Sota, caballo, rey

Hay una infinidad de cuestiones que no entiendo, pero quizás la que más tiempo me persigue y es un constante desafío son las tradiciones. ¿Por qué debemos aceptar o realizar ciertas cuestiones por obligación?

Desde que tengo uso de razón es algo que siempre me ronda por la cabeza. Y es que nunca he entendido porque por el simple hecho de haber nacido con el género femenino se me exigen ciertas actitudes, un físico concreto, tener que utilizar ciertas vestimentas o un camino establecido de pareja e hijos. Y ha llegado a un nivel de indignación indescriptible cuando he observado que el otro género ha sido más protegido. No veo lógico que si socialmente una mujer es “sucia” por no estar depilada al máximo, no se le aplique ese juicio de valores a un hombre con mucho bello. Es incluso insultante observar como algunas mujeres defienden y justifican al “macho” peludo y a otra fémina la crucifican si no se ha pasado la cera de turno.

 Es por ello que durante todos estos años he tenido una cruzada personal contra todos estos tabús alegando que debían desaparecer o en algunos aspectos equipararse y evaluar a todos con la misma barra de medir. Y por estos principios soy respetuosa y nunca juzgo ni señalo a nadie por sus creencias, forma de ser ni de vestir. Porque creo que todas las personas somos libres de ser como nos plazca.

El tiempo nos ha hecho evolucionar y cada vez se van viendo más avances, pero a pesar de estas noticias positivas las bases de nuestras sociedades son estructuras tradicionalistas. Se observan pocas sorpresas y al estudiar las vidas de tus allegados, observas que sus vidas son puros patrones.

Un ejemplo de este hecho es que acabamos de abandonar uno de los periodos más monótonos: la navidad. Hemos visto casas con motivos de esta festividad e instantáneas calcadas en cada uno de los perfiles de nuestros contactos. Y mi pregunta es: ¿por qué debemos hacerlo?

A mí me resulta más divertido regalar fuera de temporada, me transmite más. Un regalo de navidad es obligatorio, no lo deseas hacer y es puro compromiso. En cambio si por ejemplo en mayo paseando tropiezas con algo que te hace pensar en esa persona, decides comprarlo y regalárselo aunque no sea una fecha señalada… entonces es un verdadero regalo, porque realmente se ha puesto sentimiento. Es una práctica que la realizo bastante y por ello puedo decir que son momentos que llenan. Incluso alguna amistad tiene esta filosofía y al haberlo recibido de su parte, os puedo decir que son los regalos que más me han emocionado y he disfrutado.

Otro beneficio de ir a contracorriente son los viajes. Hace años que realizo las vacaciones a destiempo, hecho que me ha permitido disfrutar de menos condensación de turistas o poder encontrar ofertas interesantes para destinos que en temporada alta destrozan el bolsillo.

Así que como primera entrada del año, me gustaría invitaros a ir dejando un perfil previsible como sería que en la baraja primero viene la sota, después el caballo y cierre el rey, para transformaros en personas libres y que deciden celebrar cada día como una fiesta o si se quiere, que la navidad no sea de blanca nieve, si no que se puede celebrar un agosto con arena de playa.

Árbol mágico

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Cuando quieres cambiar y no te dejan

Los más observadores habréis podido comprobar que llevo unos meses sin apenas publicar. Y tras encender el ordenador por ser plena campaña de navidad y estar preparando envíos de mi libro Universo Agapornis, he decidido hacer un hueco y explicar el porque de este hecho. Os aviso que no es difícil de entender, así que prometo que no se hará pesado leer las siguientes líneas.

En 2010 empecé a tener una presencia cibernética notable al tomar la decisión de formar parte de la bloggosfera y hacer carrera en ese ámbito que ha evolucionado a la figura del influencer. En el escalafón de micro tuve claro que se necesitaba tener interacción con compañeros y con los fans, así que tomé el rol de persona cercana y participar en todo lo que se me pedía. Pero desde septiembre este hecho ha sufrido un giro de 180º al bajarme de ese carro.

Nunca he sido una persona de compartir detalles de mi vida personal, sino que he enfocado mi actividad en asistir a eventos y la divulgación de los cuidados y manejo de los agapornis. Así que cuando decidí colgar las botas en lo referente a los animales, se me planteaba un enigma difícil de plantear: ¿qué publicar en las redes sociales que aún me gusta utilizar e interactuar?

Estuve haciendo pruebas durante unos meses, pero llegó una semana que fue necesario frenar en seco. Llevaba un par de días que me costaba encontrar publicaciones para compartir e incluso en algunos espacios resultaba demasiado monótono. Odio los perfiles que repiten una y otra vez exactamente las mismas publicaciones y al empezar a convertirme en uno de ellos, decidí cambiar de una vez la estrategia y asumir definitivamente que al estar actualmente por hobby en esos espacios, no tengo la obligación de realizar una publicación diaria y notoria en los espacios virtuales.

En lo referente a interactuar con otras personas me he encontrado con un problema: muchos no asumen el cambio de rumbo y me exigen ser la misma persona que cuando empezó en las comunidades de foros en 2006, hecho que no puedo ofrecerles porque el paso del tiempo me ha cambiado y como llevo repitiendo desde septiembre: he iniciado una nueva etapa. Resulta desesperante observar que no se entiende (o se respeta) las decisiones de una y por más que te esfuerzas en que sea aceptado, no culminan.

