralmente y con la experiencia, las hemos perdido.

Y es por eso que esta semana he querido reflexionar sobre la experiencia, porque me gustaría animar a empezar a valorar los conocimientos del resto y que los podamos utilizar para construir a nuestro favor. Que luego no lamentemos no haber prestado más atención de lo que nos estaban contando y al no estar esas personas, ya no tenga solución. Perdiendo ese conocimiento para siempre.

Horizontes. O tu mundo cuando desaparecen

Muy buenas a toda la gente chachi que decida pasarse por este humilde rinconcito cibernético. No sé si seré la única, pero este mes de marzo que nos acaba de dejar, en mi caso ha sido muy reflexivo. De analizar hechos, situaciones de la actualidad. ¿El motivo? Ya me empieza a cansar ciertos bucles o toxicidad en algunas parcelas y… por ello me he querido plantear: ¿qué está sucediendo al personal? Y creo haber encontrado una respuesta que me apetece compartir con todos vosotros.

El ser humano es un animal de metas

Una de las conductas que veo que está arraigada en las personas, es la obsesión de crear horizontes. Da igual que sea a corto o largo plazo: nace de todos una necesidad de planificación. Es un hecho que siempre he visto y que debo decir que he envidiado de quién lo puede hacer. Porque sí, lo confieso: nunca he sido capaz de poder crear metas y objetivos.

Incluso os comparto que las pocas veces que me he esforzado en realizar esa organización, se me ha caído como un castillo de naipes. La última y que ha hecho que decidiera renunciar a esta filosofía fue que en cuando llegara una celebración, iría a un restaurante e invitaría. Bien, llego este momento y… hacía un día que habían cerrado sus puertas.

Desde esa experiencia vivo bastante al día. Solo me preocupo de si hay algo importante en alguna hora del día que empiezo, y lo demás lo voy realizando sobre la marcha y sin poner ninguna expectativa. Puede que alguno de vosotros crea que es aburrido o soso, pero desde que sigo esta doctrina tengo mucha paz. Y me da que si este periodo de pandemia lo gestiono de una forma sana es gracias a esto. Ya que no juego al peligroso recurso de ponerse horizontes de hitos.

Frustración al no llegar lo esperado

Y es que lo que me ha demostrado ese tipo de planificación es que si no llega lo que desear, el castañazo de realidad es muy doloroso. He visto personas que admiro poner mucho esfuerzo y sacrificio para que al final las expectativas no se cumplan. Y que en ese momento el hundimiento sea tal, que cuesta mucho conseguir reflotarlos.

Pues bien, este hecho que estoy contando lo veo diariamente en las redes sociales y en las conversaciones que entablo. Absolutamente todo el mundo está formando horizontes que difícilmente se van a poder llevar. Porque encima en estos tiempos ocurre un hecho: casi todo son factores externos.

Da igual que cumplas las normas, que sigas los consejos de los “expertos”, que intentes planificar actividades o situaciones con las pautas del momento. Todo lo que se piense, hay más elementos externos que no podemos gestionar y que viendo la dinámica, muy posiblemente nos tiren por tierra lo que andemos anhelando. Y llegue la frustración que ya estoy observando que muchos no pueden con ella.

Hakuna Matata

No quiero entrar en ese círculo que veo que muchos ya están, y por eso si ya vivía una forma de plantearme la vida como Timón y Pumba, en este año que llevamos la aplico aún con más intensidad. Hasta el punto que elementos importantes y que mi antiguo yo no pasaría, me ha tocado empezar a trabajar en limar.

Así que si un día no puedo grabar o en alguna actividad toca suspender o cambiar algún aspecto: lo realizo. No fuerzo nada y he decidido empezar a plantearme en pensar que quizás no era el momento. O que simplemente era una mala idea y que no se realice es el camino correcto.

