Sin patria

Hace unos días escribí una opinión donde decía que me sentía ciudadana en tierra de nadie. Pues bien hoy debo decir que me equivoqué de términos o quizás no, en aquel momento era eso pero con los acontecimientos ocurridos el primer día de octubre debo decir que… soy una persona sin patria.

En los medios de comunicación está promocionando su última novela la escritora Almudena Grandes y en una de sus intervenciones dijo que no se podía identificar con ninguna bandera ni símbolo y me sentí muy identificada. Me hizo pensar en qué símbolos tengo afinidad o podría considerar que siento como parte mía y lo que me vino fue sobrecogedor: todo lo relacionado con la cultura de USA. ¿Me había vuelto loca? La respuesta es no.

Cómo no identificarme como norteamericana si mi generación se crió con series de ese país (Salvado por la campana, Los problemas crecen, Cosas de casa, Los vigilantes de la playa y un largo etc), sus comidas (era sagrado ir cada viernes al McDonald’s a por una figurita nueva), su música (Bruce Springsteen, Madonna, Michael Jackson…)  y leyendo tebeos de los estudios de ese país como son los de Marvel y DC Comics. Seamos sinceros con nosotros mismos o no es un hecho objetivo: estamos culturizados con lo estadounidense.

Me podéis preguntar cualquier hecho o serie de ahí y muy posiblemente lo conozca, mientras algunos elementos del folclore peninsular ignoraré su existencia. Un ejemplo que ha inundado mi mente es como instrumentos del jazz como puede ser el saxofón algunos compañeros alucinaban en un concierto que nos llevaron como actividad escolar y por mi parte ya era conocido. Pero en cambio en otros conciertos que jugaban la procedencia de los músicos, sonaba una gralla y mientras la gente se ponía loca aplaudiendo, por mi parte hasta que no decía el músico que era catalán me quedaba en la más absoluta ignorancia, pues ese instrumento jamás lo había visto, escuchado ni me habían contado que era de la comunidad catalana.

Pero aunque haya vivido con una influencia norteamericana, eso no me hace serlo. De ahí que aunque podamos observar que varias generaciones tenemos más afinidad con otras culturas (también tenemos los de corazón nipon) que podemos englobar con sentimientos y lazos con los países a las cuales pertenecen, este hecho nos hace ser apatrios.

Es una condena muy amarga, porque aunque estás en el puzzle de España y en el cuadrante de Catalunya, eres incapaz de conseguir que tu pieza encaje. Y muy posiblemente si intentas encajar en el puzzle de USA, tampoco tengas buenos resultados. Terminas aprendiendo que territorialmente no perteneces a nadie.

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Empiezo a no tener miedo. La tiranía de los “fans”

Octubre ha empezado muy revuelto y aunque es un momento para quien opina dorado, como viene siendo habitual no me quiero meter en cuestiones de bandos. Pero callarme una vez más tampoco me da la gana, con lo que voy a utilizar una situación que me ha sucedido para plasmar todas mis emociones.

Hace unos días sucedió un hecho y al ver las reacciones que las redes tenían, decidí dar mi opinión al respecto en Instagram. Sabía que iba a estar en el bando minoritario, pero decidí teclear porque si nadie empieza a contar la verdad, el sector animalista no tendría nunca la oportunidad de ver el otro prisma y que quizás tras un análisis de ese estilo, algunos se replanteen la presencia de los animales en internet.

El debate empezó muy bien. Me demostró que hay más gente concienciada de lo que pensaba y estoy muy contenta que incluso otros compañeros de divulgación del bienestar animal, tengan un discurso cercano y ayuden a seguir extendiendo esta visión de prisma. Los primeros detractores fueron respetuosos, se pudo hablar y aunque siguen pensando igual, seguimos siguíendonos y fue provechoso para ambas partes. Ellos se llevaron información y tomaron conciencia de lo que no se les había contado del problema, por mi parte pude analizar la relación estrecha de redes sociales con las emociones. O mejor dicho: el éxito de algunas campañas es conseguir que la persona se vea reflejada y convierta una causa no suya, como tal.