Crea un sentimiento de frustración e impotencia mezclado con la culpa, que te atrapa en un bucle del cual cuesta salir. En estos años he sido testigo de compañeros que han querido dar un golpe de timón a su actividad (sea creativa o laboral) y siempre ha terminado de una forma brusca: borrando toda su trayectoria y empezando desde cero. Es un hecho que no me ha gustado porque nuestro pasado está bien que siga disponible para que entiendan nuestra evolución. Incluso para una misma es útil poder observar el camino recorrido hasta la fecha. Pero tristemente debo decir que es la única vía que veo factible si quieres tranquilidad y avanzar.

El primer aviso fue en 2014. Tras mi formación y mis años de experiencias con psitácidas modifiqué mi visión de los animales y de la cautividad, hecho que no me permitía continuar con los materiales que había realizado hasta ese momento. Así que empecé un nuevo trabajo y una nueva disciplina que no fue aceptada. Y con esto no quiero decir que perdiera audiencia, si no que me encontré con la situación que se me exigía publicar y contestar ciertas cuestiones que a día de hoy repudio y no comparto. ¿Qué solución tuve que aplicar? Borrar mis trabajos antiguos.

El segundo ha sido ahora con este nuevo cambio de rumbo. Como no quiero borrar nada ha tocado otra solución drástica e impopular: utilizar el silencio. Apartarme de ciertos sectores, e ignorar ciertos comentarios / usuarios. De esta manera mi trabajo sigue disponible para el que desea revisarlo, pero me aparto y lo excluyo de mi vida.

Me encantaría poder mantenerlo y que no fuera una losa, pero a día de hoy es inviable porque muchos no lo permiten. Así que si queréis que vaya volviendo a estos rincones cibernéticos: respetar mi nueva etapa y haced que me sienta cómoda y no condicionada, por favor.

El dilema cuando empiezas como influencer

Cuando empecé en YouTube aunque habían voces que decían que sí se podía vivir y tener como medio de vida las reproducciones con publicidad, rápidamente me di cuenta que no era el caso. Con el paso del tiempo puedo decir que lo que da dinero realmente es tener la suerte que las marcas quieran trabajar contigo y te contraten vídeos para promocionar sus productos. Y si no tienes esa suerte, el refugio son las plataformas donde se realizan mercadillos para que realices publicaciones patrocinadas en otras redes sociales. Pero estos dos campos tienen un peaje bastante caro: ¿cuánta dignidad estás dispuesto a abandonar?

Cuando me apunté al primer espacio de este estilo recuerdo que me daba bastante apuro porque no se podía saber las campañas de que estilo iban a ser. Pero como quería como medio de vida ser influencer, decidí dar el salto. Pues bien, la primera en la frente: me llegó una campaña de un banco.

Era la época de la crisis económica fuerte y que no paraban de llegar recortes para rescatar algunas entidades. Aunque lo sangrante del caso era que la entidad financiera que había iniciado esa campaña con influencers tenía la peor fama. Así que la cuestión era aceptar esa campaña como parte del trabajo y tragarme el orgullo (había realizado bastantes reflexiones y opiniones con el proceder de esa entidad) o no trabajar y estar mal posicionada en esa plataforma de publicaciones patrocinadas (no contestar o rechazar muchas campañas penaliza). Fue difícil, pero decidí en esa ocasión pasar aunque me costó no recibir ninguna oferta durante meses.

Ahí aprendí la esclavitud de las palabras y viendo los perfiles de las campañas para no ser descartada, había que medir bien las opiniones. Por ejemplo donde vi rápidamente que había que tener una posición neutral y que rechazar campañas es contraproducente es con el mundo del fútbol. Mueve una cantidad de campañas increíble. Me atrevo a decir que supone como mínimo el 50% de los pedidos que se pueden recibir en un año.

Otro debate es si el tiempo invertido compensa económicamente. Hay campañas que los requisitos que piden son desproporcionados para lo que se va a cobrar, pero de nuevo se tiene el miedo que quizás rechazar perjudica y se termina aceptando. Tras ver como algunas plataformas haces el trabajazo y encima se rechaza, mi recomendación para este aspecto es no acceder. Perder una marca / empresa que no valora realmente el trabajo realizado no se merece nuestra referencia y ya llegará algo mejor.

La conclusión final es que para estar en este circuito la moralidad se debe dejar a un lado. Está bien tener líneas rojas (en mi caso siguen estando), pero tened claro que no es un terreno alegre ni que todos los pedidos que lleguen sean magníficos. La clave por tanto está en adaptarte a la empresa pero intentando mantener tu esencia. Es difícil, pero si no se sucumbe al principio se aprende y te manejas bien en este mar publicitario.

¿Qué es ser un influencer?

Es un misterio difícil de catalogar porque con el tiempo se ha ido modificando su significado. Pero como hace unos días hubo por Twitter una discusión que terminó derivando a esta pregunta, me animo a dejar mi opinión al respecto por mi rinconcito.

La definición que todos relacionamos con influencer sin lugar a dudas es la persona que tiene la capacidad de influir en las decisiones de los demás. Así que a las empresas y más concretamente las marcas es un perfil que les gusta mucho y demandan en sus campañas de publicidad. Pero la influencia es muy diversa, así que… ¿sólo debemos valorar a un tipo de personas? ¿O todos podemos llegar a ser influencers?

Con la llegada de las redes sociales mi punto de vista va más con la segunda cuestión: todos podríamos tener esa categoría. ¿O no tenemos un campo en el que vemos que la gente acude para nuestro consejo? ¿Nunca habéis vivido la experiencia que alguien tras vuestra opinión ha leído un libro o visto una película? O descartarlo. Esa es la prueba que en los tiempos actuales todos somos sin querer influencers.

