No necesitamos más chicos buenos armados

La semana pasada los Estados Unidos de América la cerró con una gran desgracia: un nuevo tiroteo en una de sus escuelas. Fue en Florida y además de haber sido asesinados 17 estudiantes, ha dejado dolor, rabia, secuelas en los supervivientes y ha abierto nuevamente el debate de la regulación de las armas, pues lo triste de la historia es que el tirador era un estudiante de ese centro.

Es un tema que muchos diréis que es lejano, que no me incumbe y aunque una parte de mi ser os da la razón, la otra tuvo mucho dolor con la noticia y tras algunos comentarios, necesita plasmar las líneas de esta semana a esta cuestión. Porque como ya dije hace unos meses, me he criado con elementos de su cultura y no dejo de pensar que quizás sin esta cuestión me animaría a visitarlo o incluso a plantearme irme a vivir a ese país.

Volviendo al tema de la semana: se han vertido muchos comentarios, algunos intentando que el foco de atención se ponga en otras cuestiones diferentes a la tenencia de armas como puede ser los problemas mentales. Otros sí se han metido en la cuestión pero planteando soluciones que para nada veo que sean correctas. Y son estas últimas opiniones las que mi escrito va destinado.

Porque la solución no es poner más armas en las calles. Los chicos buenos no deben ir armados para protegerse de los “malos”. Como dijo un filósofo que visitó mi escuela, el contacto con las armas (y particularmente las de fuego) despierta en el ser humano unos instintos insanos. En esa charla esta persona agradecía a su padre que nunca permitiera que tuviera acceso a estas, incluso aunque fueran de juguete. En ese momento no lo entendí y lo tildé de exagerado, pero desgracias como las que se vivieron en Florida te hacen analizar de nuevo todos los aspectos sobre la cuestión.

Aunque lo peor es comprobar que la gente ya sabe lo que de verdad funciona y cuál es el camino, pues en las zonas más sensibles de violencia los programas que logran sus frutos son los que ofrecen a los jóvenes una oportunidad de futuro. Ya sea por el deporte, el lado artístico o los estudios, son armas más efectivas en conseguir sociedades no bélicas, que poniéndoles una arma de fuego en sus manos y enseñarles a utilizarlas. Pero sabiéndolo, no movemos ni un dedo en la solución real y efectiva.

Este fin de semana en un programa de televisión se trató el odio en las redes, hecho que creo que está relacionado con este aspecto. Es sin duda el mismo germen, sólo que en las redes se queda en una amenaza y por tener nuestro país una legislación estricta con la tenencia de armas, el riesgo de la segunda fase no aparece. Pero en otros como USA, termina explotando con episodios tan tristes.

Y es por esto que la moraleja de la semana la quiero enfocar en que debemos de cambiar de una vez por todas la envidia y odio que nuestra sociedad está empezando a inyectar a todas las personas, pero especialmente a la juventud. Estamos teniendo personas cada vez más agresivas, menos tolerantes y lo que invita a pensar de cara al futuro es que terminemos siendo nuestra propia destrucción por las conductas que estamos desarrollando. Si ahora mismo muchos piensan que vivimos en el 1984 de George Orwell,  mi mente empieza a contemplar que escenarios como el que se cuentan en Divergente serán el siguiente capítulo si no empezamos a aplicar las verdaderas soluciones.

Las últimas líneas quiero dedicarlas a darles todo el calor posible a las víctimas de este terrible suceso ocurrido en Florida. Tanto a las familias y amigos que se están mentalizando de las pérdidas, como los supervivientes que están intentando recuperar el ritmo en su vida. Fuerza y ánimo para todos.

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Mujer tenía que ser

Mi primer pensamiento consciente lo tengo grabado a fuego en mi memoria. No porque fuera revolucionario o porque el momento fuera exclusivo (por el contrario, es lo más simple que podemos encontrarnos), si no porque me sigue sorprendiendo que una niña de poco más de cuatro años tuviera ese análisis. Me maldije por ser una chica.

No fue un sentimiento como el que pueden experimentar las personas transgénero, si no que en alguna parte de mi mente ya sabía que tener el cuerpo de este género era un obstáculo y una vivencia más dura. Y a mis treinta años el colapso es inaguantable.

Estoy harta que en pleno siglo de supuestos avances los problemas siguen siendo los mismos. El género femenino sigue teniendo las mismas normas y tabús que en los pasados. Ver a una mujer sin depilar que se le considere sucia, con un tipo de estilismo considerarla marimacho y un sin fin de pensamientos sociales que se nos aplica a nosotras pero a nuestros compañeros masculinos, no. Hecho que debería ser inaceptable.

