¿No te actualizas? En breve te obligarán

Muy buenas de nuevo gente chachi. Espero que empecéis la semana muy bien por ahí. Quizás ver estas líneas un lunes os sorprenda, pero es que en España mañana es festivo y he creído que era mal día para publicar y dar difusión a la entrada. Quizás pensaréis que hubiera sido mejor hacerlo el miércoles o jueves, pero son días ya saturados por publicar otros compañeros e intento evitarlos.

De todas maneras me gustaría saber vuestra opinión. Porque si de verdad preferís que tanto los escritos como los audios se publiquen en otro de los días que no suelo hacerlo, no me cuesta nada. Ya sabéis que vuestra opinión la tengo muy en cuenta. Por todo esto, me gustaría que me lo hicierais saber por los comentarios de esta entrada o por Twitter.

Dicho esto sí, empiezo con la entrada de la semana. Es de temática tecnológica que hacía bastante que no lo enfocaba por aquí. Pero me apetecía tratar el tema y como aún no hemos arrancado el nuevo ciclo de los podcast, creo que esta humilde bitácora es el lugar perfecto para comentarlo.

30 de septiembre. Un antes y un después

El último día de septiembre del 2021 (sé que es este año, pero cuando escribimos un blog tenemos que pensar que queda en el archivo y que dentro de varios años, alguien puede descubrir este escrito), nos trajo una situación nada buena para los que tenemos tecnología de hace unos años. ¿Qué sucedió? Que internet aplicó un protocolo que nos obliga a tener que actualizarnos desde ese día sí o sí.

Da igual que el teléfono, tableta, ordenador o smartTV funcione perfectamente. Si su sistema operativo es anterior a un periodo, no va a poder navegar por internet. O al menos de forma segura y protegiendo sus datos.

El motivo es muy simple: desde hace unos años, las webs tienen certificados de seguridad. Son los certificados SSL o si no os va el mundillo tecnológico, es el momento que pasamos de tener el http a https en las direcciones webs. Estos protocolos cifran y permiten que entre nuestros dispositivos y los servidores de las aplicaciones / webs, el canal sea seguro.

Pero el problema de estos certificados es que tienen caducidad. Y el más común y que casi todos los dispositivos tienen, caducaba el 30 de septiembre del 2021.

Aunque la canallada que hemos vivido es que a diferencia de otras actualizaciones, esta ha pasado desapercibida y no se le ha dado la difusión necesaria. Sucediendo que algunos usuarios (sí, esta vez por estar desconectada del mundo 2.0. también soy de las afectadas) lo hemos descubierto de la peor manera posible: al día siguiente por no tener servicio.

Incoherencias en un momento ECO

Y es un hecho que me ha llamado mucho la atención, porque en un momento que estamos con el reciclaje y el reacondicionamiento, me sorprende que nos sigan obligando y no dando solución a la obsolescencia programada. Porque sí: esta situación es un paso más de esta mala praxis que llevamos años sufriendo de los fabricantes de tecnología.

¿De qué me sirve reacondicionar si tengo un aparato que aún funciona y es útil? Por esta obsolescencia de que no permiten instalar software nuevo por “antiguo”, nos obligan a ir desechando elementos que aún tienen vida útil.

Prueba de ello es que tengo una iPod Mini de primera generación que aún funciona. Y muchos de los smartphones antiguos aún los usamos como iPods porque siguen teniendo autonomía. O los grandes ejemplos son mis ordenadores dinosaurios. Que aunque van más lentos que los modelos actuales, aún tiran y para el uso que realizo son perfectos.

Por este hecho, me da mucha rabia que me obliguen a tener que actualizar algo que aún no lo necesita. Cuido muy bien mis equipos y si las compañías no quitaran estos soportes, aún podrían durar una década más. Sin tener que reacondicionar o tener que comprar algo nuevo.

Pero no, ellos realmente no son ecológicos y siguen queriendo que gastes. En el caso de Apple nuevos dispositivos y en el caso de Windows, el sistema operativo (y si es una máquina muy antigua pues sí, también el hardware). Con lo fácil que lo tienen para seguir desarrollando o permitiendo que estos aparatos aún pudiéramos disfrutarlos con una calidad si no buena, decente.

Si te has librado de este susto, ojo con 2024

Quizás pensaréis que mi enfado es exagerado, pero en el día que tengo libre para dedicar a mis actividades digitales te encuentras que no puedes acceder a ningún sitio por este hecho… creo que entonces esta entrada la veréis suave.

Por suerte en casa ya tuvimos una obsolescencia tecnológica el año pasado con motivo de la llegada del teletrabajo y nos obligó a tener un dispositivo con sistema operativo moderno. Con lo que me ha permitido no estar desconectada y que las tareas que tenía en mente, las estoy llevando a cabo.

Pero me pongo en la piel de las personas que no tienen este recurso y me hierve la sangre. Porque encima son elementos que no precisamente son baratos y en los momentos que vivimos que aún hay muchas economías familiares resentidas por la pandemia, no se lo merecen.