No es necesario por tanto tener miles de seguidores, incluso como reflexioné hace unas semanas contratar a alguien con millones de seguidores no es garantía que tu producto se venda más. La prueba fehaciente es la proliferación de las plataformas que evalúan comentarios y reacciones a la hora de contratar publicaciones patrocinadas.

Alguno puede rebatirme con que este segundo perfil realmente son microinfluencers, pero para mí esta etiqueta es equivocada y una nueva prueba de la obsesión que tenemos por infravalorar a las personas.

Así que si te gusta reseñar, recomendar y te apetece utilizar la etiqueta de influencer: hazlo sin tapujos aunque las recomendaciones no consigas nada (productos gratuitos o compensación económica). Y si por contra no la sientes porque la ves muy superficial y prefieres decir que eres blogger, pues estará bien también.

La maldición de las redes sociales

Aunque nos han hecho pensar que las redes sociales son la evolución de las antiguas comunidades en línea (también conocidos como foros), lo cierto es que no es el caso. Hace unas semanas recordé en Instagram una foto nostálgica de un viaje que realicé para conocer en vivo a una persona que descubrí gracias a esos medios y tanto con ella como otros amigos de la época que conocí en esos canales teníamos la misma sensación: son elementos muy diferentes.

Y es que en los foros de aquel entonces se premiaba el argumento y conocer realmente a la persona y conversar. Se conseguían vínculos reales de la interacción que se realizaba y se afianzaba en mensajerías instantáneas como es el MSN. Alguno puede pensar que vive lo mismo en las redes sociales, pero permitirme dar mi opinión del porqué no puedo considerar que sean la evolución de las comunidades online.

Lo fundamental es que aunque algunos espacios nos hagan pensar en amigos, realmente debemos tener claro que en las redes simplemente encontramos contactos. Seguimos por interés, ya sea por una estrategia de marketing (tener cuentas potentes en tu red, te hace más visible) o porque es muy chulo poder decir que entre tu grupo de amistad de Facebook tienes influencers. El otro factor es que aparentamos o utilizamos esos espacios para vomitar nuestro mal estar. Ya sea de una forma u otra la que utilicemos como válvula de escape a nuestro mal estar, tenemos cortinas de apariencia que no permite tener una confianza real o que al sólo ser el foco nosotros, las conexiones que se adquirían antiguamente no podemos ser capaces de conseguirlo en las redes sociales. Es cierto que en los foros este último punto también podíamos verlo, pero considero que era más fácil terminar conociendo a la persona y era muy difícil mantener en el pedestal de idealidad que se observa en las redes sociales.

Es por este hecho que considero que las redes sociales realmente son la evolución de los chats. Esos espacios que la gente que se sentía sola y necesitaba tener una conversa con otra persona, entraban sin dudarlo. Por ello podemos ver en las redes sociales perfiles de usuarios que envían peticiones de amistad o mensajes privados a lo loco, sin ni siquiera haberse molestado en saber un poco de ti en grupos o tus publicaciones. O ver que realmente tenemos egocentrismos que les mueve su interés y una vez no pueden sacarte nada, te echan de sus vidas. Sin ni siquiera decirte adiós.

Otra prueba es que los chats han desaparecido realmente, cosa que los foros no es el caso y muchos sobreviven y tienen una interacción muy significativa. Viendo el fondo y conexiones, creo que la evolución real de las comunidades en línea han sido los blogs. Lugares donde realmente se debate, opina y no valoramos por el mayor postureo. Y que siento que realmente se escucha al otro interlocutor y no se va a vomitar lo primero que pasa por la cabeza (con el riesgo que puede no ser la cuestión que se trata).

Pero como siempre hay una excepción para cumplir la norma: reconozco que hay dos redes sociales que sí podríamos incluirlas como la evolución de los antiguos foros: Twitter y Mastodon. Son espacios de opinión, que al haber muchas cuentas de personajes ficticios aplicar una táctica de agenda de contactos no es viable. En Twitter he hecho la gran mayoría de ciberamigos actuales y si no sigue siendo el caso es porque por desgracia ha sido muy contaminada con la publicidad y la política. Nos hemos quedado sin espacios de opinión y es realmente incómodo entrar a participar cuando hay convulsiones políticas como es últimamente. Mastodon es un primo hermano del pajarito y de momento aguanta en ese espíritu de foro, pero su atractivo de ser código abierto y estar albergado en servidores diferentes hace que no termine de despuntar.

Mi conclusión: las redes sociales son el nuevo espacio para que la publicidad se exprese y los comercios puedan ofrecen una atención al cliente más directa. El lado personal que nos quieren vender no existe como tal y por ello yo no las utilizo para conocer personas.

Seguidores: ¿cantidad o calidad?

El eterno dilema que nos acompaña a los influencers y que a medida que va pasando el tiempo mi postura está cada vez más clara. Hemos pasado unos años donde se ha fomentado la cantidad: cuantos más seguidores mejor porque ganamos credibilidad y aumentamos el trabajo con las marcas. Gran error y que por suerte se está empezando a ver cambios. Y es que tener millones de seguidores no es una garantía para las marcas que las ventas se produzcan.

La primera cuestión a tratar es: ¿por qué esa cuenta tiene ese número de seguimientos? A lo largo de estos años me he encontrado cuentas que utilizan el subxsub (yo te sigo, tu me sigues), compra de seguidores o realizar sorteos que la condición para participar es seguir una cuenta. Muchas son cuentas fantasmas y que colaboran en subir la bolsa numérica, pero como no son seguimientos reales de creerte y comulgar con ese influencer, toda publicación que realicen para promocionar un producto / marca, no cumplirá con los resultados que esperaba la empresa.

