Regalando se es más feliz

Muy buenas a todas y todos. En esta ocasión he tenido muy claro de qué os iba a hablar, pues a principios de mes me tocó preparar una sorpresa para una persona que aunque hace poco que ha llegado a mi vida, hemos conectado muy bien. En ese proceso he ido teniendo sensaciones y pensamientos que me apetecían compartir y aunque inicialmente lo pensé como publicación en Instagram, al final he decidido publicar la foto en ese espacio pero la reflexión más desarrollada en esta humilde bitácora.

Regalos. La base de la actividad social

Algo que me ha llamado siempre la atención es que solemos esperar o desear que las personas que apreciamos piensen en nosotros y que nos den sorpresas. Pero en mi caso esa situación suele ser incómoda cuando sucede. ¿Por qué?

Pues es algo muy simple: soy bastante reservada, últimamente los elementos materiales no me llenan y si además añadimos que soy de no esperar regalos si no que me compro mis cosas, termina siendo una situación complicada para mis allegados.

Pero lo que más me angustia es que como yo disfruto mucho montando las sorpresas, me da respeto que la reacción que tenga no sea todo lo eufórica que la persona está esperando.

La ilusión de preparar una sorpresa

Y es que montar algo para otra persona, da mucho subidón. A veces cuando es alguien que no se conoce y es un acto por puro compromiso que no sale del corazón, puede ser una tortura. Pero hoy no quiero enfocar mi reflexión a ese perfil, si no cuando realmente nace la necesidad de hacer que para alguien, sea un día especial.

En esos casos aunque haya poco material y quizás no se consiga la sorpresa perfecta, sí es posible que nos deje un buen sabor de boca. Primero porque tenemos la seguridad de haber dado el 100% de lo que teníamos a nuestra disposición. Y segundo porque quizás al ser la persona que menos se espera que tenga un detalle de este estilo, el sorprendido también se emocione. Haciendo que las dos partes queden satisfechas.

En esas situaciones, prepararlo todo es un gran subidón. Por un lado te hace estar atento a los pequeños avisos para saber qué puede ser el elemento correcto. Esto lo aliñamos a dejar la creatividad libre que haga su magia. Y por último está el elemento estrella: guardar y disimular para que cuando llegue el día, sea magnífico.

Cómo me fue

Y bien, os preguntaréis cómo terminó esta experiencia que ha inspirado este texto. Lo cierto es que quedé muy contenta porque pude llevarlo bien y a pesar de que junio no me ha dejado mucho tiempo, conseguí organizarme bien para sacar ratos y realizar esta sorpresa. Y el resultado fue el que esperaba.

Pero también ha tenido otro lado. Y es que mientras una servidora sí hizo este esfuerzo y puso todos los elementos que tenía a su disposición, he podido observa la otra cara de la moneda. Qué, ¿cuál es? Pues la de indiferencia. Sigo aún perpleja de como otras personas que han tenido más conexión y han compartido más con esa persona, han sido incapaces de preparar algo. Aunque fuera una simple tarjeta de agradecimiento.

Ya me veis esperando algún aviso en secreto de que se estuviera preparando alguna cosa para sumarme, pero al observar que pasaban los días y nadie daba señales de vida, fue cuando empecé a preparar mi plan final. Hasta el último momento no quise juzgar y dejé la puerta de que hubiera algún gesto, pero llegó el día señalado y confirmé que efectivamente todo el mundo pasó.

Han habido otros detalles feos como que otras personas también se despedían y en esos casos sí hubieron fiestas y regalos. Es por ello que las excusas que escuché que se le daban y el aplazamiento de “vienes otro día y te damos el detalle” a mí no me sirvieron. Porque era tan simple de organizar en una misma fiesta para todo el mundo y se queda bien. Y de esta manera se demuestra que no hay clasismo.

Pero sí, me centro y cierro el escrito con la reflexión final. Lo que me gustaría que inspire este texto es que dar una sorpresa a la gente que tenemos cerca no cuesta nada. Que lo importante es poner la ilusión y toda nuestra alma y con esto, se nota y seguro que conseguimos el objetivo de hacer una jornada o momento emotivo. Y que además son situaciones que deberíamos de fomentar pues considero que son los mejores momentos que se pueden vivir. Ayudando incluso sin saberlo a que alguien tenga el subidón emocional que necesitaba.

Y decidme, ¿qué hay mejor que conseguir este objetivo? Por mi parte os puedo decir que no hay nada mejor o al menos, es cuando más realizada me siento. Por ello, no va a ser la última sorpresa que realice.

4 comentarios en “Regalando se es más feliz

  1. “pues a principios de mes me tocó preparar una sorpresa para una persona que aunque hace poco que ha llegado a mi vida, hemos conectado muy bien”

    ¡Eh! ¿Y lo nuestro? ¿Y esas noches en barco sobre los lagos de Titán contemplando Saturno al anochecer? ¿Eh?

    Bueno hablando en serio, me alegro por ti y estoy de acuerdo; regalar es a la larga mucho más enriquecedor. Lástima que muchas veces el regalo y la intención queden en nada, pero al menos somos nosotros lo que lo hemos intentado. Un abrazo de oso Yogui.

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    • Es el riesgo cuando alguien no transmite nada y no sabes por donde tirar. Que te inspiras pensando en lo que te gustaría a ti y… suele fallar 🙈

      Aunque cuando juegas con el factor sorpresa se equilibra bastante bien. Normalmente cuando queda en nada es porque ha habido alguna señal que se preparaba algo, la persona empieza a pensar y dar por hecho aspectos… y ya sabes el resto como termina 👀

      Un abrazo fuerte y espero que por ahí vaya todo muy bien 😃

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  2. Tienes mucha razón en tus palabras. A mi me pasa lo mismo me gusta más hacer regalos que recibirlos. Cuando me regalan algo a veces me siento incomoda y tímida, a veces no sé ni como agradecerlos bien cómo si no me los mereciera. En cambio preparar yo el regalo es algo que me encanta pensar en los gustos de esa persona y encontrar algo original que le guste y luego envolver el regalo con un papel bonito y esperar a que llegué el día…. Los regalos que más me gusta preparar son los de porque si sin que sea un día o una ocasión especial.
    Soy tan tímida que a veces me da vergüenza incluso cuando que abran mi regalo en público pero creo que eso es también por tener baja la autoestima que me da miedo que el regalo no le guste, poco a poco lo voy superando.
    Me alegro de que disfrutaras preparando tu super sorpresa.

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    • Hey Sylvana!
      Primero de todo para que no se me olvide: gracias por este súper comentario 😄

      Estoy de acuerdo en que los regalos que no tienen “fecha especial”, son los mejores. Es más, te reconozco que los días señalados me gustan poco precisamente por notar / sentir que es compromiso. Y que puede ocurrir que en esas fechas no haya algo que de verdad valga la pena regalar. Pero unos meses después (y cuando no hay cercana la fecha “marcada”) sí veas el artículo perfecto para la persona.

      De ahí que lleve unos años en esta modalidad de sorpresas que estamos hablando 😜

      Un abrazo fuerte y deseo que la semana sea estupenda 😄

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