Y ya no hablamos del terreno laboral. ¿Cómo puede ser que en dirección de empresas o las figuras en primera línea sigamos siendo anécdotas? Me sorprende particularmente profesiones como las gastronómicas que a nivel familiar siempre recae en las féminas cuando se transforma a laboral no sean visibles. Si no que ellos siguen reinando.

En terrenos de autoaprendizaje o de emprender también tenemos patentes estas barreras. He podido participar en ciertos sectores que entrar y prosperar sin estudios superiores es posible si le dedicas tiempo. Son espacios que me encantan por su naturaleza, pero el pasado año llegué a mi límite de aguantar y empecé a estudiarlo con números y estadísticas. Y es sorprendente que nuevamente ser hombre facilita y abre más puertas, dejando a las mujeres en un segundo plano o si quieren destacar, deben dedicarse a ciertas actividades de la cultura “mujer objeto”.

Tampoco me parece justo que cuando sufrimos algún tipo de abuso, la culpa siempre recaiga en nosotras. Es triste tener que decir que ciertas zonas, horarios y vestimentas no podemos ir solas. Que la primera medida de defensa tenga que ser “perdona pero ya tengo pareja”. Que no sirva un simple “gracias, pero no me apetece ir contigo”.

He sido por ello una rebelde y me he negado a aceptar esta realidad. Ahora con la crisis y por situaciones personales me ha tocado bajarme de esa postura y ser más realista aceptando algunos clichés de esta sociedad tan injusta. Pero aprovechando que está resurgiendo fuertemente el movimiento feminista he querido confesar este pensamiento que me acompaña desde hace tanto tiempo y ojalá que si algún día pudiera ver a esa niña de nuevo, le pueda decir que está equivocada porque en este mundo sí ha terminado existiendo la igualdad.

Mi pesadilla se llama procés

Muchos se atreven a hablar de forma colectiva, hecho que no es cierto porque cada persona tiene su propia realidad. Es por eso que en el título he querido dejar claro que es mi proceso. Es lo que me ha tocado vivir, sufrir y experimentar con el monotema político. Pero no quiere decir que el procés que ha sufrido la comunidad catalana haya afectado a todos por igual o vean las mismas pegas. Hecha la aclaración, comentar que lo voy a estructurar en dos bloques: social y laboral.

Contexto social

Sí me ha afectado en mi círculo. Pero no porque haya perdido amistades (si revisáis mis contactos sigo teniendo gente independentista, no definidos o unionistas), si no porque siento que he perdido libertades. Soy esa parte que prefiere no opinar y cuando se toca el monotema, desaparece. Porque es triste tener que decir que no estamos en un fenómeno que se pueda hablar, si no que ambos lados sus militantes son extremistas.

Incluso llegó un momento que esta guerra de banderas me asqueó tanto que tuve que apagar el mundo digital. Era un acoso constante y un bombardeo de publicaciones, hilos de insultos y unido a que la ciudad de Barcelona se encontró secuestrada por manifestaciones y no podía salir a recoger instantáneas para mis redes sociales, necesité huir.

Me ha creado tal ansiedad que aunque ya he ido volviendo al espacio 2.0., sigo sin sentirme a gusto. Confieso que mi vuelta también viene dada a que he encontrado refugios para hablar de otros temas (libros y películas principalmente). Apenas reviso perfiles personales y los grupos de mensajería instantánea siguen en cuarentena hasta que de una vez no sea actualidad.

Contexto laboral

Es la parte que menos gracia me hace de esta situación política. Actualmente estoy en busca de empleo y por mucho que llame puertas, no se abre ninguna. Hay ofertas, pero son pocas y ciertos sectores que antes hubieran estado, es cierto que se nota un frenazo y han pasado estas empresas al estado “esperando a ver que ocurre”.

Una de las anécdotas que tengo es como desapareció una oferta de trabajo porque coincidió que el proceso de selección empezaba la semana más movida. La entrevista de selección para conocer la empresa y comenzar todo el engranaje (era una oferta donde se debía de realizar un proyecto de prueba) era justo uno de los días de huelga. Se canceló al instante.

Es una frustración indescriptible encontrarte en este supuesto y no conseguir ver la luz del túnel que anuncie que termina todo esto. Ha sido tal el malestar que reconozco que he llegado a empezar a tener en cuenta ofertas fuera de la comunidad como válvula de escape.