También he decidido vivir el momento. La actividad que toca en ese momento y con las personas que me acompañen. Sin pensar en “cómo hubiera sido si…” o “qué aburrido. En otra circunstancia podría estar de viaje“. Si ahora toca y tengo facilidad en un ocio más casero, lo voy a disfrutar con toda la energía.

Y es que prefiero poder decir que toda mi vida la he disfrutado. Y no pertenecer al club de los que luego se arrepienten porque el tiempo ha transcurrido y sienten que la vida se les ha escapado de las manos.

Opinar es…

Muy buenas gente chachi. Aún no había pasado por este espacio en este año 2021, y como suele ocurrir… no es por falta de motivos. El año ha empezado fuerte y realmente me he replanteado muchas cuestiones interesantes para traer al blog. Entonces… ¿por qué no me he sentado delante del ordenador y he redactado unas líneas?

Pues es muy simple: he sentido una contradicción que aún no he subsanado. Y es que los que me sigáis en Twitter, ya sabéis que mi gran propósito del año es no crear publicaciones negativas ni tóxicas. Eso se ve muy bonito en el papel e incluso fácil de implementar. Por ejemplo en esa red social, he pasado a ser un perfil más divulgador y de compartir impresiones de las series que estoy viendo en el momento. Mientras en Instagram, tiene más protagonismo al miembro adoptamos más reciente de Star Wars: Yodita.

Los programas podcast que tenemos por suerte siempre han tenido un perfil sano y no me han creado este debate ético. Pero claro un blog de opinión y que está muy enfocado en transmitir emociones y pensamientos que tengo en la semana que lo redacto… ¿puede realizarse con una nitidez positiva? ¿Sin nada de negatividad?

Opinar es criticar

Posiblemente como dice mi mantra favorito: todo es posible. Pero si debo confesar que tras plantearme algunos temas para esta bitácora, he visto que al menos es muy complicado. Y es que nos guste o no, opinar es realizar una crítica. Y aunque a veces pueden ser objetivas, últimamente nos han educado a que terminen enfocándose a querer hundir y hacer valer una verdad por encima de otra.

Así que he visto con horror que muchas cuestiones interesantes y que podían ser buenos temas para traer, acababan en una visión que rompía con mi propósito de año.

No opinas. Te justificas

Pero esta no es la peor parte. Si no que he visto que estos blogs es una constante justificación. No planteamos cuestiones o compartimos hechos, si no que inconscientemente queremos transmitir que nuestra verdad está bien.

Este factor es cierto que se repite en todos los canales de creadores o divulgadores, o al menos debo reconocer que he sido más consciente con los podcast al producir algún episodio con invitados y que a muchos les cuesta arrancar por este aspecto. Y es que muchas personas no creen ser merecedores de ser escuchados y les nace esta sensación de estar cada pocos minutos, justificar el porqué de esa participación.

Pero hoy estamos hablando de blogs de opinión. Y hay que reconocer que si miramos, el 99% de las publicaciones de este perfil son justificaciones. Y sí, esta bitácora no se libra y me ha ocurrido anteriormente. Y en esta nueva etapa con propósito, tengo claro que me gustaría que desaparecieran y que aparecieran entradas valientes. Sin miedos ni infravalorarme.

Buscando mi camino

Así que aquí me tenéis: buscando el camino que me haga sentir bien. Actualmente no creo haber encontrado una senda adecuada. Pues siendo sincera con todos vosotros: esta misma entrada tiene un lado de justificación (¿por qué no he publicado estos primeros meses?) y otro de crítica.

Pero hoy me apetecía pasar por aquí y comentar que no me he olvidado. Que sigo teniendo esta bitácora muy presente en mi mente… y que quizás más que el idealismo absoluto, quizás el asunto es ir consiguiendo hacer pequeños pasos. Y es que aunque la esencia mantiene lo transmitido, sí creo que es un escrito puro, libre y que no contribuye a alimentar la oscuridad que nos rodea en el sector digital.

Un paso pequeño, pero que me deja contenta al mostrar que un día más, mi propósito para este 2021 va por buen camino.