En mi caso no me libro porque este mes quería empezar a grabar podcast y el ordenador que uso para ese menester es el que he tenido que despedir de esta manera. En breve buscaré uno nuevo, pero si aprovecho para disculparme porque quizás tardará el regreso un poco más de lo esperado y anunciado en Twitter.

Y sí, para cerrar este escrito, vamos al subtítulo de 2024. Si eres una de las personas felices porque te has salvado de este fenómeno, cuidado y no te despistes, pues en ese año puedes ser el afectado. Y es que la siguiente gran caducidad de SSL que sufriremos será en el año 2024.

Así que si tienes un dispositivo que ya se puede ir considerando antiguo, no te duermas y en ese periodo intenta solucionar su estado. También no quiero dejar de agradecer al administrador de Bloguers.net que fue quién me socorrió en mi susto de no poder acceder a ninguna web y me ofreció la respuesta.

Hay que ser agradecida en esta vida y como me dio la solución que necesitaba en el momento oportuno, desde aquí le doy las gracias. Y si aún no sois parte de la comunidad de ese espacio para creadores, os animo a sumaros porque como podéis observar con este sucedo: esta llena de grandes personas.

Creando problemas donde no los hay

Muy buenas gente chachi. Os estoy acostumbrando a una entrada al mes porque por falta de tiempo prefiero ser regular a ir pinchando. Pero este mes de octubre voy a tener algunos días de descanso y como por estos tiempos extraños no salgo, si no que son de tranquilidad por casa, he pensado que la actividad cibernética puedo asumir que sea más seguida.

Por ello a partir de ahora voy a ir haciendo entradas nuevamente cada semana. En noviembre volveré a no tener tiempo, pero espero que no lo notéis pues mi idea es programar los materiales en estos días de relax. Volviendo a estar con vosotros en diciembre.

Os aviso que esta entrada fuera de la filosofía que últimamente me acompaña, es polémica. Y más en estos tiempos que se ha idealizado tanto la figura del sector sanitario puede chocar o molestar. Pero es algo que me ha sucedido y que a pesar que ya hace unos meses, me quema y siento que necesito compartirlo de una manera pública.

Así que me disculpo si hiero sensibilidades, pero creo que es algo peligroso y si sirve para que algunas personas se replanteen esta cuestión y ayude a que no vivan esta situación, habrá valido la pena.

Poniendo en antecedentes

Para los que no me sigáis en Twitter, os hago un previo que considero necesario para que sepáis cómo llegué a la situación que hoy quiero compartir. Con la pandemia uno de los puntos que llevo muy mal es que me irritan las mascarillas la piel.

Por este punto no salía de casa apenas. Solo lo indispensable y que no tuviera que llevar este elemento más de 20 minutos. Pero sucedió que salió una oferta de trabajo donde fui seleccionada. En casa analizamos y como la verdad que entrara un sueldo más iba muy bien, opté por entrar en él de lleno. Hasta el punto que fui seleccionada (por ello ando ausente por el mundo digital).

¿Qué problema ha traído? Que aunque inicialmente se me dijo que habría teletrabajo, lo cierto es que no ha sido así. Algún día sí he podido realizar esta acción, pero la mayoría de días es presencial y eso implica llevar todo el día mascarilla. Esto hizo que haya tenido bastantes problemas e ir muchos días a urgencias.

En la última visita me programaron una cita con la médica de cabecera que tengo asignada para que revisara y me enviara a la alergóloga. Este es el nuevo punto y que más que contenta con el servicio que tenemos, quedé horrorizada.

Un servicio inhumano

Y… ¿por qué os digo esto? Porque si yo fuera de otra manera, estoy segura que hubieran creado un problema mucho más grave que la irritación cutánea que me obligó a visitar el centro médico.

Iba tranquila y pensando que me iban a solucionar este problema, pero me encontré una situación totalmente diferente. Lo primero una reprimenda de porqué iba presencialmente y no usaba para estas cosas el servicio en línea que tienen habilitado.

Estuvo más tiempo informando y vendiéndome la web que tienen para estos menesteres que visitándome en sí. Eso me enfadó bastante porque siendo un problema físico y que es importante la exploración, realmente era de visita presencial. Tal como la compañera del servicio de urgencias había decidido (que encima eso, no era un capricho mío ni exigencia).

Después de esto, me dijo que habían decidido que no me daban el volante para la alergóloga. Me apuntó varios mejunjes y unas pastillas y listo. Que con esto “ya estaba solucionado”. Y entonces empezó lo que ya me sacó de mis casillas.

Estás gorda

Sí así, sin anestesia. Empezó que tenía sobrepeso, que tenía que poner solución y bla,bla… Pero ojo, que hizo este diagnóstico sin pesarme. Y a más de tres metros de distancia, que con la distancia social no se acercan.

Como no me vio receptiva y para abrirme los ojos, decidió que me hicieran una analítica. Una analítica que salió muy bien, solo había la pega de que estaba un poco baja de hierro. Y como no quieren pesar en el centro, me tocó ir a una farmacia y ver que mi sobrepeso peligroso para la salud solo eran 5 quilos.

¿Estamos bien? ¿5 quilos extra es suficiente para asustar y hacer que alguien tenga un problema de salud más serio del que había llegado a la consulta?