Conclusión final

Mojarte en esta cuestión política es perjudicarte. Entiendo que muchos no quieran o incluso como me ocurre a mí solo vea problemas, más porque nuestras prioridades e intereses son diferentes: queremos tranquilidad, economía para poder pagar nuestras facturas y vivir.

Otra cosa son los agentes políticos que se han mostrado ambiguos. No es una cuestión que en ese ámbito se pueda dar, pues las propuestas de legislación te obliga al menos a ser más partidario de una de las partes. El procés no es una cuestión de medias tintas, si no que tenemos una moneda donde hay una cara y una cruz y sólo puedes estar en uno de los lados.

A mí no me gusta ninguna de las posturas extremistas, pero he crecido en la Unión Europea. Esto me hace ser una persona que cree que el camino es destruir las fronteras e ir a un mundo unitario. No fraccionarlo más. Así que por ello políticamente me puedo encontrar más cercana a un bando constitucional e intentar trabajar en mejorar y modificar lo que nos ha quedado anticuado y ya no funciona, que poner una valla más.

Me despido de vosotros con el anhelo de poder venir muy pronto con las noticias que al fin mi pesadilla ha desaparecido. Que ya veo la luz del Sol.

Sota, caballo, rey

Hay una infinidad de cuestiones que no entiendo, pero quizás la que más tiempo me persigue y es un constante desafío son las tradiciones. ¿Por qué debemos aceptar o realizar ciertas cuestiones por obligación?

Desde que tengo uso de razón es algo que siempre me ronda por la cabeza. Y es que nunca he entendido porque por el simple hecho de haber nacido con el género femenino se me exigen ciertas actitudes, un físico concreto, tener que utilizar ciertas vestimentas o un camino establecido de pareja e hijos. Y ha llegado a un nivel de indignación indescriptible cuando he observado que el otro género ha sido más protegido. No veo lógico que si socialmente una mujer es “sucia” por no estar depilada al máximo, no se le aplique ese juicio de valores a un hombre con mucho bello. Es incluso insultante observar como algunas mujeres defienden y justifican al “macho” peludo y a otra fémina la crucifican si no se ha pasado la cera de turno.

 Es por ello que durante todos estos años he tenido una cruzada personal contra todos estos tabús alegando que debían desaparecer o en algunos aspectos equipararse y evaluar a todos con la misma barra de medir. Y por estos principios soy respetuosa y nunca juzgo ni señalo a nadie por sus creencias, forma de ser ni de vestir. Porque creo que todas las personas somos libres de ser como nos plazca.

El tiempo nos ha hecho evolucionar y cada vez se van viendo más avances, pero a pesar de estas noticias positivas las bases de nuestras sociedades son estructuras tradicionalistas. Se observan pocas sorpresas y al estudiar las vidas de tus allegados, observas que sus vidas son puros patrones.

Un ejemplo de este hecho es que acabamos de abandonar uno de los periodos más monótonos: la navidad. Hemos visto casas con motivos de esta festividad e instantáneas calcadas en cada uno de los perfiles de nuestros contactos. Y mi pregunta es: ¿por qué debemos hacerlo?

A mí me resulta más divertido regalar fuera de temporada, me transmite más. Un regalo de navidad es obligatorio, no lo deseas hacer y es puro compromiso. En cambio si por ejemplo en mayo paseando tropiezas con algo que te hace pensar en esa persona, decides comprarlo y regalárselo aunque no sea una fecha señalada… entonces es un verdadero regalo, porque realmente se ha puesto sentimiento. Es una práctica que la realizo bastante y por ello puedo decir que son momentos que llenan. Incluso alguna amistad tiene esta filosofía y al haberlo recibido de su parte, os puedo decir que son los regalos que más me han emocionado y he disfrutado.

Otro beneficio de ir a contracorriente son los viajes. Hace años que realizo las vacaciones a destiempo, hecho que me ha permitido disfrutar de menos condensación de turistas o poder encontrar ofertas interesantes para destinos que en temporada alta destrozan el bolsillo.

Así que como primera entrada del año, me gustaría invitaros a ir dejando un perfil previsible como sería que en la baraja primero viene la sota, después el caballo y cierre el rey, para transformaros en personas libres y que deciden celebrar cada día como una fiesta o si se quiere, que la navidad no sea de blanca nieve, si no que se puede celebrar un agosto con arena de playa.