Una publicación en internet tiene una vida de 24 – 48 horas, así que cuando estaba empezando a archivarla como una experiencia positiva y muy contenta de cómo habíamos hablado ambos lados, han habido unos minutos extra para que lleguen los irrespetuosos y los revienta debates.

Como el escrito dice verdades que no se pueden rebatir con argumentos sólidos, la primera intervención es planteando un hecho que no tiene nada que ver. Lo viví como si estuviéramos hablando de la preparación de una tortilla de patatas donde he descrito los pasos de elaboración y ante la pataleta de no haber argumentos para poner una puntillita, se decide criticar que en la comida la bebida sea un refresco. ¿Desacreditan y hacen no reales estas dos acciones? No. Ambos hechos son diferentes y por tanto, no se pueden enlazar. Aunque lo más llamativo de esta persona fue el final: juzgó y dio por hecho que tenía ciertos pensamientos atribuyéndome ya una respuesta, así que entendí que contestar era una pérdida de tiempo. Con un “gracias por pasar“, terminamos.

El segundo caso empieza a plantear ciertas cuestiones que debo decir que lamento mucho. Empezando similar a la primera (mencionando situaciones y actos que no se pueden comparar con el hilo en cuestión), la finalización es brutal: ya no es juzgarme y no dejarme opinar al respecto, si no que se me exige que borre mi publicación. Como no he cedido, me he quedado como la malísima y de nuevo se me ha juzgado sin saber mi camino recorrido.

¿Dónde está la libertad de expresión? Otros se han posicionado con una postura muy diferente y ni he ido pasando por sus publicaciones juzgándolos de nada ni exigiendo que ya estaban borrándolo todo si querían seguir disfrutando de mi seguimiento. He respetado que quieran apoyar y dar su opinión al respecto. Así que… ¿mi única opción es callarme y guardarme mi visión del tema como se me ha dicho literalmente? Pues cuanta democracia y libertad disfrutamos en las redes sociales.

Los influencers (incluyo en este sector a bloggery vlogger) cada día nos enfrentamos al miedo de opinar diferente. Tienes miedo que si el sector mayoritario comulga con unas ideas, dar otras muy distintas. Y ya ni hablemos de corregir a algún gurú con una legión de seguidores fanáticos, porque va a llegar esa nube a hundirte y si da la casualidad que parte de tus seguidores lo siguen a él, te dejen de seguir. Somos por tanto muy vulnerables y esclavos de nuestros seguidores.

Desde que me animé a estar en YouTube, ha sido una lucha constante. No podía ser contundente con algunas praxis de asociaciones de criadores porque necesitaba tener una cordialidad. Algunos youtubers aunque sus materiales fueran dañinos y estuviera totalmente en contra de lo que planteaban en sus canales, debía estar callada. Y pasado el tiempo debo decir que es un precio a pagar que no compensa.

He aprendido que mantener esos seguidores comunes es una equivocación: realmente no están interesados en lo que les ofreces. Los dos casos negativos que he expuesto me han dejado claro que aunque decían lo contrario en alguna comunicación que me han hecho anteriormente: no han visto mis vídeos ni se han molestado en conocerme. Me lo han demostrado con las acusaciones vertidas, ya que algunas cuestiones han estado tratadas en varios vídeos y ni se les habría ocurrido decirlas. Esto unido a que el número de seguidores no es lo importante, si no que nos interesa la gente que consume nuestros materiales. ¿De qué nos sirve tener un millón de seguidores si sólo lo ve una persona? En particular en YouTube lo fundamental son las reproducciones para facturar y por ello, a los creativos nos duele profundamente cuando alguien hace una pregunta ya contestada o que demuestran que no se han mirado el vídeo que comentan, ya que sabrían la respuesta. Aparece en nuestras mentes “¿de qué sirve el trabajo y esfuerzo que le dedico a cada vídeo?” y si la crisis es muy profunda, decides colgar las botas como una servidora.