Viendo lo que nos exigen en el sector de Community Manager para trabajar en las empresas, es un hecho que no era capaz de entender que siguiera esta tendencia de exigir a los influencers simplemente cantidad. ¿Cómo puede ser que se exija al gestor y planificador de la estrategia en RRSS un análisis de estadísticas, resultados de visitas y se utilice cómo herramienta a cuentas que no van a influir a ese nivel? Con estos parámetros se debería de exigir a los influencers resultados como reacciones, comentarios y la capacidad que tienen sus publicaciones de ser difundidas por sus seguidores.

Así que celebro que cada vez haya más interés en los microinfluencers por parte de las empresas. Somos esas cuentas que no tenemos millones de seguidores, pero que al tener seguidores reales, tenemos más interacciones y nuestra opinión es tomada en consideración. Además podemos tener pocos seguidores pero de calidad, ya que pueden ser otros microinfluencers o tener la suerte de tener una madrina o padrino que cuando reacciona o comparte nuestras publicaciones, tienen una gran visibilidad.

Y por ello quiero animar a mis compañeros que dejen de obsesionarse con las cifras: como ya empecé a decir el otro día: dejemos de tener miedo de nuestros seguidores. Nos da auténtico pavor ver descender el número de seguimiento con lo que nos censuramos y cortamos nuestra participación en las redes sociales. O transmitimos una imagen de desesperados pidiendo seguimientos mencionando a todo el mundo o utilizando mensajes automatizados que tanto daño realizan a nuestra marca personal en internet.

Es fundamental ser nosotros mismos y tratar cuestiones / perfiles de usuarios que nos hagan sentirnos a gusto. Si por ganar visitas tratamos temáticas o enfoques que no van con nosotros, vamos a sumirnos en un estado emocional muy perjudicial. Hace unos días vi un vídeo de JPelirrojo, el youtuber español pionero, que daba dos claves: lo primero agradecer que de una vez confiese que nunca ha podido vivir de YouTube y que ha sido el trabajo con las marcas lo que le ha permitido sustentarse estos años. Y lo segundo recalcaba lo que acabo de decir: los vídeos que le dan más visitas y visibilidad son de un perfil que detesta y se ha visto sumergido en el dilema de sumarse o asumir YouTube como un hobby si su situación continúa a la misma deriva. Y como él ha terminado haciendo, creo que todo creativo debe tener claro que su actividad en redes debe premiar pasárselo bien, ya que si no aunque haya ganancias económicas no lo vamos a disfrutar.

Así que compañeros: empuñemos nuestras espadas (para los más clásicos de metal, para los modernos la espada láser y para los magos la varita) y empecemos a empoderarnos. Volvamos al lugar que nos correspondía estar y recuperemos al fin la libertad que perdimos y que hizo que nos convirtiéramos en esclavos de nuestra audiencia.

Alex, Terafobia y Hed

Stories de Instagram. Qué es y 9 consejos de cómo utilizarlo

Una de las revoluciones más divertidas que nos han traído las redes sociales es la filosofía de Snapchat. En esa red social hemos aprendido a valorar el tiempo pues sus publicaciones sólo son visibles durante 24 horas y el tema de privacidad al poder enviar nuestros materiales específicamente a unos usuarios  concretos. Pero la gran revolución ha sido que estos materiales no es una foto o un vídeo aplicando un filtro, si no que podemos editarlos de tal manera, que la receta de cocina más simple puede explicarse de la manera más divertida y sin tener grandes medios tecnológicos, ya que todo se realiza desde el smartphone. Este espíritu a muchos nos ha encantado y nos hemos querido trasladar. Hecho conseguido gracias a que Instagram ha querido heredar esa forma de comunicar, ahora podemos hacerlo con Stories.

¿Qué es el modo Stories?

El qué ya lo he explicado: podemos realizar escenas (a mí me gusta catalogarlas así, aunque quizás la definición correcta son clips) incluyendo stickers y efectos varios. Pero además este modo nos permite realizar emisiones en directo con nuestros seguidores, que pueden ir comentando y reaccionando en el mismo momento. Es sin duda la fusión perfecta de Periscope y Snapchat.

Para acceder a las historias de cada usuario, tenemos dos fórmulas: pinchar los avatares que nos aparecen arriba, nada más entrar en la aplicación de Instagram.

Stories sin leer

O cuando veamos una publicación suya, al pinchar en la imagen de perfil que se carga a la izquierda o visitando su biografía, también es posible. Sabremos que ha publicado algo nuevo que aún no hemos revisado cuando tenga un círculo multicolor alrededor de su imagen de perfil. Una vez hayamos visto todo su contenido de Stories, nos aparecerá ese borde de color blanco.

Stories ya leída

¿Cómo utilizar el apartado de Stories?

Este es el fin por el cual me he animado a escribir esta entrada. Instagram anunció este modo y se vendió como el sector de fotos sin importancia, hechas rápidamente y nada mimadas que no se pondría en la biografía general. La comunidad instagrammer ha decidido acatar estas directrices, pero lo considero una equivocación. Quizás por haber conocido el uso de Snapchat y venir del universo YouTube, entiendo que Stories debe contar historias. Ya sea vloggear tus vivencias como hacen algunos, analizar productos al estilo unboxing o decidir aprovechar que las secuencias son cortas (lo máximo son 11 segundos) para montar un material divertido.