Árbol mágico

Cuando quieres cambiar y no te dejan

Los más observadores habréis podido comprobar que llevo unos meses sin apenas publicar. Y tras encender el ordenador por ser plena campaña de navidad y estar preparando envíos de mi libro Universo Agapornis, he decidido hacer un hueco y explicar el porque de este hecho. Os aviso que no es difícil de entender, así que prometo que no se hará pesado leer las siguientes líneas.

En 2010 empecé a tener una presencia cibernética notable al tomar la decisión de formar parte de la bloggosfera y hacer carrera en ese ámbito que ha evolucionado a la figura del influencer. En el escalafón de micro tuve claro que se necesitaba tener interacción con compañeros y con los fans, así que tomé el rol de persona cercana y participar en todo lo que se me pedía. Pero desde septiembre este hecho ha sufrido un giro de 180º al bajarme de ese carro.

Nunca he sido una persona de compartir detalles de mi vida personal, sino que he enfocado mi actividad en asistir a eventos y la divulgación de los cuidados y manejo de los agapornis. Así que cuando decidí colgar las botas en lo referente a los animales, se me planteaba un enigma difícil de plantear: ¿qué publicar en las redes sociales que aún me gusta utilizar e interactuar?

Estuve haciendo pruebas durante unos meses, pero llegó una semana que fue necesario frenar en seco. Llevaba un par de días que me costaba encontrar publicaciones para compartir e incluso en algunos espacios resultaba demasiado monótono. Odio los perfiles que repiten una y otra vez exactamente las mismas publicaciones y al empezar a convertirme en uno de ellos, decidí cambiar de una vez la estrategia y asumir definitivamente que al estar actualmente por hobby en esos espacios, no tengo la obligación de realizar una publicación diaria y notoria en los espacios virtuales.

En lo referente a interactuar con otras personas me he encontrado con un problema: muchos no asumen el cambio de rumbo y me exigen ser la misma persona que cuando empezó en las comunidades de foros en 2006, hecho que no puedo ofrecerles porque el paso del tiempo me ha cambiado y como llevo repitiendo desde septiembre: he iniciado una nueva etapa. Resulta desesperante observar que no se entiende (o se respeta) las decisiones de una y por más que te esfuerzas en que sea aceptado, no culminan.

Crea un sentimiento de frustración e impotencia mezclado con la culpa, que te atrapa en un bucle del cual cuesta salir. En estos años he sido testigo de compañeros que han querido dar un golpe de timón a su actividad (sea creativa o laboral) y siempre ha terminado de una forma brusca: borrando toda su trayectoria y empezando desde cero. Es un hecho que no me ha gustado porque nuestro pasado está bien que siga disponible para que entiendan nuestra evolución. Incluso para una misma es útil poder observar el camino recorrido hasta la fecha. Pero tristemente debo decir que es la única vía que veo factible si quieres tranquilidad y avanzar.

El primer aviso fue en 2014. Tras mi formación y mis años de experiencias con psitácidas modifiqué mi visión de los animales y de la cautividad, hecho que no me permitía continuar con los materiales que había realizado hasta ese momento. Así que empecé un nuevo trabajo y una nueva disciplina que no fue aceptada. Y con esto no quiero decir que perdiera audiencia, si no que me encontré con la situación que se me exigía publicar y contestar ciertas cuestiones que a día de hoy repudio y no comparto. ¿Qué solución tuve que aplicar? Borrar mis trabajos antiguos.

El segundo ha sido ahora con este nuevo cambio de rumbo. Como no quiero borrar nada ha tocado otra solución drástica e impopular: utilizar el silencio. Apartarme de ciertos sectores, e ignorar ciertos comentarios / usuarios. De esta manera mi trabajo sigue disponible para el que desea revisarlo, pero me aparto y lo excluyo de mi vida.

Me encantaría poder mantenerlo y que no fuera una losa, pero a día de hoy es inviable porque muchos no lo permiten. Así que si queréis que vaya volviendo a estos rincones cibernéticos: respetar mi nueva etapa y haced que me sienta cómoda y no condicionada, por favor.

Sin patria

Hace unos días escribí una opinión donde decía que me sentía ciudadana en tierra de nadie. Pues bien hoy debo decir que me equivoqué de términos o quizás no, en aquel momento era eso pero con los acontecimientos ocurridos el primer día de octubre debo decir que… soy una persona sin patria.

En los medios de comunicación está promocionando su última novela la escritora Almudena Grandes y en una de sus intervenciones dijo que no se podía identificar con ninguna bandera ni símbolo y me sentí muy identificada. Me hizo pensar en qué símbolos tengo afinidad o podría considerar que siento como parte mía y lo que me vino fue sobrecogedor: todo lo relacionado con la cultura de USA. ¿Me había vuelto loca? La respuesta es no.