Hay que tener autoestima

Porque tengo muy claro que alguien que no tuviera una autoestima fuerte como es mi caso, este episodio hubiera podido abrir una puerta muy peligrosa con los trastornos alimenticios. Más en un momento que hemos aguantado psicológicamente mucha carga y emocionalmente estamos a unos niveles que no podemos aguantar tonterías como la que viví en esa consulta.

Me hizo enfadarme mucho porque pensé que otra chica podría verse afectada y es por eso que me gustaría que de una vez, se dejaran estos tratos tan agresivos. Sé que es una profesión dura, que hay muchas visitas y que están agotados. Pero las formas y trato nunca lo debemos perder.

Además que estaría bien que si se va por un asunto, el paciente sienta que tiene una solución. Porque mi caso dermatológico debo confesar que no está resuelto. Después que los elementos de tratamiento alérgicos se han terminado y solo me queda el mantenimiento dermatológico, vuelvo a notar que no estoy muy bien.

Y solo sobrevivo porque en el trabajo tras la primera baja me permiten utilizar mascarillas para alérgicos. Que apenas me dan problemas. Como no he llegado a picos de urticaria pues sigo con los mejunjes, pero sí os tengo que confesar que no me motiva en acudir a esta profesional ni para este problema ni futuros que me lleguen.

No todos son iguales

Quiero dejar claro que me consta que en todos los gremios / profesiones hay gente no válida y otras que no merecen que se les meta en el mismo saco. Por ejemplo en el apartado de urgencias no tengo quejas y el trato y atención creo que ha sido correcta. Además que les agradezco porque realmente he sentido que me han dado soluciones.

Pero sí veo preocupante que la figura que debería dar más confianza se repita la desconfianza que he vivido y compartido con todos vosotros. No es algo positivo y en especial: no se puede crear un problema que no existía. Al menos no debería ser así si queremos que de verdad la sociedad vaya a mejor y no a peor.

Estos meses…

Muy buenas gente chachi. No se si compartís sensación, pero este 2021 se me está pasando demasiado rápido. No asimilo que el mes que estamos viviendo es septiembre, siendo ya la recta final de él. Y esta situación me ha hecho plantearme muchos aspectos que me apetece compartir con vosotros.

Organizar…. no sirve de nada

Sí, da igual que hablemos a nivel de trabajo, hobby o personal: es un periodo que a las personas que nos gusta tener parcelas y tempos, nos lo está poniendo muy difícil. Y hablo con tanta rotundidad porque en los días libres que he tenido, he planificado actividades…. y ha pasado algo externo que lo ha dinamitado. Recordándome que como ya hablé por aquí: hay demasiados factores que no podemos prever.

Pero sí es cierto que mientras en esa entrada era enfocándolo a cuestiones que tienen sentido que se vean influenciadas por la situación actual, sí me ha sorprendido que en el mundo laboral también se resiente. Incluso en espacios que deberían ser estables y que los cambios deberían ser mínimos, cada día llegar a la oficina es una aventura de no saber qué te deparará. Incluso en cada minuto de la jornada, estás expuesto a que cambie la tarea a un rumbo totalmente diferente al que se inició / planteó.

Todo cambia a cada segundo

Trayendo la conclusión, de que cada segundo contiene cambios. E incluso que realizar planes a largo plazo no es una buena opción. Porque no sabemos mañana qué sucederá y por tanto el trabajo que hemos realizado hacía una vía, se verá interrumpido o incluso será perjudicial por los nuevos soplos de aire que nos topemos.

Haciendo por tanto que este periodo solo puedan salir menos perjudicados anímicamente y emocionalmente las personas que sean capaces de conseguir una adaptación y flexibilidad en todos los campos de la vida. Una cuestión difícil ya que al ser humano como criatura de costumbres, son capacidades que le gusta experimentar poco.

Y es por ello que también he sentido más necesidad de vivir el momento, el día a día. Hacer que los minutos que voy experimentando son de valor e intentar no obcecarme con nada. Porque también he podido ver que cuando hay alguna complicación, al final aparece una solución que permite avanzar.

Haciendo que mi enseñanza de estos meses es que no hay que preocuparse antes de hora. Y que la cuestión es que debo estar atenta porque siempre hay la pieza / elemento necesario para superar con éxito el reto del momento a mi alcance.

¿Valoramos lo que tenemos cerca?

Muy buenas gente chachi. En 2011 cuando decidí implicarme y volver a tener proyectos digitales, me encontré con un handicap muy negativo: la incomprensión en casa. En esos momentos aunque dolía podía entenderlo, pero viendo el avance de los tiempos y cómo los sectores de internet que he tocado desde entonces han cogido fuerza y son pilares importantes, me sorprende ver el desprecio que algunos de vosotros aún recibís de vuestro entorno. O que no se admita que quizás esas conductas de aquel momento no fueron las adecuadas.

¿Cómo va a ser un hobby?

En ese año, empecé a nivel hobby. Me apetecía reencontrarme con los blogs y recuperar la comunidad que tanto me había dado unos años antes. Concretamente en 2006 y 2007 fue un momento dulce, donde hasta incluso tuve propuestas para ser redactora en medios de cultura japonesa o colaborar en programas de radio.