Un año más

Los que me seguís de hace tiempo, sabéis que no soy navideña. Huyo bastante en mi parte personal de realizar decoraciones o las publicaciones triviales que todo el mundo realiza. Creo que es una celebración impuesta, que puede hacer más daño que bien. Y prueba de que es un análisis acertado, es ver los conflictos y problemas que muchas personas están pasando.

Cosa que no sucedería si entendiéramos que más que las fechas, lo importante es escoger los momentos acertados y disfrutarlos. Vamos, que no es ningún drama plantearse que celebraciones de este estilo moverlas a otras fechas y cuando la situación sanitaria lo permita.

Pero este tipo de acontecimientos es imposible huir al 100%. Como ya he dicho en alguna ocasión desde que tengo Capitana Podcast, son proyectos que obligan a realizar publicaciones temáticas. Y ya ni hablamos cuando participan más personas y realmente sí celebran o viven algún evento. Es justo y ético llegar a un equilibrio, ya que son proyectos grupales y no individuales.

Es por ello que un año más, en este blog no voy a realizar ninguna entrada de felicitación de navidad ni similar. Eso lo dejo para los proyectos podcast que sí nos está tocando realizar alguna actividad del estilo. Aquí voy a seguir siendo yo.

Y como regalo de fin de año… me gustaría compartir una reflexión que hace meses me acompaña, pero que no me he atrevido a hacerla pública hasta hoy.

El carbón va para…

Estoy ya a un nivel que los medios de comunicación me asquean. Da igual que sean digitales, tradicionales o televisión. Solo se salva en ocasiones la radio. Y sí, en ocasiones. Porque algunas veces la pondría junto al resto.

Y… ¿qué me despierta esta sensación? Pues un hecho muy simple: me transmite que mucha de la crispación y desconcierto viene de ese sector. Estoy harta de ver que por simpatía a ciertas personas, se les ha puesto en el pedestal de expertos. Pero luego el tiempo demuestra que no son así. O con estos medios al ver diferentes etiquetas y que no corrigen, demuestran que quizás no son las mejores caras para llegar a la gente.

No cuesta nada decir que delante de una situación que ninguno de los presentes ha experimentado, es un campo inexplorado. Y que por tanto necesitamos de ser flexibles, estar atentos y por una vez no movernos como si la vida funcionara con dogmas inquebrantables. Las personas no lo sabemos todos y hay que tener humildad de aceptarlo de una santa vez.

Con esto, hubiera sido todo más fácil. En especial la desconfianza de muchos o el hartazgo que están provocando que la gente decida ir a lo suyo. Sí, considero que quizás muchas de esas figuras que se catalogan de irresponsables vienen alimentadas de esta pésima gestión.

Al igual que inconscientemente se ha transmitido que solo hay egoístas y que se saltan las normas. Repetir cada segundo esa información termina haciendo que quién cumple, sienta que es estúpido. Y se invita a tirarlo todo por la borda y sumarse a ese grupo que los medios de comunicación hacen tan populares.

Mi elogio…

Por eso estas últimas líneas las quiero dedicar a la gran mayoría que tiene sentido común. Esas personas que intentan dar lo mejor día a día e incluso en momentos anímicamente difíciles para amigos y familiares, han tirado del carro.

A todos vosotros, tenéis mi elogio. Y mi deseo de que ojalá fueran a vosotros todos los focos de luz. Y es que esas son las conductas que deberíamos de mostrar y fomentar.

Vigila donde pones el acento

Otras de las cuestiones que me han llamado la atención este mes de noviembre ha sido que a pesar de tener muchos elementos positivos, siempre ponemos el acento en la parte negativa. Algo que creo que tenemos que empezar a trabajar en cambiarlo.

1.000 cosas positivas

En particular fui consciente un día que varios contactos me escribieron y manifestaron que andaban decepcionados. Y todos compartían un hecho: estaban dándole una fuerza a un hecho único. Cuando tenían miles para estar felices y orgullosos de tener un círculo digital sano y fuerte.