Con la esperanza de ir animando a la comunidad de Instagram vaya mejorando y mimando este apartado del que tanto disfruto, me he  decidido ofrecer nueve consejos. Son pautas que yo misma sigo y que viendo los resultados que voy cosechando en Stories, considero que son correctos y la clave del éxito.

1- No montar historias de escenas infinitas

Este error es muy habitual en los usuarios que vloggean su vida. Están constantemente inmortalizando en vídeos/fotos y más que animar a querer consumir, asustan al ver la cantidad de actualizaciones con las que debes de enfrentarte. Cada escena está ligada con la siguiente y se carga sin que nosotros queramos, así que terminas teniendo la sensación de ser esclavo. Os confieso que en cuando calo un creador de este perfil, decido no consumir sus publicaciones.

El otro sector que peca mucho del exceso de escenas son los que realizan unboxing o reseñas. Cómo sólo podemos ofrecer vídeos de 11 segundos, realizar una crítica es totalmente imposible que ocupe una escena.

Mi estrategia es que en un día el número de Stories idóneo son cuatro. A los que vloggean su vida, les diría de escoger cuatro momentos importantes y que les haya marcado para ser óptimos para compartir. Las reseñas creo que debemos de planificar y conseguir una introducción, nudo y desenlace atractivos y que sirvan para animar a que visiten un enlace o una publicación más extensa en la biografía de nuestro Instagram.

A veces soy consciente que hay más momentos que se quieren compartir o no se puede reducir la historia tanto, de ahí que haya fijado el máximo de publicaciones a seis. Más corremos el riesgo de espantar a nuestros seguidores porque nos cataloguen como pesados.

Escenas de una historia

2- Utiliza fotos y vídeos exclusivos

Como comenté hace unas semanas, la clave de que una red social sea atractiva es ofrecer materiales exclusivos. Y este principio en espacios con tanta diversidad debemos cumplirlo en cada parcela. Es por tanto una equivocación publicar las mismas fotos o vídeos en el modo Stories que en nuestra biografía de Instagram.

Es un error muy frecuente y que también induce a tachar a esa persona de tu ronda de consumidor porque… ¿para qué perder el tiempo visualizando sus Stories si en unas horas/días me lo va a ofrecer en su perfil?

Mi sugerencia para no caer en este problema es que podemos hacer un vídeo y una foto de un tema y desarollarlo en el otro soporte. Así animamos a que nuestros seguidores visiten el apartado de publicaciones que menos visiten. Por poner un ejemplo: si realizo una reseña de un libro, como es una publicación que interesa que se mantenga en el tiempo lo pondré en mi biografía de Instagram. Pero haré un pequeño vídeo u otra foto distinta informando en Stories de que en mi perfil está disponible una reseña de X libro. Mi experiencia es que se consumen más las historias que las fotos de biografía y por eso pongo este ejemplo, pero si vuestras estadísticas os dicen que es el contrario, haría un proceder distinto: una fotito anunciando que hay una reseña en Stories.

3- Huye de los Boomerang

Los Boomerang son vídeos de un segundo que en su momento cuando nacieron hicieron furor, ya que como podemos intuir por su nombre: se reproducen en bucle. Esto hace que algunos momentos sean divertidos, ya que parece que la persona esté realizando la acción constantemente. El típico ejemplo es una persona saltando.

Pero la gracia que tiene como publicación de biografía, la pierde en el modo Stories. Se hace eterno esperar a que pasen los tres segundos de repetición constante de este efecto. Son muy pocas las publicaciones que pueden pasar como aptas grabadas como Boomerang, así que mi política es no utilizarlos.

4- Utiliza las herramientas que te da Stories

Como he comentado en la introducción, la filosofía heredada en Stories es utilizarla como publicaciones de segunda categoría. Y es un error porque siendo el apartado más consumido en esta red social. Muchos por ello ponen fotos o vídeos a pelo, sin ningún contexto. La pregunta “¿qué quieres transmitir a los espectadores?” demuestran que no está formulada. Es más un impulso de “me gusta la foto que acabo de hacer, la publico” a un deseo real de compartir con sus seguidores un hecho.

Es cierto que en funciones y efectos aún debe de mejorar mucho para poderlo comparar con Snapchat, pero el modo Stories de Instagram ya nos ofrece suficiente variedad para decorar nuestras publicaciones. Una foto impresionante de una puesta de Sol, quedará mejor si la acompañamos de una frase “¿qué mejor manera de terminar el día? ” y algún emoji o sticker temporal, que si simplemente ponemos la foto tal cual.

5- Intenta evitar el audio

Un dato constante que se recopila en las redes sociales que no son YouTube es que las visualizaciones de los vídeos es en silencio. Pero por la similitud que tiene con la red de vídeo de Google, Stories realiza muchas reseñas con audio. Es por ello que no he titulado el consejo como no utilices, si no que es una invitación a realizar menos vídeos donde el elemento estrella sea el audio. Intentad apoyaros con texto para el usuario que reproduzcan los vídeos en silencio les siga valiendo la pena mirar vuestros materiales. Para los que tengan problemas y no puedan silenciar el volumen, para que no tengan tentaciones de descartaros de ver, os diría de evitar en la medida de lo posible la música.

6- Haz que sea personal

Este consejo lo tenéis que aplicar en todos los espacios cibernéticos si queréis hacer una carrera como influencers. Aunque me duela decirlo, el ser humano somos cotillas por naturaleza. Quién estudie los temas por tendencia observará que siempre son cuestiones jugosas. En YouTube he observado más visualizaciones cuando he hablado de alguna cuestión personal (por ejemplo cuando falleció mi padre) o cuando decidí abandonar esa plataforma, es el vídeo más visitado de ese espacio. También las pocas veces que he entrado en polémicas con otros creativos, las visitas han ascendido como la espuma.