Pero claro, es una actividad que consume mucho tiempo. Por un lado informándote o consumiendo los materiales que vas a analizar en tu rincón digital. Y por otro, creándolo, promocionándolo y dando respuesta a las conversaciones que se crean con las personas que deciden pasar y conocer tu punto de vista. Y esto es algo incomprendido, haciendo que sea de los aspectos que hagan que los proyectos en estos lugares sean cortos y fugaces. Ya que la presión que se debe aguantar desgasta mucho.

Incrementándose en los materiales de audio o de vídeo. Pues es habitual que no se entienda que hay que tener momentos de silencio o simplemente, que durante unas horas no estás disponible porque andas en el momento creativo. Es un hecho que en serio: todo el que no viva solo y escriba o cree contenidos, tiene mi admiración infinita. Ya que os reconozco que soy menos productiva en la escritura o en los podcast no porque no tenga ideas, si no porque conseguir el momento de tranquilidad y para mi es una asignatura pendiente.

Los nuevos tiempos…

Pero parece que estas situaciones deberían de haberse limado. Con los momentos de encierro y consumir más elementos digitales que nunca, muchos de estos perfiles han visto la ventaja de los youtubers, streamers, instagramers o incluso han vuelto a recordar la función que realizan los blogs.

No obstante, veo que aún menospreciar a lo que tenemos cerca sigue siendo la tónica. Y es que me llama la atención que estas personas que han descubierto estas nuevas fórmulas de comunicación y que han dejado de lado lo tradicional (televisión y radio), aún generan conflictos a las personas creativas de su entorno.

En mi caso

Por si alguno de vosotros cree que es un desahogo por mi parte, quiero aclarar que no es el motivo de que actualmente por aquí no esté publicando. Y que mi actividad de los podcast esté parada. Como os indiqué en junio, me han llegado unos meses que tengo varios frentes abiertos que no puedo ignorar y para no explotar, he preferido parar y bajar el ritmo por mi salud.

Pero sí he querido dejar claro que sé la sensación que se tiene y la frustración que podéis sentir los compañeros. Porque entre 2011 y 2016 viví esta experiencia hasta el punto que como sabéis los que me conocéis de aquella época, quedé tan quemada que no quiero saber nada de vídeos para YouTube. Y que me esté costando tanto arrancar y sumarme a la comunidad de streamers. Pues esas cicatrices las tengo muy presentes a día de hoy y no me gustaría que volvieran a convertirse en heridas.

También por ello soy del sector que no ilusiona ni anima a ver estas actividades como un proyecto profesional. Si no que siempre dejo claro que debemos tomarlo como hobby y un extra que nuestra persona necesita de compartir y expresarse.

Así que si te ha llegado este escrito y tienes alguien que adora la comunicación digital: por favor no la hundas. Más si has descubierto algún creador de internet que te ha enganchado, no seas una persona orgullosa y reconoce que has sabido ver el encanto. Y que a partir de ahora apoyarás esta forma de expresión que tiene.

Porque necesitamos más personas que compartan lo que aman y apasionan y no odio y mal estar. Y estas personas solo seguirán aportando si de una vez por todas, valoramos lo que tenemos cerca y no lo exterior.

Regalando se es más feliz

Muy buenas a todas y todos. En esta ocasión he tenido muy claro de qué os iba a hablar, pues a principios de mes me tocó preparar una sorpresa para una persona que aunque hace poco que ha llegado a mi vida, hemos conectado muy bien. En ese proceso he ido teniendo sensaciones y pensamientos que me apetecían compartir y aunque inicialmente lo pensé como publicación en Instagram, al final he decidido publicar la foto en ese espacio pero la reflexión más desarrollada en esta humilde bitácora.

Regalos. La base de la actividad social

Algo que me ha llamado siempre la atención es que solemos esperar o desear que las personas que apreciamos piensen en nosotros y que nos den sorpresas. Pero en mi caso esa situación suele ser incómoda cuando sucede. ¿Por qué?

Pues es algo muy simple: soy bastante reservada, últimamente los elementos materiales no me llenan y si además añadimos que soy de no esperar regalos si no que me compro mis cosas, termina siendo una situación complicada para mis allegados.

Pero lo que más me angustia es que como yo disfruto mucho montando las sorpresas, me da respeto que la reacción que tenga no sea todo lo eufórica que la persona está esperando.

La ilusión de preparar una sorpresa

Y es que montar algo para otra persona, da mucho subidón. A veces cuando es alguien que no se conoce y es un acto por puro compromiso que no sale del corazón, puede ser una tortura. Pero hoy no quiero enfocar mi reflexión a ese perfil, si no cuando realmente nace la necesidad de hacer que para alguien, sea un día especial.

En esos casos aunque haya poco material y quizás no se consiga la sorpresa perfecta, sí es posible que nos deje un buen sabor de boca. Primero porque tenemos la seguridad de haber dado el 100% de lo que teníamos a nuestra disposición. Y segundo porque quizás al ser la persona que menos se espera que tenga un detalle de este estilo, el sorprendido también se emocione. Haciendo que las dos partes queden satisfechas.