Cómo no identificarme como norteamericana si mi generación se crió con series de ese país (Salvado por la campana, Los problemas crecen, Cosas de casa, Los vigilantes de la playa y un largo etc), sus comidas (era sagrado ir cada viernes al McDonald’s a por una figurita nueva), su música (Bruce Springsteen, Madonna, Michael Jackson…)  y leyendo tebeos de los estudios de ese país como son los de Marvel y DC Comics. Seamos sinceros con nosotros mismos o no es un hecho objetivo: estamos culturizados con lo estadounidense.

Me podéis preguntar cualquier hecho o serie de ahí y muy posiblemente lo conozca, mientras algunos elementos del folclore peninsular ignoraré su existencia. Un ejemplo que ha inundado mi mente es como instrumentos del jazz como puede ser el saxofón algunos compañeros alucinaban en un concierto que nos llevaron como actividad escolar y por mi parte ya era conocido. Pero en cambio en otros conciertos que jugaban la procedencia de los músicos, sonaba una gralla y mientras la gente se ponía loca aplaudiendo, por mi parte hasta que no decía el músico que era catalán me quedaba en la más absoluta ignorancia, pues ese instrumento jamás lo había visto, escuchado ni me habían contado que era de la comunidad catalana.

Pero aunque haya vivido con una influencia norteamericana, eso no me hace serlo. De ahí que aunque podamos observar que varias generaciones tenemos más afinidad con otras culturas (también tenemos los de corazón nipon) que podemos englobar con sentimientos y lazos con los países a las cuales pertenecen, este hecho nos hace ser apatrios.

Es una condena muy amarga, porque aunque estás en el puzzle de España y en el cuadrante de Catalunya, eres incapaz de conseguir que tu pieza encaje. Y muy posiblemente si intentas encajar en el puzzle de USA, tampoco tengas buenos resultados. Terminas aprendiendo que territorialmente no perteneces a nadie.

Empiezo a no tener miedo. La tiranía de los “fans”

Octubre ha empezado muy revuelto y aunque es un momento para quien opina dorado, como viene siendo habitual no me quiero meter en cuestiones de bandos. Pero callarme una vez más tampoco me da la gana, con lo que voy a utilizar una situación que me ha sucedido para plasmar todas mis emociones.

Hace unos días sucedió un hecho y al ver las reacciones que las redes tenían, decidí dar mi opinión al respecto en Instagram. Sabía que iba a estar en el bando minoritario, pero decidí teclear porque si nadie empieza a contar la verdad, el sector animalista no tendría nunca la oportunidad de ver el otro prisma y que quizás tras un análisis de ese estilo, algunos se replanteen la presencia de los animales en internet.

El debate empezó muy bien. Me demostró que hay más gente concienciada de lo que pensaba y estoy muy contenta que incluso otros compañeros de divulgación del bienestar animal, tengan un discurso cercano y ayuden a seguir extendiendo esta visión de prisma. Los primeros detractores fueron respetuosos, se pudo hablar y aunque siguen pensando igual, seguimos siguíendonos y fue provechoso para ambas partes. Ellos se llevaron información y tomaron conciencia de lo que no se les había contado del problema, por mi parte pude analizar la relación estrecha de redes sociales con las emociones. O mejor dicho: el éxito de algunas campañas es conseguir que la persona se vea reflejada y convierta una causa no suya, como tal.

Una publicación en internet tiene una vida de 24 – 48 horas, así que cuando estaba empezando a archivarla como una experiencia positiva y muy contenta de cómo habíamos hablado ambos lados, han habido unos minutos extra para que lleguen los irrespetuosos y los revienta debates.

Como el escrito dice verdades que no se pueden rebatir con argumentos sólidos, la primera intervención es planteando un hecho que no tiene nada que ver. Lo viví como si estuviéramos hablando de la preparación de una tortilla de patatas donde he descrito los pasos de elaboración y ante la pataleta de no haber argumentos para poner una puntillita, se decide criticar que en la comida la bebida sea un refresco. ¿Desacreditan y hacen no reales estas dos acciones? No. Ambos hechos son diferentes y por tanto, no se pueden enlazar. Aunque lo más llamativo de esta persona fue el final: juzgó y dio por hecho que tenía ciertos pensamientos atribuyéndome ya una respuesta, así que entendí que contestar era una pérdida de tiempo. Con un “gracias por pasar“, terminamos.