Y esta cuestión es peligrosa. Porque puedes quemar a esas personas que no te fallan y están siempre ahí. Ya que inconscientemente los estás rebajando y mostrando que no te importan.

Si alguna persona que realiza esta acción me está leyendo, puede decirme que esto sucede porque los contentos y que apoyan incondicionalmente, es lo que esperamos de todos. De ahí que preocupa y te centras en la nota discordante.

Pero como indico en el título: esa filosofía es poner el acento en un factor, que al final nos puede perjudicar más. Y es que esas personas que están ahí, quieren notar cariño. Que de verdad los valoramos y agradecemos que estén en nuestro lado.

O simplemente que como todos, tienen también sus problemas y solo recibir negatividad y experiencias negativas, les carga y les obligamos a que se alejen de nuestro lado.

Comparte tu lado alegre

También soy consciente que es un hecho que sucede por la educación y cultura que nos inculcan. Nadie está libre y es una lucha que en mayor o menor medida, todos tenemos que realizar.

Por eso me incluyo también. Es más en la semana que me hizo reflexionar sobre esta cuestión, estuve a punto de preparar una entrada para este blog de una vivencia que me sacó de mis casillas. O también barajé escribir un tweet en mi cuenta personal. Pero no lo hice.

Si no que dejé reposar la cuestión y fue lo suficiente para poder analizar que era una tontería. Y que la gente que valoro y aprecio, no se merecía. Así que opté por reenfocar y decidí invertir ese tiempo en interactuar con cuentas que me gustan.

E incluso conseguí tener una idea brillante para realizar un tweet divertido y que consiguió que si alguno de ellos tenían un mal día, les cambiara.

Eso querida gente chachi, debería ser el camino con nuestras relaciones sociales.

Perdiendo el universo de la metáforas

Hola de nuevo. Esta semana me apetece reflexionar sobre una cuestión que llevo ya tiempo observando, pero que en este 2020 siento que ha tenido una caída preocupante. Y esto es… que noto que el humor y las metáforas están desapareciendo.

Un mundo literal

Es algo que ya manifesté con un tipo de humor que en las redes sociales es muy peligroso utilizar. O al menos si no quieres ser foco de polémicas y problemas legales.

Nos hemos vuelto una sociedad muy recta. Donde las bromas, metáforas y cualquier escritura creativa, no están bien vistas. Solo podemos pasar a contar historias reales con un toque de felicidad o tristeza. Sin escrituras de leer entre líneas y que contengan humor inteligente.

Y dedico estas líneas porque he realizado un análisis mirando atrás, y veo que cuentas de sátira o que eran humor puro han desaparecido. Apenas publican y sé el motivo, porque me consta que han levantado ampollas y el círculo de contactos se les ha reducido. Incluso muchos de esos perfiles actualmente han tenido que reenfocar su actividad.

El humor… ¿es tan malo?

Esto me hace plantearme si de verdad estamos yendo por buen camino. Y es que el humor es una herramienta útil. Más en estos tiempos que estamos viviendo, puede ser la pieza que haga que remontemos o por contra, nos hundamos.

Y es que aunque muchos crean que el humor es felicidad, realmente quienes tenemos esta bandera es porque hemos sufrido y hemos aprendido que para no caer en el pozo, tienes que buscar una actitud positiva. Un hecho que cuesta llegar a esa senda y como indico: el humor puede ser una llave importante.

Profesional no es ser serio

Para cerrar el escrito de esta semana, me gustaría que todos reflexionemos que ser profesional no implica tener que ser recto ni serio. En este año ya se está demostrando con el nuevo enfoque de LinkedIn. Donde están desapareciendo los trajes de ejecutivo y la gente empieza a mostrar más humana y cercana.

También me gustaría que volvamos a enriquecer nuestras mentes en aceptar comunicaciones menos serias. Que permitan utilizar metáforas o humor y que no se malinterprete a la persona que los utiliza. Vamos, que seamos más como Fenrir de La leyenda de Darwan.