Así que incluir elementos personales al menos de vez en cuando es un factor importantísimo en este modo e incluso para los que seamos reacios a mostrar mucho de nuestra vida personal, es una excusa para hacerlo puesto que en 24h desaparecerá y no es un dato que quede por los siglos de los siglos.

7- No seas repetitivo

El segundo error más común que observo en muchos perfiles. Hay Stories que realmente son cíclicas y antes de darle al botón sabes lo que te van a mostrar, porque cada día es la misma escena. Cambia la ropa o si ese día llueve o no, pero es exactamente lo mismo que ayer, antes de ayer….

¿Qué solución planteo? Si tienes una vida muy lineal no realices un perfil de vlogger, si no que se creativo en ir montándote historias y secuencias diferentes. En las cuentas de animales también ocurre mucho y en ellas mi recomendación es publicar cuando sucede algo diferente o nuevo y centrar la actividad en la biografía de Instagram.

8-Utiliza los hashtag

Instagram es la red social que más se sustenta de las cadenas de caracteres. Notamos grandes diferencias entre los perfiles que simplemente publican la foto y un texto, a los que utilizan los famosos hashtags. ¿Por qué? Porqué Instagram utiliza esta herramienta para saber de qué estas hablando y en el apartado de búsquedas apareceremos y seremos más visibles.

Lo he podido constatar porque muchos de los me gusta que reciben mis fotos no son de seguidores, si no de gente que le gusta una temática y es seguidor de las publicaciones de cierto hashtag, no de las personas. Y con este dato, tuve muy claro que Stories debía funcionar igual.

Así que es importante que al menos utilicéis un hashtag. Es cierto que funciona un pelin diferente. He podido observar que al haber actualidad de noticias, son más punteros los hashtags sobre eventos y viajes. Hecho que en el general no sería así y ganaría por goleada el de animales. Como ejemplo del mes si sois de dibujar os recomiendo que toda historia que realicéis sea con el hashtag #inktober. Estoy haciendo un cuadro y son las escenas más visitas sin ninguna duda.

9- Vigila las publicaciones de texto

Uno de los elementos que está muy bien utilizar como ya he comentado anteriormente son los textos. En particular permite luchar con esos usuarios que visualizan siempre sin audio o si lo que tenemos que decir es imposible de acortar a 11 segundos, ponemos un escrito y solucionado. ¿Problema habitual de quién realiza esta praxis? Que realiza textos muy largos.

Son publicaciones que realmente me cuestan un montón de seguir, sueles tener que revisar un par de veces o si hay la opción de enviar respuestas, tienes que engañar al sistema de que quieres escribir para poder leer tranquilamente. Una o dos al día mira, pero si como es mi caso el 95% de seguimientos son de los que utilizan este recurso, terminas pasando e ignorando lo que quería decir.

Es por ello que me gustaría animar a que si podéis hacer escritos pequeños, va a ser mejor y vuestra audiencia lo agradecerá enormemente.

Espero que os haya gustado, servido y si tenéis más dudas sobre Instagram, estaré encantada de que hablemos por comentarios.

Sin patria

Hace unos días escribí una opinión donde decía que me sentía ciudadana en tierra de nadie. Pues bien hoy debo decir que me equivoqué de términos o quizás no, en aquel momento era eso pero con los acontecimientos ocurridos el primer día de octubre debo decir que… soy una persona sin patria.

En los medios de comunicación está promocionando su última novela la escritora Almudena Grandes y en una de sus intervenciones dijo que no se podía identificar con ninguna bandera ni símbolo y me sentí muy identificada. Me hizo pensar en qué símbolos tengo afinidad o podría considerar que siento como parte mía y lo que me vino fue sobrecogedor: todo lo relacionado con la cultura de USA. ¿Me había vuelto loca? La respuesta es no.

Cómo no identificarme como norteamericana si mi generación se crió con series de ese país (Salvado por la campana, Los problemas crecen, Cosas de casa, Los vigilantes de la playa y un largo etc), sus comidas (era sagrado ir cada viernes al McDonald’s a por una figurita nueva), su música (Bruce Springsteen, Madonna, Michael Jackson…)  y leyendo tebeos de los estudios de ese país como son los de Marvel y DC Comics. Seamos sinceros con nosotros mismos o no es un hecho objetivo: estamos culturizados con lo estadounidense.

Me podéis preguntar cualquier hecho o serie de ahí y muy posiblemente lo conozca, mientras algunos elementos del folclore peninsular ignoraré su existencia. Un ejemplo que ha inundado mi mente es como instrumentos del jazz como puede ser el saxofón algunos compañeros alucinaban en un concierto que nos llevaron como actividad escolar y por mi parte ya era conocido. Pero en cambio en otros conciertos que jugaban la procedencia de los músicos, sonaba una gralla y mientras la gente se ponía loca aplaudiendo, por mi parte hasta que no decía el músico que era catalán me quedaba en la más absoluta ignorancia, pues ese instrumento jamás lo había visto, escuchado ni me habían contado que era de la comunidad catalana.

Pero aunque haya vivido con una influencia norteamericana, eso no me hace serlo. De ahí que aunque podamos observar que varias generaciones tenemos más afinidad con otras culturas (también tenemos los de corazón nipon) que podemos englobar con sentimientos y lazos con los países a las cuales pertenecen, este hecho nos hace ser apatrios.