El segundo caso empieza a plantear ciertas cuestiones que debo decir que lamento mucho. Empezando similar a la primera (mencionando situaciones y actos que no se pueden comparar con el hilo en cuestión), la finalización es brutal: ya no es juzgarme y no dejarme opinar al respecto, si no que se me exige que borre mi publicación. Como no he cedido, me he quedado como la malísima y de nuevo se me ha juzgado sin saber mi camino recorrido.

¿Dónde está la libertad de expresión? Otros se han posicionado con una postura muy diferente y ni he ido pasando por sus publicaciones juzgándolos de nada ni exigiendo que ya estaban borrándolo todo si querían seguir disfrutando de mi seguimiento. He respetado que quieran apoyar y dar su opinión al respecto. Así que… ¿mi única opción es callarme y guardarme mi visión del tema como se me ha dicho literalmente? Pues cuanta democracia y libertad disfrutamos en las redes sociales.

Los influencers (incluyo en este sector a bloggery vlogger) cada día nos enfrentamos al miedo de opinar diferente. Tienes miedo que si el sector mayoritario comulga con unas ideas, dar otras muy distintas. Y ya ni hablemos de corregir a algún gurú con una legión de seguidores fanáticos, porque va a llegar esa nube a hundirte y si da la casualidad que parte de tus seguidores lo siguen a él, te dejen de seguir. Somos por tanto muy vulnerables y esclavos de nuestros seguidores.

Desde que me animé a estar en YouTube, ha sido una lucha constante. No podía ser contundente con algunas praxis de asociaciones de criadores porque necesitaba tener una cordialidad. Algunos youtubers aunque sus materiales fueran dañinos y estuviera totalmente en contra de lo que planteaban en sus canales, debía estar callada. Y pasado el tiempo debo decir que es un precio a pagar que no compensa.

He aprendido que mantener esos seguidores comunes es una equivocación: realmente no están interesados en lo que les ofreces. Los dos casos negativos que he expuesto me han dejado claro que aunque decían lo contrario en alguna comunicación que me han hecho anteriormente: no han visto mis vídeos ni se han molestado en conocerme. Me lo han demostrado con las acusaciones vertidas, ya que algunas cuestiones han estado tratadas en varios vídeos y ni se les habría ocurrido decirlas. Esto unido a que el número de seguidores no es lo importante, si no que nos interesa la gente que consume nuestros materiales. ¿De qué nos sirve tener un millón de seguidores si sólo lo ve una persona? En particular en YouTube lo fundamental son las reproducciones para facturar y por ello, a los creativos nos duele profundamente cuando alguien hace una pregunta ya contestada o que demuestran que no se han mirado el vídeo que comentan, ya que sabrían la respuesta. Aparece en nuestras mentes “¿de qué sirve el trabajo y esfuerzo que le dedico a cada vídeo?” y si la crisis es muy profunda, decides colgar las botas como una servidora.

Que llegara el momento de publicación del cierre de los canales no ha sido un hecho triste, si no que ha sido una auténtica liberación. Sigo en otras redes sociales pero he aprendido de los errores del pasado y no los voy a repetir. ¿No estás dispuesto a permitirme tener mi opinión y plasmarla de forma respetuosa? No pasa nada: ha sido un placer compartir el camino conjunto pero ahora, toca recorrerlo con otra compañía.

Este relato lo podéis cambiar en temas políticos, ideológicos, religiosos, deportivos y veréis que el problema siempre es el mismo: no aceptar que otra persona pueda opinar diferente. Aunque nos han puesto un traje de civilizado y democrático, realmente en nuestra alma tenemos pequeños dictadores. Yo me di cuenta y voy puliendo, dejando los comentarios negativos (aunque insulten) públicos, no entrando en discusiones (debatir no es discutir), escuchando y no juzgando al que tiene pensamientos diferentes a los míos. ¿Os sumáis? Espero que sí, porque entonces es cuando realmente empezaremos a conseguir cambios más grandes.

Adiós miedo, mis teclas van a estar muy activas.

Mano tecleando

Hedwig Kudo

Exclusividad. La clave del éxito

Cuando empezamos a tener una presencia cibernética, se nos presentan dos dudas: ¿debo estar en todas las plataformas que existen? ¿Qué contenidos debo publicar en mis espacios habilitados? Hay muchos puntos de vista y son todos válidos, pero si valoramos que el tiempo invertido sea provechoso, estas dos preguntas se deberían responder en: céntrate en no más de tres espacios y potencia los materiales que la gente más consuma en cada rincón virtual.