En esas situaciones, prepararlo todo es un gran subidón. Por un lado te hace estar atento a los pequeños avisos para saber qué puede ser el elemento correcto. Esto lo aliñamos a dejar la creatividad libre que haga su magia. Y por último está el elemento estrella: guardar y disimular para que cuando llegue el día, sea magnífico.

Cómo me fue

Y bien, os preguntaréis cómo terminó esta experiencia que ha inspirado este texto. Lo cierto es que quedé muy contenta porque pude llevarlo bien y a pesar de que junio no me ha dejado mucho tiempo, conseguí organizarme bien para sacar ratos y realizar esta sorpresa. Y el resultado fue el que esperaba.

Pero también ha tenido otro lado. Y es que mientras una servidora sí hizo este esfuerzo y puso todos los elementos que tenía a su disposición, he podido observa la otra cara de la moneda. Qué, ¿cuál es? Pues la de indiferencia. Sigo aún perpleja de como otras personas que han tenido más conexión y han compartido más con esa persona, han sido incapaces de preparar algo. Aunque fuera una simple tarjeta de agradecimiento.

Ya me veis esperando algún aviso en secreto de que se estuviera preparando alguna cosa para sumarme, pero al observar que pasaban los días y nadie daba señales de vida, fue cuando empecé a preparar mi plan final. Hasta el último momento no quise juzgar y dejé la puerta de que hubiera algún gesto, pero llegó el día señalado y confirmé que efectivamente todo el mundo pasó.

Han habido otros detalles feos como que otras personas también se despedían y en esos casos sí hubieron fiestas y regalos. Es por ello que las excusas que escuché que se le daban y el aplazamiento de “vienes otro día y te damos el detalle” a mí no me sirvieron. Porque era tan simple de organizar en una misma fiesta para todo el mundo y se queda bien. Y de esta manera se demuestra que no hay clasismo.

Pero sí, me centro y cierro el escrito con la reflexión final. Lo que me gustaría que inspire este texto es que dar una sorpresa a la gente que tenemos cerca no cuesta nada. Que lo importante es poner la ilusión y toda nuestra alma y con esto, se nota y seguro que conseguimos el objetivo de hacer una jornada o momento emotivo. Y que además son situaciones que deberíamos de fomentar pues considero que son los mejores momentos que se pueden vivir. Ayudando incluso sin saberlo a que alguien tenga el subidón emocional que necesitaba.

Y decidme, ¿qué hay mejor que conseguir este objetivo? Por mi parte os puedo decir que no hay nada mejor o al menos, es cuando más realizada me siento. Por ello, no va a ser la última sorpresa que realice.

Cambios, cambios, cambios

Es sorprendente ver como el mundo se para de golpe. No llega nada nuevo y aprendes a vivir el presente y el día a día. Pero esto no dura para siempre. Y es que no sé si es vuestro caso, pero a mí este 2021 me da la sensación que alguien ha retirado el tapón y está llegando todo de golpe.

Estrés ante la cascada

Y aunque es algo positivo y que muchos pensaréis que agrada, lo cierto es que me siento abrumada. Porque se abren muchos frentes de golpes y te das cuenta que no puedes llegar a todo. Sí, da igual que realices listas, planning o cualquier herramienta de planificación que nos recomienden: en estos momentos es importante asumir que a todo no se llega.

Porque si no, es cuando enfermamos en todos los campos. En el físico porque el estrés nos va cargando músculos, o no descansamos lo necesario para poder llegar a todo. En el psicológico porque es la base del estrés donde reside. Y en el emocional porque lo descrito en los dos campos anteriores, termina germinando una frustración que abre unas puertas muy peligrosas.

Es por ello que para sobrevivir, considero que lo importante es aprender a fijar muy bien nuestras prioridades. ¿Qué elementos son importantes para nosotros y necesarios para que cada día nos sintamos bien? Contestando esta pregunta de forma sincera, podremos sobrellevarlo mejor.

Aprender a aplazar

Aunque el elemento que a una servidora le ha costado asumir es aplazar las cosas. Y es que si encima hay terceras personas pendientes, da más cosa tomar esta decisión. No obstante es necesario y debemos tener claro que posiblemente esas personas en nuestros zapatos, no tendrían reparos en dejar en pendientes esa actividad.

Si también sois de este perfil, os animo a trabajarlo bien. Podéis apoyaros en pensar que no es el momento y que un pequeño descanso puede ir bien para adquirir nuevas perspectivas. Esto es algo que en el sector de los escritores se ve mucho. Manuscritos iniciados un año, se dejan aparcados durante un tiempo y cuando volvemos a retomarlos, los elementos que nos chirriaban les encontramos la solución perfecta.

Un nuevo mes

En mi caso los elementos que he tenido que dejar aparcados han sido los podcast y este blog. No me ha sabido mal porque he tenido bastantes experiencias que creo que podré iros compartiendo en próximas entregas. Y en los podcast sé que hubieran ofrecido materiales que no me sentiría orgullosa de ellos.