Que llegara el momento de publicación del cierre de los canales no ha sido un hecho triste, si no que ha sido una auténtica liberación. Sigo en otras redes sociales pero he aprendido de los errores del pasado y no los voy a repetir. ¿No estás dispuesto a permitirme tener mi opinión y plasmarla de forma respetuosa? No pasa nada: ha sido un placer compartir el camino conjunto pero ahora, toca recorrerlo con otra compañía.

Este relato lo podéis cambiar en temas políticos, ideológicos, religiosos, deportivos y veréis que el problema siempre es el mismo: no aceptar que otra persona pueda opinar diferente. Aunque nos han puesto un traje de civilizado y democrático, realmente en nuestra alma tenemos pequeños dictadores. Yo me di cuenta y voy puliendo, dejando los comentarios negativos (aunque insulten) públicos, no entrando en discusiones (debatir no es discutir), escuchando y no juzgando al que tiene pensamientos diferentes a los míos. ¿Os sumáis? Espero que sí, porque entonces es cuando realmente empezaremos a conseguir cambios más grandes.

Adiós miedo, mis teclas van a estar muy activas.

Mano tecleando

Hedwig Kudo

Exclusividad. La clave del éxito

Cuando empezamos a tener una presencia cibernética, se nos presentan dos dudas: ¿debo estar en todas las plataformas que existen? ¿Qué contenidos debo publicar en mis espacios habilitados? Hay muchos puntos de vista y son todos válidos, pero si valoramos que el tiempo invertido sea provechoso, estas dos preguntas se deberían responder en: céntrate en no más de tres espacios y potencia los materiales que la gente más consuma en cada rincón virtual.

Como persona que utiliza todos los elementos posibles que le ofrece internet os puedo decir que es inviable llevar aceptablemente la presencia en todas las redes sociales que existen en la actualidad. Querer estar en todas pasa factura y no te permite tener momentos de respiro necesarios para que la creatividad se despierte. No es casualidad que las personas que se centran en una única red (grandes ejemplos los encontramos en Facebook y Twitter) la calidad de sus publicaciones son destacables frente al que quiere abarcar más presencia, que termina dejando algunas redes abandonadas y sin transmitir cercanía a sus seguidores.

Experimentar está bien y en el campo del Social Media es una obligación para saber qué tenemos entre manos si algún proyecto por el público objetivo debemos de utilizar redes sociales alternativas, saberlas gestionar correctamente. Pero para un uso diario, mi conclusión es la ya mencionada: intentar no superar los tres espacios. Luego podemos tener redes alternativas que sean para recoger ideas o ir apareciendo esporádicamente, a modo de hobby.

Ahora toca contestar: ¿ofrecemos exactamente los mismos materiales o damos exclusividad? Aunque la lógica de querer estar en todos los sitios posibles te hace pensar en hacer una publicación estándar, tomar esa estrategia puede convertirse en nuestra quimera particular. Cada red social tiene un tipo de audiencia y si queremos además atraer a que nos sigan en todos los espacios que suelen visitar, si saben que lo que publicas en Instagram lo van a ver en Facebook, va a ser un fracaso.

Y más si recogemos los datos del modo Stories de Instagram o Snapchat. ¿Qué las hace atractivas para que la gente quiera verlas? La exclusividad. El saber que esa publicación sólo va a poderse ver durante 24 horas obliga a que los usuarios tengan la necesidad de verlos. Desde que he emigrado mi actividad en vídeo a Stories he podido comprobar este hecho: tengo más espectadores en ellas que en mis publicaciones de mi perfil de Instagram. Y esta conclusión es la que me ha hecho tener una visión global de todos mis espacios en la red: cada uno debe tener algo que lo haga especial y apetecible.

De esta manera mi cuenta de Twitter es un rincón de opinión. Muchas de mis impresiones y sentimientos sólo se pueden saber visitando esa red social. En mi página de Facebook he decidido que sea el rincón de ir escribiendo reseñas cinéfilas. La primera que se puede disfrutar es Kingsman: El círculo dorado. Cuando quiero realizar alguna opinión de medio ambiente o animalista, me dirijo al Facebook de Universo Agapornis. La tercera piedra angular es mi cuenta de Instagram. Es el lugar más personal y donde realizo análisis de libros. Incluso la cuenta de seguidores  Hedwinianos por el mundo de esa red social el trabajo que realizamos es que aparezcan materiales exclusivos, así quién no quiera perderse nada, debe seguir los dos lugares. Y este espacio en el que estamos ahora, ha quedado para opinar sobre tecnología y mis pensamientos más densos que 140 caracteres no me permiten plasmar.