Como persona que utiliza todos los elementos posibles que le ofrece internet os puedo decir que es inviable llevar aceptablemente la presencia en todas las redes sociales que existen en la actualidad. Querer estar en todas pasa factura y no te permite tener momentos de respiro necesarios para que la creatividad se despierte. No es casualidad que las personas que se centran en una única red (grandes ejemplos los encontramos en Facebook y Twitter) la calidad de sus publicaciones son destacables frente al que quiere abarcar más presencia, que termina dejando algunas redes abandonadas y sin transmitir cercanía a sus seguidores.

Experimentar está bien y en el campo del Social Media es una obligación para saber qué tenemos entre manos si algún proyecto por el público objetivo debemos de utilizar redes sociales alternativas, saberlas gestionar correctamente. Pero para un uso diario, mi conclusión es la ya mencionada: intentar no superar los tres espacios. Luego podemos tener redes alternativas que sean para recoger ideas o ir apareciendo esporádicamente, a modo de hobby.

Ahora toca contestar: ¿ofrecemos exactamente los mismos materiales o damos exclusividad? Aunque la lógica de querer estar en todos los sitios posibles te hace pensar en hacer una publicación estándar, tomar esa estrategia puede convertirse en nuestra quimera particular. Cada red social tiene un tipo de audiencia y si queremos además atraer a que nos sigan en todos los espacios que suelen visitar, si saben que lo que publicas en Instagram lo van a ver en Facebook, va a ser un fracaso.

Y más si recogemos los datos del modo Stories de Instagram o Snapchat. ¿Qué las hace atractivas para que la gente quiera verlas? La exclusividad. El saber que esa publicación sólo va a poderse ver durante 24 horas obliga a que los usuarios tengan la necesidad de verlos. Desde que he emigrado mi actividad en vídeo a Stories he podido comprobar este hecho: tengo más espectadores en ellas que en mis publicaciones de mi perfil de Instagram. Y esta conclusión es la que me ha hecho tener una visión global de todos mis espacios en la red: cada uno debe tener algo que lo haga especial y apetecible.

De esta manera mi cuenta de Twitter es un rincón de opinión. Muchas de mis impresiones y sentimientos sólo se pueden saber visitando esa red social. En mi página de Facebook he decidido que sea el rincón de ir escribiendo reseñas cinéfilas. La primera que se puede disfrutar es Kingsman: El círculo dorado. Cuando quiero realizar alguna opinión de medio ambiente o animalista, me dirijo al Facebook de Universo Agapornis. La tercera piedra angular es mi cuenta de Instagram. Es el lugar más personal y donde realizo análisis de libros. Incluso la cuenta de seguidores  Hedwinianos por el mundo de esa red social el trabajo que realizamos es que aparezcan materiales exclusivos, así quién no quiera perderse nada, debe seguir los dos lugares. Y este espacio en el que estamos ahora, ha quedado para opinar sobre tecnología y mis pensamientos más densos que 140 caracteres no me permiten plasmar.

Las temáticas están escogidas a conciencia. He tenido unos meses de experimentar y analizar los movimientos para saber qué audiencia tenía en cada rincón y qué era lo mejor ofrecerles. De ahí que probar no sea malo, si no que es beneficioso siempre y cuando terminemos haciendo el paso de análisis y plasmando los resultados obtenidos.

Así que como dice el título: si queréis tener una presencia destacable y que se pueda llamar de influencia, buscad la exclusividad que podéis ofrecer al resto de usuarios que estamos en la red. E incluso si queréis estar en más de una red social, mirad qué vais a ofrecer como exclusividad de vosotros mismos para que valga la pena seguiros en todo internet.

Charla sobre loros que realicé en 2012

Ciudadana en tierra de nadie

Uno de los puntos que sé que me ha costado no prosperar en ambientes como Twitter es el no haber tratado ciertos temas, particularmente sobre política. En una era que se mira la presencia en línea para los trabajos da mucho respeto, y te lo piensas más cuando acabas de dejar un proyecto muy politizado. Pero como estoy harta de los últimos movimientos vividos, he decidido contar que siento de lo que andamos viviendo en Catalunya.