Esta semana empezaremos julio y aunque iré volviendo a la actividad digital, sí os informo que será pausadamente. Por este blog he decidido fijarme que solo haya una entrada al mes segura. Siendo el último martes del mes cuando la ofrezca. Mientras los podcast realizaré un episodio también al mes. Se irán alternando la Zona Marvel y Zona Streaming.

¿Cuánto durará? No lo sé ni yo. Pero sí creo que durante unos cuantos meses la situación va a seguir esta estela, así que prefiero avisar y no poner terminios. Si no que cuando el huracán de cambios se disipe, os informaré y lo podréis constatar al tener el ritmo más fluido que desde 2018 tengo en estos espacios digitales.

¿Se terminó la inmediatez en las redes?

Hola gente chachi. Hace ya bastante tiempo que no hablo de redes sociales por este blog, ya que al colaborar con DesMarketing.es he optado por guardar los temas para ese espacio. Pues los que me conocéis de hace un tiempo, sabéis que uno de los puntos que me desestabiliza es sentir que soy un disco rayado (por hablar más de una vez sobre una cuestión). Pero como es un tema que tiene un enfoque de opinión, me animo a traerlo por aquí.

Con los algoritmos nos hemos topado

¿De qué voy a reflexionar? Pues de una observación que llevo todo este 2021 siendo consciente que sucede, aunque es cierto que desde el pasado mes de abril es más evidente. Con esto quiero dejar claro que no he buscado información o es un post pensando en compartir actualizaciones en las redes sociales. Si no que son análisis propios y compartir con todos vosotros las conclusiones finales que he llegado.

Llevo unos meses que revisando estadísticas, tengo la total seguridad que las publicaciones más recientes son invisibilizadas por las redes sociales. Particularmente donde más he observado (y me preocupa) es Twitter. Es increíble como una publicación de hace más de un año sigue recogiendo interacciones y de forma muy fluida, pero los materiales actuales y que me apetece que tengan visibilidad, pasan desapercibidos.

Y en el caso de Twitter creo que es una de las modificaciones del algoritmo. Ha tenido unos puntos que han pulido en positivo como es la visualización de la TL. Pues en este tiempo puedo ver más tweets de las cuentas que sigo propios y no tantos RT o me gustas de cuentas que siguen.

También es cierto que al final he tenido que silenciar alguna de esas cuentas que no paraban de salirme, con lo que quizás sucede este hecho por esta cuestión. Aunque en el perfil de Aloha Onda al ser pequeño no tengo aún cuentas silenciadas y también he observado este fenómeno. De ahí que crea que sí influencia el algoritmo.

Pero en esta ocasión reflexiono sobre la otra moneda de estos cambios, y es que como ya he adelantado me preocupa que los tweets más recientes pasen desapercibidos. Porque nos obliga a cambiar la gestión en ellas y también creo que obliga a perder cierto espíritu que en Twitter valoraba mucho.

Cambiando la dinámica de las redes sociales

Y es que claro, si se está celebrando un evento digital o preparamos alguna iniciativa como sorteos, estos tienen que tener una duración mayor para conseguir los resultados que anteriormente con un par de horas, ya podíamos recoger.

La prueba es que la semana pasada participé en un evento digital y mientras los tweets que publicábamos sobre las ponencias del momento recogían pocas interacciones, las que habían finalizado tres o cuatro horas masivamente eran visibles para los usuarios de Twitter. O como ya he dicho en unas líneas arriba: recibo notificaciones de tweets antiguos y los del día pasan inadvertidos.

Es algo preocupante porque planificar a un mes vista o una semana, es difícil. Y va a obligar a tener que apoyarse de una manera peligrosa a las celebraciones con hashtags oficiales o mundiales, ya que son de las pocas iniciativas que aún tienen una visibilidad rápida en la red social del pajarito azul.

En esta red social también estamos observados otros cambios a la hora de publicaciones e interacciones, con lo que si aún no estabas en esta fase de analizar y adaptar, es importante que empieces y pulas porque sí tengo claro que a partir de ahora, va a cambiar. Lo que tendremos que terminar de ver si es a positivo o por contra, perjudica a los creativos que se manifiestan en ese espacio.

Pero eso ya lo analizaremos más adelante en una futura entrada.

Flores Sant Jordi

No atraigas obsesión

Hola gente chachi. En esta ocasión traigo un tema que me he estado debatiendo durante bastantes días si era correcto o no plasmarlo. Pues me consta que muchas personas que admiro son cercanas a esta filosofía de vida. E incluso algunas realizan cursos al respecto. También en cierta manera puede considerarse un elemento de crítica negativa y que por tanto, mi propósito para este año lo rompa. Así que tras esta lucha interna he decidido lanzarme y que sea lo que tenga que ser.

El origen

Y de lo que en esta ocasión voy a reflexionar es la capacidad de atracción. Pero para situarnos todos, os comentaré que el boom de esta manera de replantearse la vida llegó ya hace un tiempo. Alrededor de diez años es cuando por cierto libro mundialmente se empezó a escuchar la ley de la atracción. Algunos fieles a lo que contaba este libro, otros incluían matices.