Las temáticas están escogidas a conciencia. He tenido unos meses de experimentar y analizar los movimientos para saber qué audiencia tenía en cada rincón y qué era lo mejor ofrecerles. De ahí que probar no sea malo, si no que es beneficioso siempre y cuando terminemos haciendo el paso de análisis y plasmando los resultados obtenidos.

Así que como dice el título: si queréis tener una presencia destacable y que se pueda llamar de influencia, buscad la exclusividad que podéis ofrecer al resto de usuarios que estamos en la red. E incluso si queréis estar en más de una red social, mirad qué vais a ofrecer como exclusividad de vosotros mismos para que valga la pena seguiros en todo internet.

Charla sobre loros que realicé en 2012

Ciudadana en tierra de nadie

Uno de los puntos que sé que me ha costado no prosperar en ambientes como Twitter es el no haber tratado ciertos temas, particularmente sobre política. En una era que se mira la presencia en línea para los trabajos da mucho respeto, y te lo piensas más cuando acabas de dejar un proyecto muy politizado. Pero como estoy harta de los últimos movimientos vividos, he decidido contar que siento de lo que andamos viviendo en Catalunya.

El título de la entrada ya deja clara mi postura: me siento fuera de lugar. En 2012 un periodista de radio hizo una reflexión en su programa que me sentí muy identificada: comentaba que no era independentista y por ello tenía las quejas de sus amistades de esta zona. Era incluso denominado como facha. Pero cuando iba a la capital a trabajar y escuchaba el discurso del nacionalismo español y les contestaba dando su visión, para esa gente era independentista. Entendí tan bien esas palabras y las compartía, que cuando alguien me preguntaba sobre el tema sacaba ese fragmento para contestar.

Y me entristece haber llegado a esta situación porque antes había respeto y convivencia. Una profesora cuando era un tapón comentó en la televisión: se había pasado de que las aulas catalanas se hablara en castellano y en el recreo catalán, a que las clases fueran impartidas en catalán y los estudiantes fuera se comunicaran en castellano. Me he criado con esa cordialidad y con esa presencia de la lengua castellana utilizada sin ningún problema, incluso algunos de mis profesores de universidad impartían las clases con ella y no el catalán. Hecho que ha ido cambiando y he podido ver discriminación en algunos sectores.

El otro punto es el de integrarte en la ciudad que vives. En mi etapa de estudios obligatorios me sentí muy aislada y con una necesidad de coger la maleta e irme fuera. Por suerte llegó la universidad y cambió hasta el punto de encontrar un equilibrio al ver otra realidad, pero ahora que veo ciertas ideologías han cogido el poder y se asienta el fanatismo que me tocó vivir en esa etapa estudiantil… vuelvo a sentirme en tierra de nadie.

Así que me dirijo al 1 de octubre con miedo: haga lo que haga, puedo recibir represalias de ambos lados. Voy a sufrir recortes e incomodidades. No veo una casualidad que desde que está la situación actual la conexión a internet vaya peor, y el sentirme incómoda en mi ciudad o coartada en expresarme. No me invita a echar raíces, a prosperar… ¿para qué empezar un negocio/trabajo si quizás dentro de poco hay que dejarlo porque me tengo que ir? Impera más que nunca en mi persona el vivir el día a día y pensar en lo que necesito en el presente. Proyectar el futuro es una acción no disponible.

Estas entradas suelo acompañarlas de imágenes, pero esta vez simplemente va a ser texto. No tengo ninguna etiqueta, ninguna identificación… porque estoy en tierra de nadie.

¿Te metes dónde no te llaman?