El mundo es de los piratas de ideas

Buenas de nuevo, gente chachi. Hay bastantes temas para reflexionar en este noviembre, pero he decidido decantarme por el más actual. Al menos en mi círculo cercano. Y es que… el mundo es de los que roban ideas.

Conclusiones adquiridas

Es una cuestión antigua, pero que a pesar de ello no para de indignarme. Más porque soy una persona que le gusta innovar y que desde que tengo uso de razón, he perseguido el objetivo de revolucionar con algo nuevo. Nunca visto.

Por eso siempre que he escrito alguna historia o tenido alguna idea tecnológica (si no lo sabes, empecé la carrera universitaria de ingeniería multimedia), cuando he visto que ya había alguien desarrollando o incluso publicado sobre ello, las he tirado a la basura.

Y esta búsqueda me ha traído dos conclusiones: que esto que anhelaba en estos tiempos es imposible. Ya que todos los avances tienen o necesitan algo ya descubierto. Y el segundo que es la cuestión que nos trae hoy: el mundo lo mueve la persona que roba las buenas ideas.

El eje donde todo gira

Este hecho ya lo comenté en la Zona Marvel de este mes de noviembre al recordar la historia de Steve Jobs. Muchos lo consideran un genio y un revolucionario. Pero realmente simplemente supo rodearse de buenos profesionales y ser un pirata tecnológico.

Esa fue la jarra de agua fría que me cayó al leer su biografía. Donde se reconocía que todas las innovaciones salieron realmente de Xerox y que Jobs no compró las ideas. Si no que aprovechó una visita al parque tecnológico de esta compañía para cogerlas y que su equipo las desarrollara.

El éxito de Steve Jobs fue ver lo valioso que eran todos esos avances del ordenador personal y que Xerox no supo ser consciente de lo que tenía entre manos. Pero por ello los fans de Apple no pueden criticar ni acusar a Bill Gates de aprovecharse de Jobs. Se puede decir que estamos delante de dos personas que operan y analizan el mundo de una forma similar.

Pero no son los únicos. En todas las industrias y a lo largo del tiempo, podemos observar este fenómeno. Y aunque sea por tanto común, no quiere decir que no sea un acto reprochable. Al menos en algunos casos sonados.

No es tolerable…

Y aunque como digo la originalidad en este mundo es un unicornio y todos al final repetimos, si podemos poner nuestro sello y distinción.

Para que se me entienda, muchos tenemos blogs. Y al usar ciertos CMS, pues veremos algunas funciones similares. Ahora bien, cada uno usa su plantilla, imágenes, textos propios… lo que hace que tenga su rasgo original que lo hace único.

Eso está bien y no voy contra eso. Si no a los que plagian e incluso buscan suplantar a otros utilizando nombres similares. O plantillas exactamente iguales.

El caso de actualidad

Y esta última categoría hace poco la comunidad de Bloguers.net la ha vivido. Algunos como bien ha indicado el administrador de esta web, hemos recibido e-mails SPAM de un nuevo sitio.

Que haya un sitio web nuevo no es el problema. El asunto es que rompan las normas de internet que muchos sí respetamos y que nos limitan el crecimiento. O que nos confundan al pensar que es un proyecto conectado con la web que ya existe. Este hecho es injustificable y nadie debería defenderlo ni fomentar.

Y por ello vuelvo a romper una lanza a favor de Bloguers. Un espacio que de verdad me ha dado mucho y que por ello, me ha dolido de manera personal haber visto los actos de este pirata.

Sé que el mundo no va a cambiar estos factores que ya están tan arraigados. Pero si estas líneas sirven para que empezamos a valorar en los creadores y no en quién sale visiblemente… me alegraré un poco.

Porque el hecho que sepamos los nombres de los primeros astronauta pero no de los ingenieros ni los técnicos que lo hicieron posible, es un error que debemos empezar a subsanar.