En mi caso no he leído el libro y lo que me contaban no me cuadraba nada, así que pasé e ignoré. Pero sí os tengo que confesar que al final investigué algo cuando años después, me volví a topar con este planteamiento de éxito. Y es que si revisamos la biografía de Steve Jobs, veremos como esta persona llegó a ser un genio, un influenciador e incluso una figura de la historia gracias a seguir las doctrinas de atraer lo que la mente piensa.

Con él veremos que es una forma de aplicarlo de forma propia. E incluso con un matiz que como protección, cuando algo no le gustaba decidía asumir y actuar como si ese problema no existiera. De esta manera focalizaba todas sus fuerzas en vez de odiar, en crear y llevar a cabo lo que anhelaba.

Qué falla y lo que hace peligrosa esta forma de actuar

Antes que alguien salte, sí: a Steve Jobs esta forma de plantearse la vida al final le fue perjudicial. A nivel de empresa cosechó muchos éxitos y es cierto que consiguió poner a Apple en un nivel increíble. Pero a nivel personal y más en concreto de salud, aplicar este planteamiento hizo que nos dejara demasiado pronto.

Porque aunque muchos analizan tras leer la biografía que la enfermedad del cáncer no tuvo solución porque siguió pseudociencias, lo cierto es que también se cuenta y narra en ese libro que cuando se pone de verdad en manos de especialistas médicos, esta filosofía de atraer con la mente siguió.

En este libro no se narra con lo que aparto de su figura y comento a nivel general que observo en las personas que deciden actuar siguiendo con estas pautas. Y es lo que comento en el título: obsesión.

Y es de las peores y más insanas. Ya que hay un momento que cuando no consiguen lo que tanto han estado trabajando e intentando atraer como hacía Jobs, o siguiendo las pautas del célebre libro, el nivel de frustración es tan alto que te encuentras personas en situaciones muy límites a nivel psicológico.

Las cosas llegan cuando tocan

Pero lo más curioso es que como me dijo una persona que había querido aplicar esta fórmula: las cosas llegan cuando menos te las esperas y menos obsesión despiertan. Me comentó un deseo que tenía de siempre y fue de estos perfiles que cayeron muy hondo a nivel psicológico. Y lo divertido de la situación es que al final lo consiguió, pero cuando le daba absolutamente igual obtenerlo o no.

E incluso me matizó que lo que llegó no era lo que había anhelado desde siempre. Si no que tuvo sus matices. Es algo que me llamó la atención y decidí analizar en mi día a día. Y esto gentecilla, tengo que deciros que sí se cumple con una frecuencia que obliga a reflexionar.

Desde ese momento he visto como cuando tenía ganas de alguna experiencia, mejora u obtener alguna cosa a un nivel insano, el fracaso estaba casi asegurado. Y si a día de hoy os puedo decir que lo he obtenido, ha sido cuando ya no pensaba en ella.

Y es que las cosas solo llegan de una manera: viviendo y experimentando. Si te paras y no avanzas esperando que lleguen solas, es cuando tomamos el camino equivocado. Además añadiría una última cosa: es importante fluir y no idealizar o llenarlas de expectativas. Que como ya comenté en otra ocasión, es el otro talón de Aquiles que debemos lidiar e intentar suprimir en la medida que nos sea posible.

Sí, soy viejoven

Hola a toda la gente chachi que pase a revisar estas líneas. Deseo que la semana os esté yendo bien y os informo que la entrada en esta ocasión vuelve a tener un caliz personal. Y es que a finales de abril fue mi cumpleaños y en la publicación que preparé en Instagram, con algunas amigas salió el tema que me siento viejoven. Así que voy a divagar sobre esta cuestión más a fondo.

Sentirse fuera de tiempo

Sí, siempre que menciono este término lo hago porque me siento fuera del tiempo o como mínimo, de la sociedad. Observo que las etiquetas y las conductas que se establecen para mi franja de edad, no van conmigo. Y aunque por mi lado friki quizás algunos piensen que me debería identificar con las generaciones más jóvenes, lo cierto es que no es así. Me identifico más con la generación de mis padres e incluso en algunos factores, en las de mis abuelos.

Y es que aunque me veáis que soy tecnóloga, no lo soy al nivel que los últimos años (y más desde la llegada del 2020) nos han impuesto. Porque mi nivel de utilizar la tecnología es de cara a abrir puertas. A que mis materiales / proyectos tengan una visibilidad que de otra manera hubiera sido imposible. Ese aspecto es positivo y el que persigo.

Pero nunca he compartido utilizar la tecnología como fines de contacto social. Y no hablo de los tiempos modernos, si no que este rechazo es desde el principio que tuve acceso a internet. Siendo muy temprano pues he vivido la época de los módems que tardaban eternidades en conectar. Que una llamada telefónica a esa línea te hacía perder el acceso a ese mundo (acompañada de la bronca del momento a quién había osado descolgar el auricular). O lo que para mí era lo peor: tener que ir controlando los minutos que te conectabas para no sobrepasar el bono contratado.

Ya en ese momento, de las actividades más establecidas fueron los chats o mensajerías instantáneas cuando ya apareció MSN. Todas ellas ya me mostraron la toxicidad que se respira y el peligro que nos puede acechar con personas controladoras. Y es por este punto que a día de hoy rechazo todas las herramientas de mensajería privada que nos acompañan.