El título de la entrada ya deja clara mi postura: me siento fuera de lugar. En 2012 un periodista de radio hizo una reflexión en su programa que me sentí muy identificada: comentaba que no era independentista y por ello tenía las quejas de sus amistades de esta zona. Era incluso denominado como facha. Pero cuando iba a la capital a trabajar y escuchaba el discurso del nacionalismo español y les contestaba dando su visión, para esa gente era independentista. Entendí tan bien esas palabras y las compartía, que cuando alguien me preguntaba sobre el tema sacaba ese fragmento para contestar.

Y me entristece haber llegado a esta situación porque antes había respeto y convivencia. Una profesora cuando era un tapón comentó en la televisión: se había pasado de que las aulas catalanas se hablara en castellano y en el recreo catalán, a que las clases fueran impartidas en catalán y los estudiantes fuera se comunicaran en castellano. Me he criado con esa cordialidad y con esa presencia de la lengua castellana utilizada sin ningún problema, incluso algunos de mis profesores de universidad impartían las clases con ella y no el catalán. Hecho que ha ido cambiando y he podido ver discriminación en algunos sectores.

El otro punto es el de integrarte en la ciudad que vives. En mi etapa de estudios obligatorios me sentí muy aislada y con una necesidad de coger la maleta e irme fuera. Por suerte llegó la universidad y cambió hasta el punto de encontrar un equilibrio al ver otra realidad, pero ahora que veo ciertas ideologías han cogido el poder y se asienta el fanatismo que me tocó vivir en esa etapa estudiantil… vuelvo a sentirme en tierra de nadie.

Así que me dirijo al 1 de octubre con miedo: haga lo que haga, puedo recibir represalias de ambos lados. Voy a sufrir recortes e incomodidades. No veo una casualidad que desde que está la situación actual la conexión a internet vaya peor, y el sentirme incómoda en mi ciudad o coartada en expresarme. No me invita a echar raíces, a prosperar… ¿para qué empezar un negocio/trabajo si quizás dentro de poco hay que dejarlo porque me tengo que ir? Impera más que nunca en mi persona el vivir el día a día y pensar en lo que necesito en el presente. Proyectar el futuro es una acción no disponible.

Estas entradas suelo acompañarlas de imágenes, pero esta vez simplemente va a ser texto. No tengo ninguna etiqueta, ninguna identificación… porque estoy en tierra de nadie.

¿Te metes dónde no te llaman?

Hace unos días vi un mensaje privado que recibió un gran Hedwiniano y me quedé con las ganas de dar mi opinión. No lo hice porque el hilo había cogido una dinámica y tenía ciertas burlas que no me gustó. Además con eso que ya solo con reaccionar a una publicación tienes responsabilidades, una se lo piensa mucho. Así que realicé una publicación en mi página de Facebook y para que no se pierda, la quiero dejar en este blog.

En ese mensaje se le insultaba por haber participado en uno de los miles de debates que se crean en los grupos de Facebook. Nadie se lo planteó, pero a mí cuando me ha ocurrido siempre me ha hecho preguntarme: ¿me he metido donde no me llamaban? Y aunque al principio mi análisis era uno, en la actualidad tengo una visión muy diferente.

Y es que realmente cuando ocurren estos conflictos es porque hemos metido las narices donde no nos llamaban. Ya sea con buena intención como habrá sido el caso que me hace escribir estas líneas o si estamos delante de una persona con baja autoestima y aprovecha los grupos para soltar tochos para destacar. Aunque lo que suelte no tiene nada que ver con la publicación en cuestión, ella lo dice y se queda toda happy.

Durante los años que he participado en comunidades de loros, he aprendido que si alguien no pregunta, no comentes. Aunque veas algo incorrecto no lo aceptará, despertarás su emoción de Ira y muy posiblemente terminaras con un mensaje precioso y con el sofocón de turno.

Vivimos en un mundo de aparentar en redes para refugiarnos del sufrimiento que tenemos en nuestra vida, así que la gente no quiere correcciones ni que nadie le haga ver alguna carencia. Simplemente enseñan para demostrar que son los más molones o la pregunta realmente no es para salir de dudas, si no que buscan una justificación de que van a obrar correctamente y que no les pese su conciencia.

Es por eso que hace unos meses decidí salir de absolutamente todos los grupos de loros que pertenecía. Paso de ver publicaciones donde simplemente las respuestas aceptadas son “qué bonito”, “que suerte”, “lo que piensas es totalmente correcto” y el realizar debates no es aceptado.

Desde ese momento mi parcela es dejar que la gente haga y no opinar si no se me pide. Se podría decir que sigo la filosofía «el maestro aparece cuando el discípulo está preparado».

Hedwig con Anger