Halloween… no, gracias

Hola de nuevo a todas y todos. Ya que el lunes rompí con la tendencia de no publicar en este blog, voy a seguir con una cuestión actual. Sí, de esas que si te esperas pierde el interés de la red, con lo que ahora que es su momento… voy a comentaros qué pienso de Halloween.

Una de mis alegrías de este 2020

Además va en cierta medida relacionado con ese escrito. Y es que una de las situaciones que están pasando en este año es que noto que en mi entorno (incluyendo personas como localización), esta festividad ha perdido fuerza. Lo que hace que me sienta mucho más a gusto.

Porque sí, no me voy a ir con rodeos: no me gusta Halloween. Puedo entender que las zonas que no tienen tradiciones en este periodo o que tienen un origen cercano a este evento lo hayáis adoptado. Pero en mi zona sí hay tradiciones para ese día y me duele ver cómo han ido desapareciendo.

Es cierto que no son tan vistosas. Ni tienen actividades asociadas divertidas para los pequeños y los jóvenes. Pero es lo que nos a acompañado y que mi cerebro tiene en su disco duro de la infancia.

Así que perderlas es un dolor que no puedo cuantificar en palabras. Es sentir que estás fallando y que la esencia de ese territorio se está perdiendo. Por ello reconozco que a los amigos mexicanos os tengo mucha admiración por haber conseguido que Día de Muertos sobreviva y tenga tan buena salud.

Halloween light

Pero este año es diferente. Al fin no se ven todos los locales ambientados para Halloween. Si no que se vuelven a ver referencias a la castanyera y en los locales de alimentación en vez de ver bollos que imiten a calabazas o fantasmas, se ven los panelletes como protagonistas exclusivos.

Y lo reconozco: a mi cerebro lo está teletransportando a unos recuerdos que ya pensaba que no existían.

Obviamente alguna referencia hay. Sé que muchos de los que me leéis os gusta la fiesta y la vivís. Por ejemplo los amigos de DesMarketingES que siempre montan algo para el 31 de octubre.

Aunque en especial sé que es una fiesta para los que tenéis pequeños. Por el asunto que los caramelos les chifla. Pero sí tengo que reconoceros que esta tranquilidad y que no sea un bombardeo constante sobre terror y Halloween, era algo que necesitaba.

Y que me da esperanza en ver que las cosas pueden volver. Porque realmente no nos hemos olvidado de ellas.

Cuando vas a contracorriente

Hola a todos y todas. Hace ya unos días que no pasaba por este blog y aunque es cierto que tengo muchas cosas entre manos que hacen que el tiempo sea limitado, lo cierto es que hay otro motivo por el cuál tengo este rinconcito aparcado. Pero ya ha llegado el momento de sincerarme.

Y todo es gracias a Lupusy. La semana pasada cumplió un año en las redes sociales y entre las actividades que realizó, una fue realizar un hilo de reflexión. El cuál me pareció valiente y que me ha animado a realizar esta entrada.

El peso del grupo

No me voy por las ramas y os cuento lo que hace que esté tan parada: una vez más siento que voy a contracorriente. Hace unos años ya me pasó que en mi círculo digital iban con una tendencia positiva mientras a mí, se me caía el mundo encima.

Y vi con horror que muy pocos fueron los que se pusieron en mis zapatos. Es por eso que los que me seguís de hace tiempo sabéis que mi círculo se fue limpiando. Dejando huecos que dolieron pero con el tiempo han sanado porque han llegado personas igual o más increíbles.

Pero esta vez es peor. A mí me suceden las cosas buenas cuando a muchos me consta que son momentos difíciles. Y precisamente por haber vivido esa primera situación, me hace sentir mal el mostrar que aquí hay alegría y un momento feliz.

La felicidad está mal vista

Sí, he sentido que la felicidad en estos momentos está mal vista. Decir que la tienes en algunos círculos se ve mal. Como una falta de respeto, vamos.