Es una condena muy amarga, porque aunque estás en el puzzle de España y en el cuadrante de Catalunya, eres incapaz de conseguir que tu pieza encaje. Y muy posiblemente si intentas encajar en el puzzle de USA, tampoco tengas buenos resultados. Terminas aprendiendo que territorialmente no perteneces a nadie.

Empiezo a no tener miedo. La tiranía de los “fans”

Octubre ha empezado muy revuelto y aunque es un momento para quien opina dorado, como viene siendo habitual no me quiero meter en cuestiones de bandos. Pero callarme una vez más tampoco me da la gana, con lo que voy a utilizar una situación que me ha sucedido para plasmar todas mis emociones.

Hace unos días sucedió un hecho y al ver las reacciones que las redes tenían, decidí dar mi opinión al respecto en Instagram. Sabía que iba a estar en el bando minoritario, pero decidí teclear porque si nadie empieza a contar la verdad, el sector animalista no tendría nunca la oportunidad de ver el otro prisma y que quizás tras un análisis de ese estilo, algunos se replanteen la presencia de los animales en internet.

El debate empezó muy bien. Me demostró que hay más gente concienciada de lo que pensaba y estoy muy contenta que incluso otros compañeros de divulgación del bienestar animal, tengan un discurso cercano y ayuden a seguir extendiendo esta visión de prisma. Los primeros detractores fueron respetuosos, se pudo hablar y aunque siguen pensando igual, seguimos siguíendonos y fue provechoso para ambas partes. Ellos se llevaron información y tomaron conciencia de lo que no se les había contado del problema, por mi parte pude analizar la relación estrecha de redes sociales con las emociones. O mejor dicho: el éxito de algunas campañas es conseguir que la persona se vea reflejada y convierta una causa no suya, como tal.

Una publicación en internet tiene una vida de 24 – 48 horas, así que cuando estaba empezando a archivarla como una experiencia positiva y muy contenta de cómo habíamos hablado ambos lados, han habido unos minutos extra para que lleguen los irrespetuosos y los revienta debates.

Como el escrito dice verdades que no se pueden rebatir con argumentos sólidos, la primera intervención es planteando un hecho que no tiene nada que ver. Lo viví como si estuviéramos hablando de la preparación de una tortilla de patatas donde he descrito los pasos de elaboración y ante la pataleta de no haber argumentos para poner una puntillita, se decide criticar que en la comida la bebida sea un refresco. ¿Desacreditan y hacen no reales estas dos acciones? No. Ambos hechos son diferentes y por tanto, no se pueden enlazar. Aunque lo más llamativo de esta persona fue el final: juzgó y dio por hecho que tenía ciertos pensamientos atribuyéndome ya una respuesta, así que entendí que contestar era una pérdida de tiempo. Con un “gracias por pasar“, terminamos.

El segundo caso empieza a plantear ciertas cuestiones que debo decir que lamento mucho. Empezando similar a la primera (mencionando situaciones y actos que no se pueden comparar con el hilo en cuestión), la finalización es brutal: ya no es juzgarme y no dejarme opinar al respecto, si no que se me exige que borre mi publicación. Como no he cedido, me he quedado como la malísima y de nuevo se me ha juzgado sin saber mi camino recorrido.

¿Dónde está la libertad de expresión? Otros se han posicionado con una postura muy diferente y ni he ido pasando por sus publicaciones juzgándolos de nada ni exigiendo que ya estaban borrándolo todo si querían seguir disfrutando de mi seguimiento. He respetado que quieran apoyar y dar su opinión al respecto. Así que… ¿mi única opción es callarme y guardarme mi visión del tema como se me ha dicho literalmente? Pues cuanta democracia y libertad disfrutamos en las redes sociales.

Los influencers (incluyo en este sector a bloggery vlogger) cada día nos enfrentamos al miedo de opinar diferente. Tienes miedo que si el sector mayoritario comulga con unas ideas, dar otras muy distintas. Y ya ni hablemos de corregir a algún gurú con una legión de seguidores fanáticos, porque va a llegar esa nube a hundirte y si da la casualidad que parte de tus seguidores lo siguen a él, te dejen de seguir. Somos por tanto muy vulnerables y esclavos de nuestros seguidores.

Desde que me animé a estar en YouTube, ha sido una lucha constante. No podía ser contundente con algunas praxis de asociaciones de criadores porque necesitaba tener una cordialidad. Algunos youtubers aunque sus materiales fueran dañinos y estuviera totalmente en contra de lo que planteaban en sus canales, debía estar callada. Y pasado el tiempo debo decir que es un precio a pagar que no compensa.

He aprendido que mantener esos seguidores comunes es una equivocación: realmente no están interesados en lo que les ofreces. Los dos casos negativos que he expuesto me han dejado claro que aunque decían lo contrario en alguna comunicación que me han hecho anteriormente: no han visto mis vídeos ni se han molestado en conocerme. Me lo han demostrado con las acusaciones vertidas, ya que algunas cuestiones han estado tratadas en varios vídeos y ni se les habría ocurrido decirlas. Esto unido a que el número de seguidores no es lo importante, si no que nos interesa la gente que consume nuestros materiales. ¿De qué nos sirve tener un millón de seguidores si sólo lo ve una persona? En particular en YouTube lo fundamental son las reproducciones para facturar y por ello, a los creativos nos duele profundamente cuando alguien hace una pregunta ya contestada o que demuestran que no se han mirado el vídeo que comentan, ya que sabrían la respuesta. Aparece en nuestras mentes “¿de qué sirve el trabajo y esfuerzo que le dedico a cada vídeo?” y si la crisis es muy profunda, decides colgar las botas como una servidora.

