¿Te metes dónde no te llaman?

Hace unos días vi un mensaje privado que recibió un gran Hedwiniano y me quedé con las ganas de dar mi opinión. No lo hice porque el hilo había cogido una dinámica y tenía ciertas burlas que no me gustó. Además con eso que ya solo con reaccionar a una publicación tienes responsabilidades, una se lo piensa mucho. Así que realicé una publicación en mi página de Facebook y para que no se pierda, la quiero dejar en este blog.

En ese mensaje se le insultaba por haber participado en uno de los miles de debates que se crean en los grupos de Facebook. Nadie se lo planteó, pero a mí cuando me ha ocurrido siempre me ha hecho preguntarme: ¿me he metido donde no me llamaban? Y aunque al principio mi análisis era uno, en la actualidad tengo una visión muy diferente.

Y es que realmente cuando ocurren estos conflictos es porque hemos metido las narices donde no nos llamaban. Ya sea con buena intención como habrá sido el caso que me hace escribir estas líneas o si estamos delante de una persona con baja autoestima y aprovecha los grupos para soltar tochos para destacar. Aunque lo que suelte no tiene nada que ver con la publicación en cuestión, ella lo dice y se queda toda happy.

Durante los años que he participado en comunidades de loros, he aprendido que si alguien no pregunta, no comentes. Aunque veas algo incorrecto no lo aceptará, despertarás su emoción de Ira y muy posiblemente terminaras con un mensaje precioso y con el sofocón de turno.

Vivimos en un mundo de aparentar en redes para refugiarnos del sufrimiento que tenemos en nuestra vida, así que la gente no quiere correcciones ni que nadie le haga ver alguna carencia. Simplemente enseñan para demostrar que son los más molones o la pregunta realmente no es para salir de dudas, si no que buscan una justificación de que van a obrar correctamente y que no les pese su conciencia.

Es por eso que hace unos meses decidí salir de absolutamente todos los grupos de loros que pertenecía. Paso de ver publicaciones donde simplemente las respuestas aceptadas son “qué bonito”, “que suerte”, “lo que piensas es totalmente correcto” y el realizar debates no es aceptado.

Desde ese momento mi parcela es dejar que la gente haga y no opinar si no se me pide. Se podría decir que sigo la filosofía «el maestro aparece cuando el discípulo está preparado».

Hedwig con Anger

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