Y no lo digo solo por sensaciones, ya que he visto algún caso en redes sociales que han lanzado comentarios muy duros a gente que en ese momento compartía su felicidad. En vez de alegrarse que alguien va bien, se decide hundirle.

Otra señal que he visto que me hace defender que la alegría se obliga a esconder, es la transformación de algunas redes sociales. Particularmente Instagram que era la meca del postureo, sus materiales han cambiado. Y solo se puede mostrar personas con mascarillas (aunque estén en su habitación).

Para finalizar…

Quiero decir que para los que este 2020 sea malo y estéis pensando ya en que pase rápido todo esto para remontar: tenéis mi apoyo y ayuda en todo lo que pueda para que pase ese bache.

Pero si eres una de las personas que en este 2020 están pasando cosas buenas: me alegro de corazón. Y aquí tenéis una persona que no juzgará y compartirá vuestra alegría.

Y para todos, me gustaría que hiciéramos el ejercicio que dice Lupusy en su hilo: buscar el lado positivo. Porque de mi infierno personal os puedo decir que he aprendido que siempre hay algo bueno. Y que nos ayudará a remontar y que en pleno torbellino, consigamos mantenernos firmes.

Miedo a opinar

Hace tiempo que no escribo por este rincón. Es cierto que voy publicando los audios de Marveliana Tecnóloga y aunque alguno piense que es por falta de tiempo que no actualice la sección escrita… realmente sucede otro hecho que hoy me apetece compartir con todo el que se anime a leer las siguientes líneas.

El mal de las redes sociales

Y es que desde que nacieron las redes sociales, hay un fenómeno que ha ido creciendo poco a poco y que en cierta medida a los bloggers (y otras actividades de expresión de opinión) nos ha afectado. Y esto es… esas personas que creen que todo lo que se dice, va por ellas.

Empezó todo hace dos años que me encontré en situaciones que aún a día de hoy, no doy crédito. Mensajes pidiendo explicaciones de porqué decía algo en público y no le escribía, o directamente bloqueos sin decir nada. Y que me enteraba porque aprovechaban para ponerme verde en sus espacios.

Desde ese momento me tocó analizar y tomar decisiones. Como algunos son perfiles muy tóxicos, decidí asumir el cuidar más las entradas e intentar que fueran opiniones sobre servicios y no tanto en opinar sobre lo que me pasaba por la cabeza.

La otra medida fue que no programaría entradas a largo plazo. Por tiempo me gusta ponerme un día y sacar todos los textos de golpe. Y de esta manera si tengo algún imprevisto estoy tranquila porque sé que el blog tiene contenido que ofreceros.

Pero esa experiencia me hizo ver que se abría la puerta para los que ven en los textos segundas intenciones, se creen sus propias películas mentales. Así que me vi obligada a tener que ajustar casi a la hora el contenido, afectando a que como está pasando últimamente… no pueda actualizar esta bitácora al ritmo que me gustaría.

No es suficiente

Pero lo más frustrante es que a pesar de todas esas incomodidades y limitaciones que me supone, siga sucediendo. Y ha llegado al punto que me asquea tanto la posibilidad de que lleguen mensajes desagradables, que cuando obtengo una idea para un artículo interesante, la deseche.

Porque lo que más odio en este mundo es tener que dar explicaciones. Soy firme defensora que todo el mundo tiene derecho a realizar / opinar lo que siente siempre que sea con respeto. Y si a esto añadimos que creo que nunca hay que tomarse los comentarios de otros como ataques personales, entenderéis el motivo de que estas conductas me apaguen tanto. Y que sienta que es perder mi tiempo en cuestiones estériles el tener que argumentar mis textos al ofendido de turno.

Se acabó

Pero hoy es mi momento de decir basta. No pienso autocensurarme ni contestar ninguno de esos mensajes. Que digan o me pongan verde todo lo que quieran. El mundo es más que ellos.

Y a fin de cuentas, no hay que olvidar que este espacio es mío con sus pros y sus contras.