Que llegara el momento de publicación del cierre de los canales no ha sido un hecho triste, si no que ha sido una auténtica liberación. Sigo en otras redes sociales pero he aprendido de los errores del pasado y no los voy a repetir. ¿No estás dispuesto a permitirme tener mi opinión y plasmarla de forma respetuosa? No pasa nada: ha sido un placer compartir el camino conjunto pero ahora, toca recorrerlo con otra compañía.

Este relato lo podéis cambiar en temas políticos, ideológicos, religiosos, deportivos y veréis que el problema siempre es el mismo: no aceptar que otra persona pueda opinar diferente. Aunque nos han puesto un traje de civilizado y democrático, realmente en nuestra alma tenemos pequeños dictadores. Yo me di cuenta y voy puliendo, dejando los comentarios negativos (aunque insulten) públicos, no entrando en discusiones (debatir no es discutir), escuchando y no juzgando al que tiene pensamientos diferentes a los míos. ¿Os sumáis? Espero que sí, porque entonces es cuando realmente empezaremos a conseguir cambios más grandes.

Adiós miedo, mis teclas van a estar muy activas.

Mano tecleando

Hedwig Kudo

Exclusividad. La clave del éxito

Cuando empezamos a tener una presencia cibernética, se nos presentan dos dudas: ¿debo estar en todas las plataformas que existen? ¿Qué contenidos debo publicar en mis espacios habilitados? Hay muchos puntos de vista y son todos válidos, pero si valoramos que el tiempo invertido sea provechoso, estas dos preguntas se deberían responder en: céntrate en no más de tres espacios y potencia los materiales que la gente más consuma en cada rincón virtual.

Como persona que utiliza todos los elementos posibles que le ofrece internet os puedo decir que es inviable llevar aceptablemente la presencia en todas las redes sociales que existen en la actualidad. Querer estar en todas pasa factura y no te permite tener momentos de respiro necesarios para que la creatividad se despierte. No es casualidad que las personas que se centran en una única red (grandes ejemplos los encontramos en Facebook y Twitter) la calidad de sus publicaciones son destacables frente al que quiere abarcar más presencia, que termina dejando algunas redes abandonadas y sin transmitir cercanía a sus seguidores.

Experimentar está bien y en el campo del Social Media es una obligación para saber qué tenemos entre manos si algún proyecto por el público objetivo debemos de utilizar redes sociales alternativas, saberlas gestionar correctamente. Pero para un uso diario, mi conclusión es la ya mencionada: intentar no superar los tres espacios. Luego podemos tener redes alternativas que sean para recoger ideas o ir apareciendo esporádicamente, a modo de hobby.

Ahora toca contestar: ¿ofrecemos exactamente los mismos materiales o damos exclusividad? Aunque la lógica de querer estar en todos los sitios posibles te hace pensar en hacer una publicación estándar, tomar esa estrategia puede convertirse en nuestra quimera particular. Cada red social tiene un tipo de audiencia y si queremos además atraer a que nos sigan en todos los espacios que suelen visitar, si saben que lo que publicas en Instagram lo van a ver en Facebook, va a ser un fracaso.

Y más si recogemos los datos del modo Stories de Instagram o Snapchat. ¿Qué las hace atractivas para que la gente quiera verlas? La exclusividad. El saber que esa publicación sólo va a poderse ver durante 24 horas obliga a que los usuarios tengan la necesidad de verlos. Desde que he emigrado mi actividad en vídeo a Stories he podido comprobar este hecho: tengo más espectadores en ellas que en mis publicaciones de mi perfil de Instagram. Y esta conclusión es la que me ha hecho tener una visión global de todos mis espacios en la red: cada uno debe tener algo que lo haga especial y apetecible.

De esta manera mi cuenta de Twitter es un rincón de opinión. Muchas de mis impresiones y sentimientos sólo se pueden saber visitando esa red social. En mi página de Facebook he decidido que sea el rincón de ir escribiendo reseñas cinéfilas. La primera que se puede disfrutar es Kingsman: El círculo dorado. Cuando quiero realizar alguna opinión de medio ambiente o animalista, me dirijo al Facebook de Universo Agapornis. La tercera piedra angular es mi cuenta de Instagram. Es el lugar más personal y donde realizo análisis de libros. Incluso la cuenta de seguidores  Hedwinianos por el mundo de esa red social el trabajo que realizamos es que aparezcan materiales exclusivos, así quién no quiera perderse nada, debe seguir los dos lugares. Y este espacio en el que estamos ahora, ha quedado para opinar sobre tecnología y mis pensamientos más densos que 140 caracteres no me permiten plasmar.

Las temáticas están escogidas a conciencia. He tenido unos meses de experimentar y analizar los movimientos para saber qué audiencia tenía en cada rincón y qué era lo mejor ofrecerles. De ahí que probar no sea malo, si no que es beneficioso siempre y cuando terminemos haciendo el paso de análisis y plasmando los resultados obtenidos.

Así que como dice el título: si queréis tener una presencia destacable y que se pueda llamar de influencia, buscad la exclusividad que podéis ofrecer al resto de usuarios que estamos en la red. E incluso si queréis estar en más de una red social, mirad qué vais a ofrecer como exclusividad de vosotros mismos para que valga la pena seguiros en todo internet.

Charla sobre loros que realicé en 2012