Hace unos días vi un mensaje privado que recibió un gran Hedwiniano y me quedé con las ganas de dar mi opinión. No lo hice porque el hilo había cogido una dinámica y tenía ciertas burlas que no me gustó. Además con eso que ya solo con reaccionar a una publicación tienes responsabilidades, una se lo piensa mucho. Así que realicé una publicación en mi página de Facebook y para que no se pierda, la quiero dejar en este blog.

En ese mensaje se le insultaba por haber participado en uno de los miles de debates que se crean en los grupos de Facebook. Nadie se lo planteó, pero a mí cuando me ha ocurrido siempre me ha hecho preguntarme: ¿me he metido donde no me llamaban? Y aunque al principio mi análisis era uno, en la actualidad tengo una visión muy diferente.

Y es que realmente cuando ocurren estos conflictos es porque hemos metido las narices donde no nos llamaban. Ya sea con buena intención como habrá sido el caso que me hace escribir estas líneas o si estamos delante de una persona con baja autoestima y aprovecha los grupos para soltar tochos para destacar. Aunque lo que suelte no tiene nada que ver con la publicación en cuestión, ella lo dice y se queda toda happy.

Durante los años que he participado en comunidades de loros, he aprendido que si alguien no pregunta, no comentes. Aunque veas algo incorrecto no lo aceptará, despertarás su emoción de Ira y muy posiblemente terminaras con un mensaje precioso y con el sofocón de turno.

Vivimos en un mundo de aparentar en redes para refugiarnos del sufrimiento que tenemos en nuestra vida, así que la gente no quiere correcciones ni que nadie le haga ver alguna carencia. Simplemente enseñan para demostrar que son los más molones o la pregunta realmente no es para salir de dudas, si no que buscan una justificación de que van a obrar correctamente y que no les pese su conciencia.

Es por eso que hace unos meses decidí salir de absolutamente todos los grupos de loros que pertenecía. Paso de ver publicaciones donde simplemente las respuestas aceptadas son “qué bonito”, “que suerte”, “lo que piensas es totalmente correcto” y el realizar debates no es aceptado.

Desde ese momento mi parcela es dejar que la gente haga y no opinar si no se me pide. Se podría decir que sigo la filosofía «el maestro aparece cuando el discípulo está preparado».

Hedwig con Anger

Algún día…

«Un día de estos tenemos que hacerlo». ¿Cuantas veces mencionamos estás palabras? Nos parece que todo es eterno, pero… en un momento dejas de poderlas pronunciar porque la opción «algún día» ya no es posible. Ese lugar no existe o con la persona que tenías planeado vivirlo ya no está a tu lado. Te has pasado fantaseando una situación la cual jamás vas a experimentar, perdiendo el tiempo por tanto en pensamientos estériles.

Hace un año tuve una de estas experiencias con mi padre. Había descubierto un restaurante que le había gustado y acordamos en que organizaríamos una comida para ir ahí. Y ese momento no se celebró ni se celebrará.

Es curioso que siempre vivo el presente, pero el 4 de octubre del 2016 me vinieron al instante todos los momentos que viviría a partir de entonces y que él no iba a estar. Que desde ese día una silla estaría vacía.

El destino a veces es muy caprichoso y quiso que durante seis meses trabajara al lado de esa franquicia de restauración. Por lo descrito anteriormente era muy doloroso el entrar, pero el último día en un acto de valor, entré. Mis ojos revisaron cada rincón, decidí hacer una buena comida a su salud y brindar al aire. Le dediqué y evoqué mis impresiones del lugar mirando esa silla vacía que me acompaña.

Algún día...

Vuelven las varitas y la magia a nuestras vidas

En los años 2000 miles de personas fuimos tocados por la magia. Daba igual nuestra edad, condición y toda etiqueta que se os ocurra: tener entre tus manos el libro del chico de la cicatriz, dejaba huella. El fenómeno fue tal que llegaron las películas y con ello, más gente se sumó a la pottermanía, haciendo que sea el fenómeno del siglo y que si la lectura ha vuelto a recobrar adeptos, sea gracias a la autora JK Rowling. Seguir leyendo