Pero ojo: no me malinterpretéis. Creo que son avances útiles y por ello algunas las tengo. Pero entiendo que deben ser utilizadas de una manera responsable y con fines concretos. Por ejemplo si se queda con alguien, o hay que informar algo rápido es correcto utilizar estos canales que, para algo existen.

Lo que no comparto es obligarnos a tener que estar las 24 horas disponibles y para cualquier cosa. Sí, soy más del encuentro cercano, con una taza de café o por estos tiempos, lo he substituido más por la llamada telefónica.

Hobbys de otra época

Otro elemento es que veo que me empieza a gustar más elementos de la nostalgia y no tanto los avances. Por ejemplo en las consolas observo que siento interés y que podría jugar a los títulos de SNES o Mega Drive. O para no ir tan atrás, esa época dorada de PS2 con Square-Enix que tanto me cautivó. Pero en cambio ninguna nueva generación de consolas me atrae y es tal el desasosiego, que debo confesar que estoy desconectada totalmente del sector gamer del presente.

Este es un ejemplo, pero podría enfocarlo a casi todo lo que le cautiva a mi generación y que se considera correcto, en mi caso no me atrae. Y este factor me hace también sentir que vivo fuera de tiempo. O al menos, siento que no conecto con la franja que me tocaría estar.

Sensación de haberlo vivido todo

Pero estos no son los aspectos que me hacen defender que soy una viejoven. El asunto que veo muy claro y que por ello al principio he comentado que me siento muy cercana a la vejez, es la sensación de paz, tranquilidad y que la vida no puede darme nuevos retos.

Ojo, no lo estoy diciendo a modo negativo o pesimista. Si no que es desde el lado positivo de analizar el camino andado, he podido observar que he vivido muchas cosas. En especial todas las que me hacía ilusión y por ello aunque es cierto que hay muchos elementos que no he experimentado, siento que si hoy fuera mi último día no tendría ningún malestar.

Y este hecho aunque parezca una tontería, es fundamental para esta sensación de “estar fuera de tiempo”. Porque en muchas ocasiones cuando hablo o reviso escritos de mi quinta, veo malestar, inquietud y luchas que no es mi realidad. Algunas ya las viví hace unos años y otras la verdad que he sido muy afortunada porque he tenido facilidades. También por este aspecto es por lo que me gusta quejarme poco y como os dije hace un tiempo, en este 2021 he decidido no realizar publicaciones negativas.

Falta alguna cosa que se ha quedado en el tintero. Pero como ya está plasmado los puntos que consideraba importante transmitir, ya toca ir cerrando y que esta viejoven deje de daros la lata.

A modo SPAM…

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En esta vida hay que ser impecable

Hola a todos y todas. Esta semana me apetece reflexionar sobre una cuestión que no suelo escuchar mucho, pero que sin embargo considero que es fundamental para que el ser humano se relacione correctamente entre sus iguales. E incluso creo que es lo que de verdad buscamos todos en nuestras acciones.

La toxicidad de la perfección

Y es que aunque solemos mencionar y perseguir la perfección, siento que confundimos términos. Más porque como ya he comentado en alguna ocasión por este humilde rinconcito cibernético: la perfección no existe. Siempre habrá algo que podamos mejorar o pulir. O el paso del tiempo y la adquisición de experiencia, nos demostrará que ciertas circunstancias podían haberse llevado de una manera muy distinta.

Es por lo tanto una meta imposible y peligrosa, ya que tal como se suele gestionar termina implementando conductas insanas. Y en algunos casos podemos decir que son tóxicas y destructivas. Por ello siempre digo que el enfoque a realizar es mostrar o implementar el mejor resultado que podamos ofrecer en ese momento. Para poder estar contentos con el trabajo realizado. Y no fustigarse con los errores o las partes que se nos hayan resistido en esa ocasión.

Ser impecable es una actitud

Pero… ¿hay otro enfoque más correcto? Pues yo creo que sí: el de la impecabilidad. Creo que este concepto es realmente lo que muchos aspiran cuando nos hablan y mencionan la perfección.

En este supuesto no se busca la excelencia ni poner el acento en los fallos. Si no que se intenta analizar y actuar sin competencia ni intereses partidistas. Y de esta manera, quedar contento con el resultado obtenido.

Es por ello que donde más utilizo este recurso es cuando finalizo alguna iniciativa. Es donde siempre hay fricción y tenemos riesgo de que emocionalmente aparezca una tormenta desagradable. Así que intento apartar en la medida de lo posible los reproches y actuar de la manera más neutra posible.

Y os confieso que es muy difícil. Somos emociones y la educación en la competencia y no permitir fallos, está demasiado instaurada en todos nosotros. Sí, no me salvo de ello. Incluso por este hecho, reconozco que cuando mejor puedo implementar la impecabilidad, aunque una parte de mi ser se siente satisfecho, hay otra (y que su presencia parece mayor) que muestra su malestar.

Pero la combato. Porque a largo plazo la paz que siento y el ahorrarme sofocos sí compensa. Y es que escoger el camino de ser impecable lo que obtienes es tranquilidad y bienestar.